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No hay resignación que valga...

Desde el Foro KRISARE de Vitoria-Gasteiz creemos que ha llegado la hora de dejar atrás las tibiezas y convertir nuestras convicciones en compromiso activo

Noche de acampada en la Puerta del Sol, Madrid | Mercedes Ortuño/Efe

Hay momentos en los que la neutralidad deja de ser prudencia y se convierte en abandono. Guardar silencio ante la injusticia o refugiarse en una equidistancia cómoda termina favoreciendo a quienes ya tienen el poder. Vivimos uno de esos momentos. Desde el Foro KRISARE de Vitoria-Gasteiz creemos que ha llegado la hora de dejar atrás las tibiezas y convertir nuestras convicciones en compromiso activo.

Asistimos a la normalización de los discursos de odio, al cuestionamiento de derechos, al avance de propuestas autoritarias y a la aceptación resignada de que la desigualdad es inevitable. Se señala a las personas migrantes, se estigmatiza a quienes viven en los márgenes y se pretende convencernos de que los problemas colectivos tienen soluciones individuales. Mientras tanto, la vivienda se convierte en un bien inaccesible, la precariedad se extiende y los servicios públicos sufren decisiones que subordinan las necesidades humanas a los intereses del mercado.

Acampada en Sol | Efe/Rodrigo Jiménez

Ante esta realidad, no basta con lamentarse. Es tiempo de tomar partido por la vida digna, la justicia y el bien común. Es tiempo de una militancia cívica, social y ética que no se conforme con resistir, sino que aspire a transformar.

No hay neutralidad posible ante el sufrimiento

Desde una perspectiva cristiana, esta exigencia nace del corazón mismo del Evangelio: la dignidad de cada persona, la fraternidad, la justicia, la solidaridad y la atención preferente a quienes sufren la exclusión. Jesús no permaneció al margen de las heridas de su tiempo. Se acercó a las personas descartadas, cuestionó las hipocresías de los poderosos y puso la vida humana por delante de las convicciones que justificaban el sufrimiento.

Una fe que no se conmueve ante el hambre, que no se indigna ante la injusticia o que permanece muda cuando se deshumaniza al diferente, corre el riesgo de convertirse en un refugio confortable, pero vacío de consecuencias

Por eso, una fe que no se conmueve ante el hambre, que no se indigna ante la injusticia o que permanece muda cuando se deshumaniza al diferente, corre el riesgo de convertirse en un refugio confortable, pero vacío de consecuencias. La espiritualidad debería impulsarnos a implicarnos más profundamente en el mundo, en la sociedad, en los movimientos sociales.

No podemos invocar la fraternidad y aceptar que se construyan enemigos entre quienes comparten las mismas dificultades. No podemos hablar de amor al prójimo y tolerar que se niegue la humanidad de quienes llegan de otros países buscando seguridad y oportunidades. Frente al racismo, solidaridad; frente al machismo, igualdad; frente al fascismo y las tentaciones autoritarias, memoria democrática, organización ciudadana y defensa firme de las libertades.

La esperanza cristiana no consiste en esperar que las cosas cambien por sí solas. Consiste en trabajar para que cambien.

Los derechos no son mercancías

La vivienda es uno de los ejemplos más dolorosos. ¿Cómo aceptar que tener un techo dependa de competir en un mercado que expulsa a quienes menos tienen? El desahucio de Maricarmen en Madrid nos ha recordado, con toda su crudeza, que detrás de cada expediente hay una persona, una historia y una vida que merece ser protegida. También en Vitoria-Gasteiz hemos visto recientemente el desahucio de una familia con seis menores en el barrio de Sansomendi. Son situaciones que no pueden presentarse como inevitables ni como simples trámites administrativos.

Maricarmen, la anciana desahuciada que moriría días después en el hospital | EFE. Fernando Villar

La vivienda no es un activo financiero: es un derecho y una condición indispensable para la autonomía y la convivencia. Defenderla exige políticas públicas eficaces, límites a la especulación y una ciudadanía organizada capaz de exigir responsabilidades.

En este sentido, merece un reconocimiento especial la organización y la capacidad de protesta de muchos jóvenes que han acompañado estas situaciones y se han movilizado ante ellas. Han puesto su cuerpo para impedir desahucios y denunciar injusticias, incluso enfrentándose a la brutalidad policial. Su compromiso demuestra que la juventud no está resignada ni indiferente: participa, se organiza y defiende la dignidad de quienes sufren.

La misma defensa debe extenderse a las pensiones, la educación, la sanidad y los servicios públicos. No podemos enfrentar artificialmente a generaciones ni aceptar que la salud, el futuro o el bienestar dependan del tamaño de la cuenta bancaria. Una sociedad próspera es aquella que permite vivir con dignidad y no deja a nadie atrás.

Pensar juntos para no resignarnos

En este contexto, el Foro KRISARE propone espacios de reflexión para comprender el tiempo que vivimos y descubrir cómo actuar en él. Por eso hemos organizado, junto al espacio BATU de Berri Ona, una charla con Cristina Monge (politóloga y socióloga especializada en democracia, participación ciudadana, movimientos sociales y sostenibilidad), bajo el título «Democracia en tiempos de incertidumbre» que tendrá lugar el próximo 18 de noviembre en el Auditorio de la Fundación Laboral San Prudencio de Vitoria-Gasteiz.

¿Cómo sostener una democracia viva cuando crecen la desconfianza, la polarización, la desigualdad y los discursos autoritarios? ¿Cómo evitar que la incertidumbre se transforme en miedo y que el miedo alimente soluciones excluyentes?

La democracia no se agota en votar. Requiere ciudadanía activa, instituciones responsables, asociaciones fuertes y espacios donde las diferencias puedan expresarse sin convertir al adversario en enemigo. La reflexión debe traducirse en responsabilidad, organización y propuestas.

Cartel de la charla con Cristina Monge

Reconstruir lo común

Esta reflexión enlaza con nuestro próximo Foro KRISARE de Vitoria-Gasteiz, previsto para los días 12 y 13 de marzo, bajo el lema «Reconstruir lo común».

Lo común es la escuela pública, el centro de salud, las pensiones, la vivienda, el espacio público y la red vecinal que impide que alguien afronte en soledad una situación de necesidad. Es también la convicción de que nadie se salva definitivamente a costa de que otros queden abandonados.

Reconstruir lo común exige escuchar, tender puentes y recuperar la confianza. Pero no significa reconciliarse con la injusticia ni alcanzar acuerdos a cualquier precio. No se construye convivencia silenciando a las víctimas, relativizando los derechos humanos o aceptando que el más poderoso imponga las reglas. El diálogo necesita principios, y la fraternidad exige justicia.

Necesitamos comunidades donde la gente pueda organizarse, debatir, discrepar y cooperar. Las movilizaciones de jóvenes ante los desahucios de Maricarmen y de la familia de Sansomendi muestran que esa comunidad ya existe y que puede convertirse en una fuerza social capaz de defender los derechos y abrir nuevos caminos.

Que nuestra esperanza tenga consecuencias

Desde el Foro KRISARE queremos reivindicar una fe que no se desentiende de la historia, una democracia que no teme a la ciudadanía activa y una sociedad que no confunde el bienestar con el enriquecimiento de unos pocos.

Es hora de abandonar las tibiezas que paralizan. No para sustituir el diálogo por el enfrentamiento, sino para que el diálogo no sea una excusa para aplazar la justicia. No para alimentar nuevos odios, sino para impedir que el odio se convierta en una herramienta de poder.

Nuestra tarea es defender a quienes ven amenazados sus derechos, denunciar las injusticias, participar en las luchas sociales y exigir a las instituciones y a los poderes económicos que respondan ante la sociedad. La esperanza solo adquiere sentido cuando se convierte en compromiso.

En KRISARE creemos que reconstruir lo común empieza cuando nos preguntamos qué estamos dispuestos a hacer para que nadie quede atrás. NADIE…

Porque frente al odio, comunidad. Frente al privilegio, derechos. Frente a la resignación, participación. Y frente a quienes pretenden convencernos de que no hay alternativa, la determinación colectiva de construir una sociedad más justa, más fraterna y más humana.

Reconstruir lo común es defender la vida. Y defender la vida, hoy, exige tomar partido por la justicia.

Y para cerrar… desde aquí queremos aprovechar para expresar toda nuestra cercanía y solidaridad con las víctimas del accidente ferroviario de Toledo y sus familias, y exigir que se depuren responsabilidades para evitar que una tragedia así vuelva a repetirse.

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