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“Una vía para la paz: Relaciones justas entre naciones, según la Comunidad Ahmadía”

"La humanidad debe cambiar de rumbo. Es necesario abandonar los intereses egoístas y adoptar principios de justicia verdadera"

Conferencia de Qamal

Recientemente se celebró en Madrid la conferencia titulada “Una vía para la paz: Relaciones justas entre naciones” promovida por la Comunidad Musulmana Ahmadía en España.  

Esta conferencia puso el foco en uno de los mayores desafíos de la humanidad contemporánea: la consecución de una paz duradera y universal. Desde el inicio, el conferenciante, Qamar Fazal, estableció una idea fundamental que recorre toda la exposición: la paz y la justicia son inseparables. No puede existir una sin la otra, y cualquier intento de construir la paz ignorando la justicia está condenado al fracaso.

El Jalifa

En primer lugar, se describió el contexto global actual como profundamente preocupante. A pesar de los avances tecnológicos y del progreso material, el mundo se encuentra sumido en un creciente desorden, tanto a nivel interno en los países como en las relaciones internacionales. Las tensiones políticas, los conflictos armados, las desigualdades económicas y la desconfianza entre naciones evidencian que la paz está lejos de alcanzarse. Este panorama contradice las declaraciones oficiales de muchos gobiernos, que afirman trabajar por la paz mientras, en la práctica, actúan en función de intereses propios.

La exposición destacó que esta contradicción se debe a la falta de justicia real. Aunque se promulgan leyes y se firman tratados, estos no se respetan cuando entran en conflicto con los intereses de los más poderosos. Se mencionó como ejemplo el desprecio creciente hacia el derecho internacional por parte de ciertas potencias, lo que debilita el sistema global y genera inestabilidad. Cuando las normas no se aplican de manera equitativa, la confianza desaparece y el conflicto se vuelve inevitable.

A continuación, se analizaron los intentos históricos de establecer la paz mundial. Tras la Primera Guerra Mundial, se creó la Liga de las Naciones con la intención de evitar nuevos conflictos. Sin embargo, sus deficiencias estructurales, especialmente la falta de equidad y de compromiso por parte de las potencias, provocaron su fracaso y contribuyeron indirectamente al estallido de la Segunda Guerra Mundial. Posteriormente, las Naciones Unidas surgieron con un propósito similar, pero también han mostrado limitaciones significativas. Las desigualdades internas, como la existencia de miembros permanentes con poder de veto, han generado frustración y han impedido una aplicación justa de las normas.

Desde la perspectiva islámica, la conferencia propuso un enfoque alternativo basado en principios divinos. Se afirma que el conocimiento humano es limitado y puede verse afectado por intereses, prejuicios y errores de juicio. En cambio, la ley divina es perfecta y está libre de intereses personales. Por ello, el Islam ofrece un marco ético sólido para establecer la justicia y, en consecuencia, la paz.

COnferencia de Qamal

Uno de los principios fundamentales del Islam es la igualdad absoluta de todos los seres humanos. El Sagrado Corán enseña que las diferencias de nacionalidad, raza o cultura no implican superioridad alguna. Este principio se refuerza con las enseñanzas del Profeta del Islam, quien declaró que ningún grupo es superior a otro. La aplicación de este principio en las relaciones internacionales eliminaría muchas de las tensiones actuales basadas en la discriminación y el dominio.

Otro aspecto esencial es la imparcialidad en la justicia. El Islam exige que la verdad se mantenga incluso cuando va en contra de los propios intereses. Esto implica que las naciones deben actuar con honestidad y equidad, sin favorecerse a sí mismas en detrimento de otras. Sin embargo, la realidad actual muestra que muchas decisiones políticas y judiciales están influenciadas por el poder económico y las presiones externas.

La conferencia también abordó el papel de los sistemas legales y judiciales. Se sañaló que, en muchos casos, la justicia no prevalece porque los más poderosos pueden influir en los resultados. Esto socava la confianza en las instituciones y contribuye a la perpetuación de la injusticia. Además, se mencionan casos en los que jueces y abogados han sufrido represalias por intentar actuar con integridad, lo que pone de manifiesto la gravedad del problema.

En el ámbito económico, se criticó la explotación de los países en desarrollo por parte de las naciones más ricas. Bajo el pretexto de ayuda o cooperación, se establecen acuerdos que benefician principalmente a los países desarrollados, dejando a los más pobres en una situación de dependencia. Esta dinámica genera frustración, desigualdad y, en muchos casos, conflictos internos que pueden derivar en violencia y extremismo.

El Islam propone un modelo diferente basado en la cooperación sincera y desinteresada. Las naciones deben ayudarse mutuamente sin buscar beneficios ocultos ni imponer condiciones injustas. Esta ayuda debe centrarse en el desarrollo real de los pueblos, respetando su dignidad y promoviendo la autosuficiencia.

Otro punto clave que se trató es la condena de la codicia y la envidia. La conferencia señaló que muchos conflictos surgen del deseo de controlar los recursos de otros países. El Islam enseña que cada nación debe respetar los recursos de las demás y evitar cualquier forma de apropiación injusta. Este principio es fundamental para prevenir conflictos y fomentar relaciones pacíficas.

Qamal y un sacerdote católico

En cuanto a la resolución de conflictos, se expresó que las naciones tienen la responsabilidad de actuar como mediadoras imparciales. Cuando surge una disputa, deben esforzarse por reconciliar a las partes de manera justa. Si una de las partes incumple los acuerdos, la comunidad internacional debe intervenir para restaurar la justicia, pero siempre dentro de los límites de la equidad y evitando la venganza.

La conferencia también advirtió sobre los peligros actuales. El aumento de las tensiones internacionales, la formación de bloques políticos y la carrera armamentística apuntan hacia un futuro incierto. Se menciona la posibilidad de una guerra mundial con consecuencias devastadoras, especialmente debido al poder destructivo de las armas modernas.

Ante esta situación, el mensaje fue claro: la humanidad debe cambiar de rumbo. Es necesario abandonar los intereses egoístas y adoptar principios de justicia verdadera. Esto requiere un cambio profundo en la mentalidad de los líderes y de las sociedades, así como un compromiso sincero con la equidad y el respeto mutuo.

Finalmente, la conferencia concluyó con una llamada a la reflexión y a la acción. Se instó a reconocer los peligros actuales y a trabajar colectivamente por un mundo más justo. Solo mediante la aplicación de principios de justicia absoluta será posible establecer una paz duradera y garantizar un futuro seguro para las generaciones venideras.

En síntesis, el mensaje central es que la paz no es simplemente la ausencia de guerra, sino el resultado de un orden basado en la justicia, la igualdad y la cooperación sincera entre las naciones. Este ideal, aunque exigente, es presentado como la única vía viable para alcanzar la estabilidad global.

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