Una oportunidad de auto reparación y una lección de humildad

Si este histórico acuerdo ha cristalizado, es por el trabajo tenaz de las propias víctimas, por el compromiso del Defensor del Pueblo y del gobierno de España, así como por el legado que nos dejó el Papa Francisco, que no pisó España, ahí lo dejó en un mensaje apto solo para navegantes, y que ha sido efectivamente recogido por León XIV

Las víctimas, con Bolaños
Las víctimas, con Bolaños | Raúl Salgado Muro/Pool Moncloa
Juan Cuatrecasas Asua portavoz de ANIR Asociación Nacional Infancia Robada y Justice Initiative España
15 ene 2026 - 12:03

No es curioso, sino ruidoso, una pataleta de cura afectado de patología católica, escuchar a personajes de sotana raída y crucifijo de cristal, escribiendo conclusiones sobre el reciente acuerdo Gobierno - Iglesia, con un argumentario tan pobre como dislocado. La ironía de ellos, en su refugio insociable de Añastro, se convierte en poco menos que tontería cuando, por ejemplo, leemos a Sanz, obispo crepuscular de Oviedo, o a Arguello, líder de la iglesia pucelana y también de la española, hablando de transparencia y luminosidad beatifica, de que ellos han encabezado la defensa de otras víctimas y supervivientes de otros ámbitos de la sociedad, cuando ni siquiera han sido capaces durante décadas de reconocer y reparar a sus propias víctimas y sus supervivientes, las de la Iglesia.

Es un hecho objetivo y perfectamente contrastable que si este histórico acuerdo ha cristalizado, es por el trabajo tenaz de las propias víctimas, por el compromiso del Defensor del Pueblo y del gobierno de España, así como por el legado que nos dejó el Papa Francisco, que no pisó España, ahí lo dejó en un mensaje apto solo para navegantes, y que ha sido efectivamente recogido por León XIV.

No entiendo que la iglesia de Añastro, su ejecutiva, que no solo no ha hecho lo que debía, sino que ha puesto palos en la rueda de multitud de víctimas que acudieron de buena fe al Plan Priva, saque pecho en clave delirio interesado. Durante muchas décadas de negacionismo, re victimizaciones e hipócritas liturgias carentes de lógica, contradicciones a tutiplén, no he visto más que a dos o tres sacerdotes denunciar publica y judicialmente casos de violencia sexual contra niños y niñas agredidos por sacerdotes y religiosos. No estaban, ni se les esperaba.

Una iglesia, algunos de cuyos curas y obispos, incluso cardenales y algún Papa, sabían lo que pasaba y callaban por mala fe y trasladaban de una plaza a otra al delincuente ensotanado. Cuesta entender que Arguello y compañía nos planten ahora el pendón de la moral, esa obligación moral que sacan a pasear más allá de los jardines de Añastro para intentar justificar su ya histórica desidia con la pederastia en sus filas. No mencionen más lo de la obligación moral, de moral ustedes no nos pueden dar lecciones. La omisión de socorro, el encubrimiento, incluso en muchos casos la complicidad, ha presidido la acción de una jerarquía eclesiástica, que cuando no ha sido cobarde, ha sido malévola, obstruccionista y lejana a los principios cristianos que dicen defender.

Deberían hablarnos de cuantas veces han dicho a sus víctimas y supervivientes que sus testimonios no resultaban creíbles, cuantas veces han pretendido lavar su sacrosanta imagen, ocultando, cuantas veces han esgrimido en la cara de sus víctimas comparecientes, el delito canónico de solicitaciones, según el que una violación de un cura a un menor o una menor, perpetrada delante del altísimo (textual) es más grave que otro cometido en una tienda de campaña en el monte o en un vestuario deportivo escolar. Cuantas veces han ofrecido indemnizaciones del Plan Priva, por debajo de treinta mil euros, cuantas veces han condenado de un modo firme, público, jurídico y sin justificación alguna, a sus delincuentes pederastas.

El acuerdo que el Gobierno y las recomendaciones del informe del Defensor del Pueblo, que se ha firmado, no es, desde luego el resultado de la actitud de la jerarquía eclesiástica española, sino de la Santa Sede, comprometida con que este acuerdo avance

Cuantas veces han acompañado a sus víctimas y supervivientes.

El acuerdo que el Gobierno y las recomendaciones del informe del Defensor del Pueblo, que se ha firmado, no es, desde luego el resultado de la actitud de la jerarquía eclesiástica española, sino de la Santa Sede, comprometida con que este acuerdo avance. Fue San Agustín quien aseveró : “La soberbia no es grandeza sino hinchazón y lo que está hinchado parece grande pero no está sano”.

La hinchazón de la mala fe, del miedo a las realidades ocultas y ocultadas, del terror a que como el Obispo de Cádiz, legendario negacionista, otros casos rompan el silencio y demuestren que hay más delitos en el interior del baúl. Sanz, Arguello, García Magan, Rouco, Iceta y demás episcŏpus, dejen de blasfemar, reconozcan y sumen sus energías de una vez, sin juegos de trilerismo y medias verdades, cuando no mentiras, a la luz, la verdad, el reconocimiento y la reparación. Ni por obligación moral ni por mensajes dominicos de Servais Th. Pinckaers o evangélicos recurrentes, sino por una cuestión de humanidad, derechos humanos y doctrina social de la Iglesia, porque seguir revolcándose en el barro intentado convertirlo en pan de ángel, es una demostración palpable de torpeza e iniquidad.

Ha llegado el momento de las víctimas y supervivientes y a ustedes les ocupa preocuparse de ellas, más allá de una rúbrica. Hasta ahora no lo han hecho, no como era pertinente. Porque pese a que ustedes pretendieron disfrazar deuda y obligación, de opción, en realidad olvidaron los votos que prometieron, con los que se comprometieron, delante del altísimo. En aras de la procacidad y la perfidia.

Juan Cuatrecasas y su hijo saludan a Pedro Sánchez
Juan Cuatrecasas y su hijo saludan a Pedro Sánchez | Pool Moncloa

Ahora que un presidente del gobierno de España ha recibido a un grupo de víctimas y supervivientes, en lo que es un hecho histórico de reconocimiento a la causa, un modo de reconocimiento que supone un semáforo en verde, que hasta ahora solo iluminaba en ámbar o rojo, ahora es cuando ustedes deben aceptar las reglas, caminar hacia delante, levantar sus alfombras y limpiar su mugre. Colaborar para lograr el objetivo común. Dejar su incapacidad comunicativa, también legendaria, a un lado y nadar a favor de corriente. Como dejó impreso Francis Bacon, padre del empirismo filosófico y científico, “Un hombre sabio se procurará más oportunidades de las que se le presentan”. Esta es desde luego una oportunidad, no solo para las víctimas y supervivientes, como clamó Luis Arguello, es una oportunidad de auto reparación y una lección de humildad, para ustedes mismos. Aunque tal vez aún no lo vean.

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