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Luis Ángel Rodríguez Patiño, a Sanz: "Llamar 'invasores' a los migrantes es incompatible con el Evangelio"

Luis Ángel Rodríguez Patiño, cura párroco de Xestoso (Monfero), Cambás (Aranga), Momán (Xermade) y Labrada (Guitiriz), expresa públicamente su profunda protesta y desacuerdo con las palabras del arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes, sobre la situación migratoria en Ceuta

Menores marroquies esperan a ser registrados en una comisaría de Ceuta | Gabriela Sarda Nuñez/Europa Press vía Getty

Como sacerdote de la Iglesia católica, no puedo permanecer en silencio ante determinadas expresiones de la carta semanal del arzobispo, especialmente cuando califica de “jóvenes invasores” a las personas migrantes.

Comprendo que la situación de Ceuta tenga una dimensión geopolítica y que España deba garantizar la seguridad y sus fronteras. También considero legítimo denunciar la instrumentalización política de la migración, las mafias o cualquier actuación de los gobiernos que utilice el sufrimiento de las personas.

Pero una cosa es analizar esos problemas y otra muy distinta deshumanizar a quienes llegan a nuestras fronteras.

Como sacerdote, me pregunto: ¿podemos llamar “invasores” a personas que el propio Evangelio nos manda reconocer como hermanos?

Jesús no dejó lugar a dudas:

“Fui forastero y me acogisteis” (Mt 25,35).

Y añadió:

“Cada vez que lo hicisteis con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis” (Mt 25,40).

"Fui forastero…"

Por eso considero que utilizar el término “invasores” desde la responsabilidad pastoral de un obispo resulta profundamente contradictorio con el espíritu del Evangelio, que coloca en el centro la dignidad de cada ser humano, especialmente de quienes sufren, huyen del hambre, de la guerra, de la persecución o de la pobreza.

Podemos defender las fronteras.

Podemos exigir seguridad.

Podemos denunciar a los gobiernos y a las mafias.

Pero no podemos convertir a las víctimas en el enemigo.

Y mucho menos hacerlo desde la Iglesia.

Las palabras de un obispo tienen una enorme responsabilidad porque pueden ayudar a construir fraternidad o alimentar miedo y rechazo.

Por eso mi protesta es firme, aunque respetuosa:

Las fronteras pueden ser necesarias para los Estados; la fraternidad no puede tener fronteras para los cristianos.

Cuando la lógica de la seguridad y la geopolítica entra en conflicto con la dignidad humana, la Iglesia debe recordar siempre dónde está Jesucristo: al lado del pobre, del extranjero, del perseguido y del que llama a nuestra puerta.

Jesús

Como sacerdote, no puedo aceptar que llamemos “invasor” a quien, antes que nada, es una persona y nuestro hermano.

No podemos poner fronteras al Evangelio.

*Cura párroco de Xestoso (Monfero), Cambás (Aranga), Momán (Xermade) y Labrada (Guitiriz)

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