Hazte socio/a
Última hora:
El exvicario general de Zamora, encausado en La Rota

Los peregrinos de la Eucaristía: una realidad eclesial que merece ser conocida

A petición de nuestro obispo, monseñor Juan Carlos Elizalde, las Peregrinas de la Eucaristía asumieron el cuidado del santuario el 1 de mayo de 2023. Aquella llegada permitió abrir una nueva etapa en la vida de Estíbaliz

Religiosas en Estíbaliz | Diócesis de Vitoria

En los últimos días, algunas informaciones publicadas en los medios de comunicación han suscitado preguntas sobre la identidad y la situación canónica de los Peregrinos y Peregrinas de la Eucaristía, especialmente de las hermanas que atienden el Santuario de Nuestra Señora de Estíbaliz. Como vicario episcopal para la Vida Consagrada de la Diócesis de Vitoria y responsable de acompañar de cerca su proceso eclesial, considero oportuno compartir algunas reflexiones que ayuden a conocer mejor esta realidad.

Agradezco el interés de los medios por la vida de nuestra Iglesia y comprendo la importancia de ofrecer una información precisa, también cuando se trata de cuestiones jurídicas. Precisamente por ello, creo que merece la pena presentar la historia de esta asociación, su naturaleza canónica, el camino que está recorriendo y los frutos de su presencia en nuestra diócesis.

Una historia de vocación y servicio

Los Peregrinos de la Eucaristía nacieron en Colombia el 12 de octubre de 2005, fruto de una experiencia espiritual y misionera iniciada años antes por sus fundadores, el padre Francesco María de la Santísima Trinidad y la madre Amada Clara de los Sagrados Corazones de Jesús y María. Desde sus comienzos, su espiritualidad ha estado marcada por la centralidad de la Eucaristía, la devoción a la Virgen María, la oración y la disponibilidad para servir.

Su carisma se expresa en una fórmula que resume bien su ideal: «Vivir la existencia eucarística de nuestro Señor Jesucristo en alegre expropiación y gratuidad». Con ello desean expresar una vida de entrega para los demás, inspirada en Cristo.

A lo largo de estos veinte años, su trayectoria ha estado acompañada por distintos obispos y autoridades eclesiásticas. En 2006 recibieron un primer reconocimiento canónico en la diócesis de Florida, en Uruguay. En 2007 fueron erigidos como asociación pública de fieles, y el 7 de julio de 2013 el arzobispo de Pamplona y Tudela, monseñor Francisco Pérez, aprobó sus estatutos y erigió la asociación pública de fieles en aquella archidiócesis.

Su presencia se fue extendiendo a otras Iglesias particulares de América y Europa, desarrollando servicios de evangelización, atención parroquial, formación y oración. Por tanto, estamos ante una realidad eclesial con una historia, unos estatutos aprobados y un camino de acompañamiento por parte de la Iglesia.

Estíbaliz: una nueva etapa de esperanza

Para nuestra diócesis, la llegada de los Peregrinos y Peregrinas de la Eucaristía ha tenido una significación especial.

En 2022, después de 99 años de presencia, los monjes benedictinos tuvieron que dejar el Santuario de Estíbaliz. Su aportación a la historia espiritual, cultural y humana de Álava permanece en nuestra memoria agradecida. Su marcha planteó, sin embargo, una pregunta importante: ¿quién podría continuar cuidando este lugar tan querido por los alaveses?

En 2022, después de 99 años de presencia, los monjes benedictinos tuvieron que dejar el Santuario de Estíbaliz. Su aportación a la historia espiritual, cultural y humana de Álava permanece en nuestra memoria agradecida. Su marcha planteó, sin embargo, una pregunta importante: ¿quién podría continuar cuidando este lugar tan querido por los alaveses?

A petición de nuestro obispo, monseñor Juan Carlos Elizalde, las Peregrinas de la Eucaristía asumieron el cuidado del santuario el 1 de mayo de 2023. Aquella llegada permitió abrir una nueva etapa en la vida de Estíbaliz.

Desde entonces, junto con la Cofradía de Nuestra Señora de Estíbaliz y tantas personas que colaboran con este lugar, las hermanas han contribuido a recuperar su vitalidad espiritual y pastoral. Se ha fortalecido la vida de oración y la acogida de peregrinos, se han organizado celebraciones, retiros y actividades para familias y jóvenes, y se ha recuperado la actividad de espacios de encuentro como la cafetería Amaren Etxea y el restaurante del Santuario.

El Jubileo celebrado con ocasión del centenario de la coronación canónica de la Virgen de Estíbaliz, y posteriormente el Jubileo de la Esperanza de 2025, han sido ocasiones privilegiadas para comprobar esta vitalidad. Estíbaliz sigue siendo un lugar de encuentro con Dios, de acogida y de esperanza para nuestro pueblo.

El propio obispo ha expresado públicamente su agradecimiento a las hermanas por su entrega y ha reconocido que su presencia está revitalizando la vida de Estíbaliz.

También los hermanos Peregrinos han asumido responsabilidades pastorales en nuestra diócesis. Desde junio de 2023 atienden la parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles de Vitoria-Gasteiz, a la que se suma su servicio en otras comunidades parroquiales.

Todo ello constituye una aportación concreta a nuestra vida eclesial, que merece ser conocida y justamente valorada.

Juan Carlos Elizalde, obispo de Vitoria

La formación teológica, una prioridad para todos

Otro aspecto que merece ser destacado es la importancia que los Peregrinos y Peregrinas conceden a la formación teológica y humana de sus miembros. En nuestra diócesis, las hermanas en formación cursan estudios en la Facultad de Teología de Vitoria, a la que también acuden los hermanos que se preparan para el sacerdocio. Los programas formativos incluyen Sagrada Escritura, Filosofía, Teología, doctrina de la Iglesia y conocimiento de la vida consagrada, junto con la formación humana y el estudio de su propio carisma. Además, ambas ramas contemplan una formación permanente en Biblia, Liturgia y Teología. Este esfuerzo formativo, que se desarrolla en colaboración con instituciones académicas de la Iglesia, expresa su voluntad de unir la entrega generosa con una preparación sólida, que favorezca la madurez personal, la comunión eclesial y un mejor servicio pastoral.

Los Peregrinos y Peregrinas de la Eucaristía son consagrados y consagradas

Una de las cuestiones que han suscitado más comentarios es si los Peregrinos y Peregrinas de la Eucaristía pueden ser considerados consagrados y consagradas. La respuesta exige distinguir entre la consagración personal que viven sus miembros y el estado canónico de vida consagrada, que la Iglesia reconoce mediante formas jurídicas determinadas. Confundir ambos planos lleva a interpretar incorrectamente la etapa de discernimiento eclesial que está recorriendo esta comunidad.

Actualmente, los Peregrinos y Peregrinas de la Eucaristía constituyen una asociación pública de fieles legítimamente erigida por la autoridad eclesiástica, con estatutos aprobados y sede principal en la Diócesis de Vitoria, bajo el cuidado y la vigilancia de nuestro obispo

Actualmente, los Peregrinos y Peregrinas de la Eucaristía constituyen una asociación pública de fieles legítimamente erigida por la autoridad eclesiástica, con estatutos aprobados y sede principal en la Diócesis de Vitoria, bajo el cuidado y la vigilancia de nuestro obispo. Se trata de una figura plenamente reconocida por el Código de Derecho Canónico (cf. cc. 301-320), que adquiere personalidad jurídica pública mediante el correspondiente decreto de erección (cf. c. 313).

Esta forma de reconocimiento tiene una importancia particular cuando la asociación nace con la aspiración de convertirse, en el futuro, en un instituto de vida consagrada. En efecto, la praxis de la Iglesia contempla que el primer reconocimiento formal de un nuevo carisma de vida consagrada se realice habitualmente bajo la forma de asociación pública de fieles. Su finalidad específica imprime a esta asociación unas características propias, pues durante esta etapa sus miembros van configurando progresivamente su vida espiritual, comunitaria y apostólica conforme al carisma recibido, mientras la autoridad eclesiástica discierne su autenticidad y sus posibilidades de desarrollo.

La propia legislación de la Iglesia reconoce expresamente esta realidad. La constitución apostólica Praedicate Evangelium, en su artículo 127, establece que la competencia del Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica se extiende también a las asociaciones de fieles erigidas con miras a convertirse en institutos de vida consagrada o sociedades de vida apostólica. Por tanto, estamos ante un itinerario eclesial previsto y acompañado por la Iglesia, que requiere tiempo, formación, discernimiento y una progresiva consolidación de la comunidad.

Desde esta perspectiva se comprende también la forma de vida de los Peregrinos y Peregrinas. Sus miembros viven comunitariamente y asumen los consejos evangélicos de castidad, pobreza y obediencia mediante votos privados. En este sentido, son hombres y mujeres consagrados a Dios: han entregado su vida al Señor y han asumido compromisos efectivos que expresan esa entrega. Ahora bien, esa consagración personal, plenamente significativa en el plano espiritual, no se identifica con la profesión religiosa pública ni les confiere la condición jurídica de miembros de un instituto de vida consagrada (cf. cc. 573 § 2, 654 y 1192 § 1). La distinción es importante: el carácter privado de los votos no priva de valor a la entrega realizada, pero tampoco permite afirmar que la asociación ya haya sido erigida como instituto de vida consagrada. La vida conforme a los consejos evangélicos forma parte, precisamente, del proceso mediante el cual una comunidad va madurando su identidad y preparándose para un posible reconocimiento posterior como instituto de vida consagrada.

Algo semejante sucede con el uso del hábito. En las comunidades que aspiran a convertirse en institutos religiosos, la vestimenta propia puede expresar exteriormente su identidad carismática y su compromiso de vida. Esta práctica cuenta con numerosos precedentes en la historia de la Iglesia, pues distintas comunidades vivieron los consejos evangélicos, profesaron votos y utilizaron hábito antes de alcanzar su reconocimiento canónico definitivo como institutos religiosos. En el caso de los Peregrinos y Peregrinas de la Eucaristía, el uso de su vestimenta es conocido y permitido por la autoridad diocesana y constituye un signo de su identidad comunitaria, sin que por ello se les atribuya una condición canónica que todavía no poseen.

Por esta razón, conviene utilizar con precisión las denominaciones correspondientes. Actualmente resulta adecuado hablar de «hermanos Peregrinos» y «hermanas Peregrinas de la Eucaristía», aunque en el lenguaje cotidiano se utilicen en ocasiones expresiones como frailes o monjas. Su condición jurídica actual es la de miembros de una asociación pública de fieles que aspira a convertirse en un instituto de vida consagrada.

Frente a quienes afirman que los Peregrinos y Peregrinas están engañando a los fieles, es necesario hablar con claridad. No hay engaño alguno en su forma de vida: pertenecen a una asociación pública reconocida por la Iglesia, sus miembros han consagrado su vida a Dios mediante votos privados y su manera de vestir es conocida y permitida por la autoridad diocesana. El hecho de que todavía no constituyan un instituto de vida consagrada no hace ficticia su entrega ni convierte su identidad en una impostura. Quienes, conociendo estos hechos y la distinción canónica que hemos explicado, persisten en presentarles deliberadamente como impostores, actúan de mala fe, porque atribuyen una intención de engañar que no se desprende de la realidad. La precisión jurídica es necesaria, pero debe ir acompañada de verdad, justicia y respeto por las personas.

La Iglesia, como recuerda la carta Iuvenescit Ecclesia (nn. 17-18), pide que estas nuevas realidades sean acogidas con benevolencia y acompañadas mediante un discernimiento serio, atento a su fidelidad doctrinal, su comunión eclesial y los frutos espirituales y apostólicos que producen. Este reconocimiento inicial no anticipa necesariamente la aprobación definitiva como instituto de vida consagrada, pero permite que el carisma siga madurando bajo la responsabilidad de la autoridad eclesiástica.

Así debe entenderse la situación actual de los Peregrinos y Peregrinas de la Eucaristía: una realidad eclesial legítimamente reconocida, que desarrolla su vida y su misión en comunión con la Iglesia mientras continúa el proceso de discernimiento y maduración de su carisma.

Un proceso acompañado por la diócesis y por la Santa Sede

Precisamente porque valoramos esta realidad eclesial y deseamos que crezca de manera sólida, la Diócesis de Vitoria está realizando un trabajo de acompañamiento y discernimiento.

En este camino se sitúa la visita canónica que nuestro obispo ha dispuesto y que comenzó oficialmente en abril de 2025. Como vicario episcopal para la Vida Consagrada, he recibido el encargo de colaborar directamente en su realización.

Conviene explicar qué significa una visita canónica. Es un instrumento ordinario de la vida de la Iglesia para conocer, acompañar, orientar y ayudar a las comunidades. Permite escuchar a sus miembros, examinar la vida espiritual y fraterna, valorar la formación, el gobierno y la administración, reconocer lo que se está haciendo bien y señalar aquellos aspectos que puedan necesitar mejoras.

La visita canónica es, por tanto, una expresión de la responsabilidad pastoral de la Iglesia. Queremos que los dones que surgen en ella puedan desarrollarse con fidelidad al Evangelio, madurez humana, comunión eclesial y garantías adecuadas para todos sus miembros.

Durante la Asamblea General que los Peregrinos celebraron en Estíbaliz en abril y mayo de 2025, en la que participamos el obispo y yo mismo, se trabajaron cuestiones importantes relacionadas con su vida comunitaria, los procesos formativos, el discernimiento vocacional y la organización interna.

Este acompañamiento se ha mantenido también en relación con la Santa Sede. En marzo de 2025, nuestro obispo presentó al Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica la situación y el proceso que estaba desarrollando la asociación.

Posteriormente, en noviembre de 2025, tuvimos ocasión de abordar este proceso en Roma con el Dicasterio competente y con la Prefecta, Sor Simona Brambilla. Una de las orientaciones importantes fue continuar trabajando en la elaboración de unas Constituciones que expresen adecuadamente su carisma y establezcan con claridad los elementos fundamentales de su identidad, formación, vida fraterna y gobierno.

Este trabajo forma parte de un camino de discernimiento todavía abierto, cuyo desarrollo corresponde acompañar a la autoridad eclesiástica y cuya culminación no debemos anticipar.

Acompañar los carismas, cuidar la comunión

La Iglesia ha conocido a lo largo de su historia el nacimiento de muchas comunidades y familias espirituales. Algunas han llegado a convertirse en institutos religiosos; otras han encontrado su lugar en formas diferentes de asociación y compromiso cristiano.

Cada carisma requiere tiempo, discernimiento, formación y acompañamiento. Así lo recuerda el canon 605 del Código de Derecho Canónico cuando encomienda a los obispos discernir los nuevos dones de vida consagrada y ayudar a quienes los promueven a formularlos y tutelarlos adecuadamente.

Esta es nuestra responsabilidad- Acompañar significa también escuchar, corregir cuando sea necesario, cuidar a las personas y garantizar que todo se desarrolle conforme a la vida y a las normas de la Iglesia.

En este contexto, deseo expresar mi reconocimiento a los Peregrinos y Peregrinas de la Eucaristía por su disponibilidad, su servicio y su deseo de vivir el Evangelio. Como toda comunidad humana y eclesial, tienen retos por delante y aspectos en los que seguir creciendo. Para eso cuentan con el acompañamiento de la Iglesia.

Me gustaría que, al hablar de ellos, no perdiéramos de vista lo esencial: las personas que dedican su vida a la oración, los hermanos que sirven en nuestras parroquias, las hermanas que reciben cada día a quienes llegan a Estíbaliz, los jóvenes que encuentran en su testimonio una pregunta sobre la propia vocación y los muchos fieles que se benefician de su presencia.

La precisión jurídica es necesaria, también lo son el reconocimiento, la gratitud y una mirada pastoral capaz de apreciar los frutos de una vida entregada.

Como vicario episcopal para la Vida Consagrada, seguiré acompañando este camino con cercanía, responsabilidad y confianza en la acción del Espíritu Santo. Deseo que los Peregrinos y Peregrinas continúen creciendo en fidelidad a su carisma y en comunión con la Iglesia, para que su presencia siga siendo fecunda allí donde están llamados a servir.

Que Santa María de Estíbaliz, tan querida por todos los alaveses, nos ayude a valorar los dones que el Señor concede a nuestra Iglesia y a caminar juntos con verdad, caridad y esperanza.

También te puede interesar

Lo último