Obispas, el enfrentamiento entre Canterbury y Roma
La histórica y teológicamente dramática confrontación entre Canterbury y Roma se remonta al 25 de marzo, cuando, por primera vez en más de mil años, una mujer fue entronizada al frente de la Comunión Anglicana
La histórica y teológicamente dramática confrontación entre Canterbury y Roma se remonta al 25 de marzo, cuando, por primera vez en más de mil años, una mujer fue entronizada al frente de la Comunión Anglicana, mientras que en Roma León XIV pospone para un futuro lejano la posibilidad de ordenar diaconisas. Decisiones antitéticas, ambas consideradas, por sus responsables, fundadas en el Evangelio.
Sarah Mullally —de 63 años, casada y madre de dos hijos—, ya consagrada obispa de Londres en 2018, fue elegida el pasado mes de octubre para el alto cargo; y el miércoles pasado, en una ceremonia solemní en la antigua catedral de Canterbury, fue entronizada como arzobispa de la ciudad y, como tal, primada suprema de la Comunión Anglicana, compuesta por 42 «provincias» (Iglesias nacionales) repartidas por todo el mundo; una veintena de las cuales, el 6 de marzo, en Abuja, Nigeria, al rechazar, en nombre del Evangelio, la posibilidad de que haya obispas, rompieron toda relación con la arzobispa. Y así han constituido una red anglicana «ortodoxa» —la Gafcon (Global Anglican Future Conference)— alternativa y opuesta a la antigua sede de la Iglesia Madre.
"La nueva arzobispa reiteró el 25 de marzo que «nada es imposible para Dios"
Ahora bien, en conjunto, ¿de qué lado se posicionará el anglicanismo, seguido en el mundo por 85 millones de fieles? Para comprender bien la extrema dureza de la disputa, hay que recordar que, en el mundo cristiano, la mayoría de las Iglesias, vinculadas de alguna manera a la Reforma, tienen en su cúpula a obispos y obispas. Una hipótesis totalmente ajena a la ortodoxia y a la Iglesia romana. Sin embargo, en algunas Iglesias ortodoxas se está empezando a ordenar a diaconisas; mientras que Roma, desde 1975 hasta hoy, ha rechazado a las mujeres en el presbiterado.
Tas tantos 'noes' vaticanos, pues, y tras la entronización de Mullally, el nudo vuelve a ser una pregunta crucial: ¿Pero realmente Jesús excluye a las mujeres de los ministerios 'superiores', es decir, el diaconado, el presbiterado y el episcopado?
Una vez cerrada la puerta a las mujeres sacerdotes, en el seno de la Iglesia católica se ha abierto el debate sobre la ordenación de diaconisas. Pero tanto Francisco como León han aplazado la respuesta a un futuro indefinido. Tras tantos «noes» vaticanos, pues, y tras la entronización de Mullally, el nudo vuelve a ser una pregunta crucial: «¿Pero realmente Jesús excluye a las mujeres de los ministerios “superiores”, es decir, el diaconado, el presbiterado y el episcopado?». Las Iglesias de Roma, Constantinopla y Moscú siguen insistiendo en un «No» rotundo. Los apóstoles —insisten— eran todos hombres
Canterbury, por su parte, señala que Cristo también confió a María Magdalenauna misión decisiva: «Ve a decir a mis hermanos que he resucitado». ¿Y entonces? Convencida de ello, la nueva arzobispa reiteró el 25 de marzo que «nada es imposible para Dios»: se refería al ángel que se le apareció a María para anunciarle que sería madre, sin haber conocido a ningún hombre.
Lo que se da por sentado: tras dos mil años, la Iglesia de Inglaterra, basándose en esas palabras, ha dado un paso que, para las Iglesias católica, ortodoxa y para los anglicanos de Abuja, es herético. Pero no es así para Sarah Mullally y para muchos anglicanos. Se desata, por tanto, entre las Iglesias, una batalla teológica muy encendida. Sería interesante que nuestras diócesis de Trento y Bolzano se reunieran, en sinodal, para dar su opinión sobre este tremendo dilema.
[L’Adige, Alto Adige, 30-3-2026]