El Papa en Perú, Uruguay y Argentina: Confirmar la Iglesia que renovó Francisco
"El Papa que viene no es sólo un Papa que viene … Es el sucesor de y con quien comparte convicciones cristianas … Viene a confirmar, si, concretamente el magisterio de Francisco y con todas las letras"
La tan esperada confirmación de la visita del Papa León XIV a Perú, Uruguay y Argentina entre el 6 y el 17 de noviembre próximo, fue anunciada por el Vaticano precisamente en el día de la Dedicación de la Basílica de Santa María la Mayor.
Es allí donde descansa el Papa Francisco por propia elección y donde periódicamente León acude para arrodillarse ante esa tumba que en medio de la sencillez y desnudez, provoca devoción, emociones y certezas de que estamos ante un santo.
Es una clara señal de cariño del cielo, entiendo, que el anuncio haya tomado forma oficial en este día y enmarcado en un pontífice nacido en Estados Unidos, formado en el espíritu de San Agustín, y esculpido como persona y hombre de Iglesia en la profundidad de la América Latina más concreta, dolorosa y bella.
En Perú celebran con una frase tan contundente como emocionante: “¡Vuelve a casa!”.
Será precisamente a su patria peruana donde León, en el cierre de su viaje apostólico, dedicará la mayor cantidad de días de esta visita, entre el 11 y el 17 de noviembre.
Es posible imaginar su alegría y emoción por pisar esa tierra, disfrutar de su geografía y sobre todo por mirar, sonreír y abrazar a esos sus hermanos que lo formaron como pastor y servidor.
Hoy le toca hacerlo como sucesor de San Pedro.
Deja claro cada día que así lo entiende: el ejercicio de su servicio donde toque.
La visita se iniciará en Uruguay donde visitará tres ciudades muy significativas y lugares icónicos como el Santuario de la Virgen de los Treinta y tres y continuará por Argentina, que lo espera en Buenos Aires, Córdoba y el Santuario de la Patrona en Luján.
Estamos todos muy contentos.
También, sin ingenuidad, esperando lecturas del acontecimiento más artificiosamente políticas-partidarias que pretenderán encasillar a quien ha dejado claro cuál es el camino de la Iglesia en estos nuevos tiempos: trabajar por la paz, animar el diálogo, escucharnos, buscar caminos comunes, pero que incluyan a todos, todos todos; en especial a los postergados y víctimas de sistemas puramente economicistas y fundamentalistas.
La pregunta central quizás pueda ser: ¿Qué significa la visita de León XIV?
El riesgo vano es quedarnos en lo simbólico, lo anecdótico, de lo que representa que una figura de injerencia mundial llegue a un país.
León es continuidad constructiva y en crecimiento del magisterio de su antecesor. De esto no debería haber dudas. Se ve de lejos.
Los pobres y vulnerados en el centro, Cristo como ejemplo y horizonte y una Iglesia sin poses que sea clara a la hora de decir y hacer en favor de los que el Evangelio prioriza.
El Papa que viene no es sólo un Papa que viene.
Es el sucesor de y con quien comparte convicciones cristianas; convencido en su fe y en sus obras de que el camino es la justicia social, la caridad, hablar claro y sobre todo el poner las manos en la masa.
Pretender que esto pase desapercibido será un esfuerzo muy grande de quienes intentarán esconder con dinero y poder espurio su significado real.
La visita de León no es sólo la de un peregrino de la paz, el de un teórico que confirmara en la fe. Es la visita de quien viene a confirmar, si, concretamente el magisterio de Francisco y con todas las letras.
Los gobernantes deberán tomar nota, los legisladores de obedientes brazos levantados también, los gremios que deben defender a los trabajadores deben estar en esa lista.
Pero también nosotros, las personas que nos llamamos de Iglesia: desde los laicos hasta los mismísimos obispos, pasando por todos los consagrados.
El don es la presencia de León. La tarea, vencer el reflejo de odio manipulado y miserable como argumento para avalar posturas y actitudes destructivas de la dignidad de todo ser humano.
Otra pregunta que me hago y comparto: ¿Estoy dispuesto a que esta visita provoque convertir mis estructuras de prejuicio y conveniencias personales en favor de lo que confieso creer: Jesucristo entre los más pobres y despreciados?
Con la sola oración no alcanza. Nunca alcanza aunque pretendamos que sea un refugio.
Si la oración no nos saca a la calle para tocar la carne de Cristo que sufre, no le estamos rezando al verdadero Dios.
Aprovechemos esta oportunidad. Seamos humanos.