Alberto Roselli: "Al Papa le espera la lucha por la igualdad uruguaya, la dualidad apasionada de Argentina y la ternura del Perú"
León en Sudamérica (I)
"Y con seguridad encontrará el modo en todas ellas de decir, mostrar y anunciar el mensaje de la dignidad y el amor que enseña Jesucristo, poniendo la persona en el centro"
La confirmación de que el Papa León XIV visitará Uruguay, Argentina y Perú trajo verdadero alivio y terminó de parir la alegría enorme que se vive por estos horizontes del sur continental.
El tiempo que transcurrió entre aquel Ángelus del 11 de noviembre donde León anunció la cirugía de pulmón que resultó en tumor canceroso, y la confirmación del viaje tal y como estaba diagramado, el 25 del mismo mes, la ansiedad se adueñó de todos, pero en especial de quienes participan de la organización y coordinación del viaje en ciernes.
Catorce días tensionantes donde, y por puro pánico, la pregunta principal no era acerca de la salud de Prevost sino: “¿Y... el Papa viene o no viene?”.
Gajes del oficio que le dicen.
Por eso debe priorizarse el sentido del humor antes que algún tipo de siempre desubicada y moralista indignación.
La cuestión es que el Papa León concretará su viaje pastoral a Uruguay, Argentina y Perú, tal lo anunciado, entre el 6 y el 17 de noviembre.
Preparando este acontecimiento que siempre es de interés mundial por tratarse de quien se trata y que cobra matices especiales según el destino anunciado, es que esbozaremos aquí un panorama general de la realidad que lo espera.
Uruguay es un hermosísimo país de algo más de tres millones y medio de habitantes que ofrece una cultura y una identidad muy especiales surgidas de la lucha durante generaciones por los ideales de igualdad y equilibrio. Un espíritu innato para defender luchando. Admirable.
Entre las consecuencias es posible encontrar un ambiente laicista, en general ateo, y a la vez unas convicciones humanistas expresadas en la fe cristiana normalmente encarnada en salir al encuentro de los más necesitados. Claro, siempre con ese espíritu de lucha magnífico que muestra vastamente su encanto por ejemplo en su grandiosa música de alma africana y decir charrúa.
Argentina acusa unos cuarenta millones de habitantes, la mayoría descendientes de inmigrantes ya en la cuarta y quinta generación, de cultura evolucionada científica y religiosa aunque contradictoria.
Sangre de inmigrantes que reniega de los inmigrantes; cultura del trabajo que no siempre respeta los derechos de los trabajadores; aspiraciones de europeos que pisan plena pampa; y siempre una disposición innata e inmediata por hacerse cargo de los dolores y las necesidades que conmueven.
La dualidad se vive apasionadamente. Como apasionadamente se vive la fe.
E igual de apasionantes son sus paisajes, tan diversos y tan distantes; igual que sus culturas regionales, sus rasgos fisonómicos, su música, geografía e idiosincrasia.
A tal punto que por las Europas suelen definirnos como “italianos que hablan castellano”.
Perú, con sus 36 millones de habitantes, es la niña de los ojos del Papa en este viaje. Es el lugar de sus amores, de sus aprendizajes, de sus iniciativas, creatividad y madurez humana vivida en clave religiosa, dicho en el más humano de los sentidos.
Este país hermoso tiene tanto de llano como de montaña, de selva como de desierto, de negro como de indígena, de criollo como de europeo.
Bello. Bellísimo, en su gente y en su ser y estar.
A la vez que ofrece la belleza colonial de Lima, deslumbra el abrazo de la amazonia inabarcable, inacabable e indómita.
Quizás la palabra para definir al país del Papa sea ternura. La que amansa a pesar de las contradicciones sociales y los enfrentamientos ideológicos.
A estas realidades llegará el Papa León.
Y con seguridad encontrará el modo en todas ellas de decir, mostrar y anunciar el mensaje de la dignidad y el amor que enseña Jesucristo, poniendo la persona en el centro.
Para destacar, las expresiones del Papa cuando se confirmó este viaje son magníficas y aportan una perlita imperdible que sería bueno resaltar.
El textual de León fue: “Me llena de alegría regresar al continente en el que he vivido tantos momentos de mi vida. Que este viaje sea una ocasión para abrir nuestros corazones los unos a los otros, fortalecer nuestra comunión como hermanos y hermanas y renovar nuestro compromiso de anunciar el Evangelio con alegría”.
¿Se dieron cuenta? Comienza y termina con la misma palabra: alegría.
Todo un mensaje en sí mismo a la hora de esperar.