León XIV, hoy su primera encíclica
(Luigi Sandri /L’Adige-Alto Adige).- «Magnifica humanitas»: estas son las palabras en latín con las que se inicia la primera encíclica de León XIV, que el propio pontífice, asistido por algunos cardenales, presentará hoy oficialmente en el Vaticano. Quienes estén interesados en ella encontrarán mañana un amplio resumen en todos los periódicos; aquí no podemos adelantar nada, salvo que también tratará sobre la inteligencia artificial. Nos parece interesante, sin embargo, ofrecer algunas pinceladas sobre la historia general de las encíclicas.
En la Antigüedad, eran cartas «circulares» destinadas a Iglesias particulares, y enviadas no necesariamente desde Roma. Luego se perdió esa costumbre, y los sumos pontífices encontraron otras formas de dar a conocer su pensamiento sobre cuestiones dogmáticas o pastorales específicas. En la modernidad fue el papa boloñés Benedicto XIV, en 1740, quien dio nueva actualidad y significado a ese nombre. Y desde entonces todos sus sucesores, pocos meses después de su elección, enviaron a todos los obispos una «encíclica» propia, seguida, a lo largo de los años, de otras. Por norma general, esos textos están escritos en latín y destinados al episcopado mundial. Pero hubo excepciones, en particular en el siglo XX: Pío XI, por ejemplo, escribió en 1937 «Mit brennender Sorge» (Con viva preocupación): una encíclica, en alemán, sobre Alemania, para protestar contra las limitaciones que Adolf Hitler imponía a las actividades católicas en ese país.
Si bien se ha perdido el recuerdo de varias encíclicas, de otras, en cambio, hay un eco que sigue resonando, debido a la importancia permanente de las afirmaciones de ese documento concreto. Así, ahora, la primera encíclica de Robert Francis Prevost llevará la fecha del 15 de mayo: de hecho, en ese día, pero del año 1891, León XIII firmó su encíclica «Rerum novarum», dedicada a la cuestión obrera. Esta abordó ese tema de manera que despertara la necesidad, para la Iglesia romana, de mantener viva la reflexión sobre el trabajo humano y sobre los derechos y deberes de empresarios y obreros, a fin de resolver con justicia sus relaciones. Así como aquel pontífice supo ver, en su momento, un tema de tremenda actualidad, así ahora León XIV aborda la inteligencia artificial, para señalar puntos de referencia con el fin de gestionar un descubrimiento que, con todos sus beneficios, podría acarrear también graves peligros, si no se utiliza con sabiduría.
En la segunda mitad del siglo XX, dos encíclicas, sobre todo, suscitaron vivas reacciones dentro de la Iglesia romana y en el mundo laico. En abril de 1963, Juan XXIII publicó la «Pacem in terris», dedicada a la paz; esta favoreció un inicio de distensión en las relaciones entre la Santa Sede y la Unión Soviética. Y, cinco años después, Pablo VI, en julio de 1968, publicó la «Humanae vitae», sobre la paternidad responsable, que prohibía, desde el punto de vista moral, la píldora anticonceptiva. Una parte de los católicos y de la opinión pública acogió con benevolencia ese texto, pero, para muchísimos «laicos» y muchos católicos (teólogos, padres), el «no» del pontífice se consideró, en cambio, totalmente inoportuno.