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Prólogo para 'El viejo artesano' de José Chamorro

José Chamorro

Cuando se escribe un prólogo para un libro se hace un intento por extraer la esencia de la obra y ofrecérsela al lector como el que ofrece una flor del campo antes de invitarte a pasar a la pradera.

José Chamorro dice en estas páginas, «Siempre que extraemos lo esencial estamos alimentando el alma». Así pues, de algún modo, he estado alimentando mi alma mientras leía El viejo artesano, y creo que también lo harás tú a partir del momento en que dejes atrás mis palabras introductorias. Alimentarás tu alma de forma intangible, con el amable toque de las imágenes que Jose ha plasmado en estas páginas.

A lo largo del libro se hace evidente que las enseñanzas del viejo artesano nacen del silencio –silencio del que habla en repetidas ocasiones a lo largo de las breves historias y anécdotas que tienen lugar entre el artesano y su joven amigo. Pero ese silencio no es el silencio de la soledad que posa su grávida mano sobre el hombro de tantas personas en la oscuridad de sus días. El silencio del que habla Jose, y del cual se alimenta la sabiduría del viejo artesano, es el silencio de la Tierra, el silencio de la naturaleza, olvidada por los seres humanos en el delirio de las ciudades y, quizás por ello, perdidos en los espejismos de una civilización agonizante.

Libro de José Chamorro

Es de este silencio y de la sabiduría que de él emerge desde donde Jose nos ofrece un camino para reinventarnos y, con ello, reconstruir el mundo que nos rodea, tanto el mundo social como el natural. Es desde ahí desde donde tenemos que redescubrir esa Verdad que está más allá de las pequeñas verdades… antes de que fake news y mentiras –vistas desde la necia posverdad como «mi verdad alternativa»– nos terminen de llevar al desastre sin darnos la opción de reconstruir, sobre el fundamento rocoso de lo esencial, nuestras sociedades y la misma Tierra.

Y lo esencial podría resumirse en una frase que deja caer el autor como espíritu que acaba de nacer… que «Somos almas vestidas de tierra». O quizás habría que escribir «Tierra», con mayúscula, para darnos cuenta de que somos Tierra, Tierra que respira y se estremece, Tierra que sueña, suspira y anhela, Tierra que ama, que cuida, que acaricia y entrega la propia vida por los seres que la rodean…

Pero todos estos sentimientos, ideas e intuiciones vitales sólo pueden surgir, como digo, del silencio de las montañas y los bosques, y del silencio que capta el espíritu por detrás del rumor de los ríos y del viento. Es el silencio del Alma del Mundo, sólo perceptible en la soledad de quien eligió la inmersión profunda en la naturaleza.

De todo esto, y mucho más, nos habla este magnífico libro, un libro para el autoconocimiento o, mejor aún, el autodescubrimiento, pues es muy posible que lo que el lector encuentre dentro de sí mismo a través de estas páginas le resulte extraordinario y sorprendente.

Pero, para eso, tendremos que dejarnos llevar por los ciclos estacionales –ciclos en espiral, resalta el autor, que nunca se repiten, aunque se asemejen– y tendremos que absorber cada instante de nuestra existencia, pues este libro es un manual del instante, de esos momentos fugaces que pasan desapercibidos para cualquiera de nosotros la mayor parte del tiempo y que, sin embargo, son los que nos transmiten el gozo de vivir.

José Chamorro

Así, El viejo artesano es un monográfico en ficción para aprender a caminar por la vida con paso leve, para aprender a respirar la vida … y no cometer demasiados errores. Por ello, al final de cada historia y de cada reflexión, una pregunta nos remite a nuestra propia experiencia de la existencia, para que la observemos, para que nada nos pase desapercibido a la conciencia… para hacer conciencia y despertar.

Abre tu corazón, lector, para dar la bienvenida a El viejo artesano.

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