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En la muerte de Habermas

En camino hacia la Pascua

En camino hacia la Pascua

Padre y Madre nuestra que estás presente en esta tierra, junto a nosotros y nosotras, habitando el corazón de cada persona que vive en nuestro mundo y en el universo que nos rodea y del que formamos parte.

Sabemos que todo en la vida es don y por eso debemos estar siempre agradecidos por ello, una actitud que debe ir unida a la sencillez de vida.

Danos hoy el pan de cada día, que debe ser nuestro, no mío solamente, sin acumularlo y compartiendo todo lo que somos y tenemos.

Debemos fomentar la “cuidadanía”, teniendo en cuenta que los cuidados es un compromiso de todos y todas. Cuidándonos nos ayudamos a mejorar en humanidad, en bondad, en delicadeza.

Buen Dios, lo que importa de verdad no es lo nos que nos pasa, sino lo que nos traspasa, y lo será así si miramos con ojos nuevos; si nuestro corazón se deja empapar por la ternura y el entusiasmo; si nuestros oídos no solo oyen, sino que escuchan y atienden con atención. Así se vive la verdadera espiritualidad.

La divinidad y nuestra común humanidad, nos invitan a ver y denunciar la injusticia generalizada contra tantos hombres y mujeres empobrecidas, marginadas, explotadas, excluidas, y a tomar una opción clara y firme por la justicia, que va unida a la paz y la solidaridad.

No podemos pasar de largo ante tanto dolor y sufrimiento de las mujeres, tenemos que tomar partido y unirnos a ellas en sus luchas y justos reclamos. Hasta que ellas no sean libres y adquieran su plena dignidad, no alcanzaremos todas y todos en plenitud nuestra común humanidad.  

Precisamos que nos acompañen los otros en los momentos alegres y dolorosos de la vida y los demás requieren que les acompañemos en esos momentos también. Muchas personas nos lo solicitarán y a otras tendremos que estar atentos para estar a su lado, aunque no nos lo pidan.

Tenemos la inmensa suerte de vivir en comunidad, pero para que se desarrolle debemos abonarla, regarla y cuidarla lo mejor posible. En este camino hacia la Pascua, intentaremos estar más al tanto de quienes lo están pasando peor.

No nos dejemos arrebatar la alegría. Debemos defenderla con una esperanza renovada, esperanzando y ayudando a que la gente sonría y celebre la vida de nuevo junto a nosotros y nosotras. Sin alegría todo se va agostando y perdiendo lentamente su aliento vital.

Amén.

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