Lo que el Papa dice y hace ¿es política?
Hay al menos dos miradas que se convierten en críticas y doctrinas y que, según los intereses particulares, se han expuesto a lo largo del tiempo. Una, referida a si corresponde que la Iglesia aborde temas políticos y sociales aduciendo que su tarea es puramente espiritual. La segunda, interpretarlo sólo desde esquemas de centro, derecha o izquierda
Ocurre de manera permanente y desde hace mucho tiempo esto de interpretar, entender, direccionar, cuestionar, limitar y hasta absolutizar las expresiones de los Papas referidas a los temas que producen enfrentamientos entre las distintas facciones de poder.
Hay al menos dos miradas que se convierten en críticas y doctrinas y que, según los intereses particulares, se han expuesto a lo largo del tiempo. Una, referida a si corresponde que la Iglesia aborde temas políticos y sociales aduciendo que su tarea es puramente espiritual. La segunda, interpretarlo sólo desde esquemas de centro, derecha o izquierda.
Y tanto representa esto que hasta hay quienes intentan pasar por valientes al elevar sus críticas en contra de la Iglesia, aduciendo que el ateísmo no tiene por qué aceptar posturas religiosas.
También están los que la utilizan construyendo una especie de catolicismo fundamentalista con el que se intenta justificar, por ejemplo, el nefasto y execrable franquismo en España o los golpes militares, crímenes de lesa humanidad e impunidades no solamente en esta Argentina, sino en la geografía y en la historia de la humanidad.
La cuestión vino a cobrar fuerza con aquel atrevimiento del Papa León XIII en 1891 cuando publica Rerum Novarun, tan “osada e impertinente” que dio inicio a la serie específica de las llamadas encíclicas sociales de la Iglesia.
Desde allí, todos los Papas debieron afrontar la inclusión de las personas concretas y no solamente el respeto al ejercicio libre del culto, acentuando el valor de lo social como constitutivo de la paz, la igualdad y la armonía del mundo en medio de la lucha de poder alentando guerras, adicciones y demás hierbas.
Pablo VI, Juan Pablo II, Benedicto y desde Francisco haciendo del Evangelio –es decir desde Cristo- el centro del anuncio de una Iglesia que debe ser cada vez menos institucional para ser hospital de campaña, de puertas abiertas, comprometida con los más pobres, vulnerables y vulnerados para ser cristiana
Pablo VI, Juan Pablo II, Benedicto y desde Francisco haciendo del Evangelio –es decir desde Cristo- el centro del anuncio de una Iglesia que debe ser cada vez menos institucional para ser hospital de campaña, de puertas abiertas, comprometida con los más pobres, vulnerables y vulnerados para ser cristiana.
Sólo por mencionar algunos de los textos firmados por Francisco: Laudato Sii (2015), Fratelli Tutti y Querida Amazonia (2020), Evangelii Gaudium (2023) y Dilexit Nos (2024).
Inmediatamente su sucesor, el actual León XIV, publica, en base a apuntes de Francisco y con aportes propios de altísimo peso, Dilexi Te (2023).
Y es León precisamente el que deja más que claro lo que piensa la Iglesia y en lo que debe centrarse en estos tiempos de cambio de época: Magnifica Humanitas, firmada el 25 de mayo de 2026.
A la par de este proceso los Papas debieron acarrear como pudieron, supieron o les permitieron con la estructura rígida, dogmática y anticristiana de la mismísima curia vaticana y de no pocos movimientos, obispos y teólogos que prefieren el disfraz de postura a la escucha serena y cercana a la gente real sobre todo a la que sufre.
Estas líneas, escritas a un par de meses de que el Papa León nos visite, además de a Uruguay y su Perú amad, pretenden aclarar y aportar alguna perspectiva que pueda ser de ayuda para entender qué hace la Iglesia y los Papas cuando se meten en lo social, sencillamente porque es una dimensión de lo humano, la llamen o no a participar.
La derecha y la izquierda son estructuras que se solidificaron sobre todo con la revolución industrial donde ante el abuso de los poderosos, las organizaciones que nucleaban a los trabajadores, la gran mayoría esclavizados, reclaman derechos puramente humanos y de justicia, como descansos, jornadas controladas y salarios adecuados.
Antes de eso la llamada “izquierda” no existía, sí existían reyes, señores feudales, popes multimillonarios que hacían y deshacían a gusto con quienes sólo debían trabajar y agradecer tener trabajo, hundidos en la más grande miseria, ignorancia y deshumanización.
Luego, esos popes ultra poderosos agregaron un eslabón más: pagar miserablemente a quienes los hacían cada vez más millonarios de manera injusta con bonos o dinero para que puedan gastarlo en lo que ellos mismos fabricaban y que se convertía en “bienes de progreso”.
A eso reacciona la Rerum Novarum. A resaltar, destacar, defender y exigir derechos para todos, porque el mundo no se divide entre ricos y pobres aunque hasta hoy mismo nos quieran hacer creer.
La Iglesia nunca estuvo en contra de los ricos. Lo que cuestiona es que si para que algunos puedan ser cada vez más millonarios otros deben perder la dignidad, algo está mal.
La Iglesia –parte de ella se ha servido y se sirve de ser amigos del poder y de quienes tienen el dinero- se sabe destinada y misionada a defender a los más pobres, a los abusados.
Y es allí donde se fomenta la equivocación: La Iglesia no hace política partidaria aunque los que se sienten cuestionadas quieran hacernos creer eso. La Iglesia hace política, es decir, aporta principios y valores que permitan negociar la dignidad de todos, absolutamente todos.
Esa es la política que Aristóteles entendía como organización para que todos se desarrollen en la polis (sociedad) y que Francisco define como “la forma más elevada de la caridad”.
Interpretar lo que la Iglesia dice sólo desde los esquemas modernistas de política partidaria es, para los comunicadores, caer en una trampa de ignorancia supina y renunciar a pensar.
Y para los poderosos que quieren siempre más, es mala saña; pésima intención; maledicencia sin ética; entraña corrompida.
Es decir: sí. La Iglesia y los Papas hacen política y deben hacerla. También todos quienes cultiven el humanismo sano, sea o no religioso.
Lo hizo Cristo según cuentan los Evangelios en tiempos donde la democracia no existía y donde había que tener valor para decir y hacer.
Exigir límites a gobernantes tiranos y asesinos aunque hayan ganado democráticamente no es ser antidemocrático. Es exigir justicia social, única forma con sentido de la Justicia
A propósito: cuidar la democracia no es respetar al ganador de las elecciones si esa fuerza denosta, miente, traiciona los principios humanos que propone, negocia para bien de unos pocos, vende la identidad y utiliza la impunidad y la desvergüenza como método. Porque él mismo no la está respetando aunque haya llegado al poder con sus métodos.
Exigir límites a gobernantes tiranos y asesinos aunque hayan ganado democráticamente no es ser antidemocrático. Es exigir justicia social, única forma con sentido de la Justicia.
La democracia nunca podrá contradecirse avalando su propia destrucción.
Tampoco la Iglesia, cuyo único sentido es anunciar la vida y la esperanza sobre todo a los más pobres y esclavizados. Con la palabra y sobre todo con los hechos