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En defensa de Torres Queiruga

Ante la situación actual, radicalidad espiritual

Es necesario reaccionar ante los acontecimientos mundiales que afectan a la humanidad entera. No faltan voces que piden respuestas eficaces que alientan en muchas mentes y corazones la esperanza de un mundo nuevo

Juan José Tamayo

Un proceso al parecer imparable nos encamina hacia un mundo tripolar. Las potencias mejor armadas (USA, China, Rusia) están generando una confrontación de consecuencias imprevisibles para la humanidad actual y su futuro. La carrera hacia el dominio geopolítico del mundo en lugar de buscar la solidaridad que supere las graves desigualdades injustas, las mayores de la historia, provocadas por un invasor capitalismo, está acrecentándolas. Nos encontramos, en consecuencia, sumergidos en una espiral irrefrenable donde quien demuestre mayores capacidades estratégicas armamentísticas y, por tanto, de destrucción, logrará la primacía y dominio mundiales.

En un contexto de dominación y dependencia

Las provocativas acciones de Donald Trump que pretende a toda costa hacer de su país el primero en la hegemonía política y económica mundial donde ‘America firts’ es su lema y objetivo que implica su liderazgo en una humanidad sometida al dictamen de una ideología de la dominación, dependencia y sumisión. Por otra parte, China y Rusia, con sus propios métodos y con sus respectivos aliados, van penetrando en países de otros continentes como América del Sur y África, para implantar sus intereses políticos, geoestratégicos y económicos.

Ursula von der Leyen

En este contexto la Unión Europea ha pasado a ser un conjunto potencial de segundo orden que para tomar decisiones de alcance debe mirar a USA asumiendo una dependencia cada vez mayor de la hegemonía americana que con sus aranceles, entre otros medios, puede hacer tambalear su economía. 

Esta confrontación ideológica, política y militar, implica un poder tecnológico de dimensiones y posibilidades incalculables, especialmente con el desarrollo de la Inteligencia Artificial (IA) donde China y USA compiten con avances espectaculares por medios de sus respectivas corporaciones y empresas informáticas.

Pero, sobre todo es particularmente alarmante la carrera armamentística que sigue un proceso desbocado de inversiones económicas (el gasto de este pasado año se calcula en más 2’7 billones de dólares) y ha desarrollado un potencial destructivo capaz de aniquilar toda la humanidad.

Las recientes actuaciones de Trump en Venezuela, sus intenciones anexionistas de Groenlandia, sus amenazas a Cuba, Colombia, Irán, su apoyo a Israel en su política genocida de Gaza son demostraciones de su pretendido liderazgo mundial. Su estrategia responde a sus aspiraciones supremacistas y dominadoras para hacer grande a América según la ideología de la denominada MAGA (make America great again / hagamos grande América otra vez).

Donald Trump

Por su parte y como fuerza de oposición, Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, organizadas en el llamado (BRICS+), están expandiendo una alianza político-económica, competitiva contra el poderío americano con objetivos económicos, comerciales, políticos y culturales.

En definitiva se está construyendo un mundo basado en la confrontación económica y política y en la oposición de bloques apoyada en última instancia en su capacidad armamentística y poder económico.

Una necesaria y urgente reacción 

Esta situación ha hecho afirmar en una reciente entrevista al reconocido analista político sociólogo y filósofo, Edgar Morin: "No sabemos si la situación mundial es sólo desesperante o verdaderamente desesperada. Eso significa que debemos, con o sin esperanza, pasar a la resistencia". Y ante las amenazas y actuaciones de Trump, la escritora estadounidense Siri Hustvedt denuncia “un nuevo tipo de fascismo que afecta al mundo entero” (El País, 11de enero). 

Diversas personas del continente americano (Adofo Esquivel, Oscar Andrade, Gustavo Preto, Boaventura do Santos, entre otros) afirman en un manifiesto que lo ocurrido el 3 de enero en Venezuela, con el secuestro de su presidente, “no es una excepción sino un ensayo general… una demostración obscena de impunidad ante cualquier ley y una confirmación de la actual “palestinización del mundo”…. Frente a esta escalada, la respuesta de buena parte de la comunidad internacional ha sido el silencio, la ambigüedad, la tibieza diplomática y la ausencia de medidas concretas. Un lenguaje que no busca detener la violencia, sino administrarla”.

Maduro, capturado

Ante esta coyuntura mundial que nos afecta como personas, pueblos y continentes, es decir, a la humanidad entera en la actualidad y en su futuro, es necesario reaccionar. Lo subrayan y urgen las personas citadas y es una convicción cada día más extendida. De diferentes formas y con acento distintos no faltan voces, en efecto, que piden respuestas eficaces. Siempre las ha habido en las diversas coyunturas históricas, aunque muchas han sido acalladas o marginadas, pero otras siguen vivas y alentando en muchas mentes y corazones la esperanza de un mundo nuevo. 

Incluso desde las tecnologías más avanzadas, en especial en la Inteligencia Artificial, se especula y hasta llegan a preverse posibilidades y realidades de una ‘transhumanidad’ y ‘poshumanidad’ que resuelvan los problemas que hoy nos acosan y realicen una vida feliz en una humanidad diferente que una Inteligencia Artificial General (IAG) podrá diseñar superando las mismas capacidades humanas en la longevidad hasta otro estado de vida, en un progreso científico que se autoconsidera ilimitado. Ya la posmodernidad propuso y sigue prometiendo nuevas libertades y formas de relación y bienestar. El llamado ‘American way of life’ propone una libertad individualista, con una movilidad social sin freno y con la perspectiva del "sueño americano" de prosperidad a través del trabajo duro, el optimismo, el consumo y la innovación, promoviendo una vida activa, autosuficiente y basada en el logro personal. Pero los resultados negativos de esta ideología y proyectos son evidentes en la misma sociedad americana actual, marcada por la desigualdad social y la represión migratoria.

Por supuesto hay quienes ven únicamente en la seguridad que ofrecen el armamentismo y un orden basado en la dependencia y sumisión las formas políticas que garantizan el bienestar en la sociedad de la oferta y demanda que el capitalismo impone. En consecuencia todo lo que sirva para aumentar esos dos pilares de la sociedad deberá ser promovido política y estratégicamente. Es el camino que programan y realizan las potencias dominantes actuales y que han hecho de la tierra un campo de batalla donde solo el que luche con las mejores armas, en más extensos territorios y desde una hegemonía dominante logrará estabilidad, seguridad y paz: las suyas, claro. 

Pero no es el camino. El papa León XIV, en la línea de su antecesor Francisco, lo está denunciando permanentemente y los resultados a los que hemos llegado lo avalan. La carrera armamentística nos sume en un caos de temor, inseguridad e injusticia y nos ata en relaciones de dependencia del más fuerte; en definitiva en un nuevo fascismo.

León XIV | @Vatican Media

La solución no puede provenir, por tanto, de los mismos métodos y con los medios que están provocando la crisis general actual.

Respuesta desde nuestra raíz espiritual humana

En la entrevista citada, Edgar Morin se refiere y apela a lo que llama ‘humanismo regenerado’ que es sentimiento de comunidad y solidaridad humanas y conciencia de formar parte de esa aventura de la vida desconocida e increíble, con el deseo de que continúe hacia una metamorfosis de la que surja un nuevo devenir. 

Este anhelo brota de lo más profundo del ser humano y de su evolución desde la experiencia ancestral de los pueblos donde late un espíritu que es el manantial de la vida, su origen fontal. Nos alienta, motiva y empuja a una superación permanente y alimenta la indestructible esperanza de que podemos caminar por otros caminos; busca nuevas formas de vida y convivencia en un progreso auténticamente humano

En definitiva, la respuesta integral, convincente y eficaz ante las prepotentes amenazas y contra los sistemas impositivos políticos (neofascismos, dictaduras), económicos (capitalismos), culturales (colonización), patriarcales, que pretenden desviar a las personas, que rechazan todo diálogo e imponen la escucha sumisa y son, por tanto, un atentado contra lo más íntimo del ser humano, de su libertad y de su espiritualidad, está precisamente en esta cualidad humana profunda que nos hace personas en relación viva hasta en las situaciones más adversas e inhumanas como lo muestra, por ejemplo, la experiencia espiritual de Etty Hillesum, Simone Weil… Se caracteriza por la hondura interior, relacional, abierta y dialogante que abraza toda la realidad y nos hace sentirnos un red holística donde todos dependemos de todos. Nos conduce, por tanto, a construir proyectos axiológicos colectivos donde, en última instancia, los valores y su pluralidad giran en torno al amor que todo lo atrae en una misteriosa gravedad vitalizadora.

Esta espiritualidad es radical porque brota de la raíz de la vida, nos abre a los demás, nos hace conscientes de la alteridad, nos conduce a la intercomunicación, al diálogo, al encuentro con el otro que hace posible la auténtica inteligencia, como indica el ingeniero y filósofo Jean-Pierre Dupuy. El diálogo mismo es ya espiritual porque lleva a la persona a trascenderse a sí misma para entrar en contacto y relación con lo que le rodea, a sentirse dentro del horizonte del ‘todo’, a abrirse, a interrelacionarse, a reconocer radicalmente la alteridad a tejer conexiones liberadoras de amor con el mundo, como insiste Hannah Arendt, donde lo humano adquiere su sentido.

Sin duda esta radicalidad espiritual es liberadora y política, afirma José Arregi, transformadora contra toda situación de opresión y dominación. Se opone directa y subversivamente a las potencias que hoy pretenden dominar el mundo y las personas. Lo hace desde una convicción indestructible, resiliente, en la búsqueda que brota desde la raíz mas honda del ser humano, de tomar conciencia del misterio que nos constituye, como expone la catedrática de física en Oxford, Sonia Contera.

El teólogo Juan José Tamayo | Agencia Flama

En definitiva, esta radicalidad espiritual, está la clave de una respuesta con esperanza eficaz a la situación crítica y urgente en que nos encontramos, a las grietas de la humanidad y que resulta imprescindible ante las amenazas de poderes imperialistas, dominantes, impositivos. Es el camino necesario hacia la paz que deseamos y queremos construir para habitar y cuidar juntos el mundo, la tierra que nos cuida. 

Desde una perspectiva creyente, esta espiritualidad se concreta en un ‘cristianismo radical’, tal como lo propone y desarrolla Juan José Tamayo con precisión teológica y claridad profética, responde a las necesidades y desafíos del mundo actual, siguiendo la línea de la Constitución Pastoral de Vaticano II y, en definitiva, al evangelio de quien vino a anunciar y poner en práctica la libertad de los oprimidos y el año de gracia del Señor (Lc 4,18) construyendo caminos de justicia y de paz.

      

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