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El ministerio de la caridad y de la justicia y otros posibles perfiles, cristianos o no (y IV)

Otros perfiles próximos y valiosos pueden participar en el desarrollo del ministerio de la caridad y la justicia. En esta ocasión me detengo en tres: el 'cristiano anónimo', el seguidor de Cristo en la liturgia que descuida su 'carne' pero incorporado a una comunidad, y el seguidor de un Jesús 'con carne', pero sin comunidad

Comunidad

En anteriores aportaciones he recordado el núcleo cristológico y eclesial del ministerio de la caridad y de la justicia: seguimiento explícito de Jesús, reconocimiento de su «carne» en los pobres y pertenencia a una comunidad que discierne, reconoce y envía. E, igualmente, he recordado la existencia de “otros perfiles próximos y valiosos que pueden participar en su desarrollo. En esta ocasión me detengo en tres: el «cristiano anónimo» o «practicante» de la caridad y de la justicia; el seguidor de Cristo en la liturgia que descuida u olvida su «carne» pero incorporado a una comunidad o iglesia; y el seguidor de un Jesús «con carne», pero sin comunidad.

El perfil del "cristiano anónimo" o "practicante"

El primer perfil corresponde a quienes practican la caridad y la justicia sin referencia explícita a Jesús ni pertenencia formal a una comunidad cristiana, aunque su acción pueda estar en sintonía con las Bienaventuranzas y con la parábola del juicio final.

Es evidente -en sintonía con la aportación de K. Rahner- que puede ser tipificado como un “cristiano anónimo” o -a la luz de la identificación de Jesús con los pobres y de la parábola del juico final- como un “practicante” de la caridad y de la justicia. Es, de hecho, un seguidor del Nazareno, porque atiende a “su carne”. Es posible que, por ello, haya cristianos que también lo puedan percibir y acoger como seguidor “practicante”, de manera implícita, de Jesús. Y eso, a pesar de que no esté integrado en ninguna comunidad cristiana.

Cristianismo anónimo

Suele ser bastante frecuente que muchos -o algunos- de estos “cristianos anónimos” o “practicantes de la caridad y de la justicia” se sumen a los encuentros oracionales o de formación teológica sin plantear problemas de ninguna clase. Es más, no faltan las ocasiones en las que pueden llegar a mostrarse particularmente interesados.

No hay que descartar que, respetando siempre la libre autoidentificación de la persona en cuestión, quien así entiende y vive su compromiso en favor de la caridad y de la justicia, puede llegar a ser reconocida y tipificada -desde el punto de vista teológico y pastoral- como “cristiano anónimo” o “practicante de la caridad y de la justicia” por los compañeros y compañeras que explícitamente lo sean y, en el caso, de que desempeñe tal compromiso en una institución u organización eclesial dedicad a la caridad y a la justicia.

Su compromiso y presencia en cualquier programa de intervención eclesial podría ser parecido al que pudiera prestar en una ONG aconfesional o partidaria de una laicidad positiva, es decir, respetuosa con la pluralidad religiosa y de cosmovisiones.

Obviamente, es patente que no puede ser un ministro eclesial o servidor de la caridad y de la justicia, aunque puede colaborar como voluntario o voluntaria, siempre que respete la formación teológica y las celebraciones -sacramentales, piadosas o de otro tipo- de los seguidores de Jesús que puedan forman parte del equipo responsable de la caridad y de la justicia de toda comunidad cristiana o parroquia. E, igualmente es patente que puede ser un excelente profesional integrado, por ejemplo, en un modelo de Cáritas que sea profesional y, por ello, no ministerial, aunque sí de inspiración cristiana.

El perfil del seguidor de Jesús "sin carne", pero con comunidad

El segundo perfil es el de cristianos que siguen explícitamente a Jesús y pertenecen a una comunidad, pero reducen su seguimiento a la eucaristía, otras prácticas de piedad y algunas obras de caridad, sin integrar suficientemente la identificación de Jesús con los pobres ni la transformación de las causas de la injusticia.

Cuando este modo de entender la vida cristiana se consolida, el riesgo principal no es el abandono explícito de Jesús, sino la reducción de su seguimiento a una experiencia predominantemente cultual y devocional. La pertenencia eclesial permanece, pero la identificación del Nazareno con los pobres y la centralidad práctica de la justicia quedan insuficientemente integradas en la vida de fe.

Cristianismo sin carne

Por eso, el desafío que presenta la atención teológico-pastoral de personas con este perfil pasa por ayudarlas a articular la celebración, el programa evangélico y el encuentro con Cristo en los últimos de nuestro mundo. Solo así el seguimiento podrá desplegar toda su riqueza cristológica, espiritual y comunitaria.

En consecuencia, mientras permanezca esta comprensión parcial del seguimiento, tales personas podrán colaborar en el equipo responsable de la caridad y de la justicia e incluso desempeñar profesionalmente tareas en una Cáritas de inspiración cristiana; pero no parece adecuado reconocerlas como ministros eclesiales de la caridad y de la justicia, ya que este ministerio exige una articulación explícita entre Jesús, su “carne” y la comunidad que envía.

El perfil del seguidor de Jesús "con carne", pero sin comunidad

El tercer perfil es el del seguidor de Jesús comprometido con los pobres, pero sin pertenencia a una comunidad cristiana. Aunque su testimonio puede ser valioso, la falta de pertenencia comunitaria impide su reconocimiento y envío ministeriales: no puede representar a una comunidad cristiana ante las situaciones de injusticia ni llevar a la comunidad la voz de quienes las padecen. Tampoco puede ejercer este servicio en comunión con una comunidad que lo reconozca, elija y envíe para mantener viva la relación con Jesús, identificado con los pobres.

Conclusión

Reitero la importancia del acuerdo adoptado por la Conferencia Episcopal Española y la necesidad de desarrollarlo como una estrategia teológico-pastoral de caridad y justicia «con Jesús», «con carne» y «en comunidad».

La creación del ministerio de la caridad y de la justicia permitiría reconocer institucionalmente una dimensión constitutiva de la vida eclesial, hasta el presente, deficientemente conocida y por ello, no integrada de manera suficiente en la estructura pastoral ordinaria. Al mismo tiempo, ofrecería un marco adecuado para repensar la relación entre las comunidades cristianas y las actuales organizaciones de acción social, favoreciendo una colaboración más equilibrada y coherente con la identidad eclesial.

De la adecuada comprensión e implementación de este ministerio puede depender, en buena medida, la posibilidad de consolidar comunidades vivas, estables, corresponsables y con futuro.

Voluntariado

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