¿Qué sería de la redención sin un Judas, este u otro traidor?
Canto a Judas
¿Qué sería de la redención sin un Judas, este u otro traidor?
A estas horas ya está Judas cavilando cómo va a entregar a Jesús. ¿Qué hay en su cabeza? ¿Ambición económica, celos, decepción ante un mesías fracasado? Jesús va a decir que "más le valdría no haber nacido". Pero ¿qué sería de la redención sin un Judas, este u otro traidor?
Aquí nos topamos con el misterio de la predestinación. El tema de cómo somos predestinados y libres al mismo tiempo, enredó en los siglos XVI y XVII a los teólogos, principalmente jesuitas y dominicos, en la famosa controversia De Auxiliis. La cuestión a debate era clásica. ¿Hasta qué punto es posible conciliar la potencia infinita de Dios y su omnisciencia con la libertad humana? Dominicos y jesuitas se infligieron ataques violentísimos. Los jesuitas, cuyo adalid era Luis de Molina, autor de la Concordia liberi arbitrii cum gratiae donis, reaccionando frente al fatalismo protestante de Lutero y sus fautores, trataban de salvar la libertad humana del determinismo divino. Por ello, los hermanos dominicos, con Domingo Báñez a la cabeza, los acusarán de caer en el error de Pelagio. Ante esta acusación, los jesuitas se defenderán contraatacando y acusando a su vez a dominicos de abrazar el error de Lutero.
La prolongada polémica llegó a tal extremo que Clemente VIII, que se mostraba reticente a la condena de la Concordia, trató que dominicos y jesuitas se pusiesen de acuerdo. Para ello, dispuso que mantuviesen conversaciones privadas. Sin embargo, estas sesiones fueron tan violentas que el propio Clemente VIII decidió dirigir personalmente los debates. El 14 de febrero de 1602 comienzan en el Vaticano las congregaciones papales, de las que se celebrarían ochenta y nueve. Presidiendo una de estas sesiones, Clemente VIII sufrió un ataque que lo llevaría al sepulcro. Su sucesor en el solio pontificio, Paulo V, mandó reanudar las disputas. Finalmente, en 1607, dictaminó que dominicos y jesuitas podían defender su doctrina y prohibió calificar de herejía a ninguna de ellas. Los jesuitas, exultantes ante el fallo, aclamaron a Molina victor y lo celebraron con festejos públicos, que incluyeron fuegos artificiales, músicas y corridas de toros.
Quien quiera profundizar en el contenido teológico de esta controversia, tiene un buen resumen en filosofía.org
La conclusión es que la Iglesia misma no tiene una respuesta clara a este tema porque es un misterio. La predestinación en el Catecismo de la Iglesia Católica (nn. 600, 488) se define como el designio eterno de Dios que incluye la libre cooperación del hombre, buscando la salvación de todos y no el mal. Dios no predestina a nadie a la condenación; es un don gratuito de su gracia que respeta la libertad humana.
Para lo que nos interesa, la predestinación de Judas, también continúa sin solución.
Como en tantos temas de fe, solo nos queda aceptar nuestra limitación de seres humanos finitos y contingentes, arrojados en el tiempo, y confiar en la misericordia divina, poniéndonos "a tiro de Dios", que es, creo yo, lo máximo que puede hacer nuestra débil voluntad. "Sé de quién me he fiado". (2Tm, 1,12).
Volviendo a Judas, solo nos queda intuir su papel y sentirlo cerca, porque es parte del paradójico misterio de la vida.
Con ese fin le dedico este poema:
CANTO A JUDAS
Era de noche y sin embargo el cielo
bajaba a tus pupilas con el tono quebrado
del son de despida con que el maestro había dicho
su adiós.
Chacales parecían los olivos, cuando hundiste
tus pasos en la tierra roja como sangre
en busca de un camino.
¡Ay Judas! ¡Qué cerca estás de mí!
De ese plano inclinado, de ese hambre de cosas,
de este afincarme en algo por si dura,
de esa envidia al que roza el trono del dominio.
Me he quedado con Juan escuchando el latido
o con Pedro confuso en la incierta jofaina de su miedo
y el alma se me escapa tras tus pasos de amigo y
traidor al mismo tiempo,
de hombre sin más, a fin de cuentas.
Te he querido esta noche a la luz de Nissan,
porque eres mío, tan mío como el mundo
que se siente arrastrado por la oscura querencia
de ser alguien.
Vas a ser cardinal en la tragedia. El segundo
del drama.
Y abandono el cenáculo y salgo como loco
tras tus pasos. Pues contigo me duelo
y con todos los judas que se beben la sangre
de los pobres, los niños, las mujeres, los inútiles.
Detente. que aún es tiempo y al mismo tiempo corre,
que sin ti no es posible la cruz.
¡Oh, sálvame, Judas, de mi Judas!
Pedro Miguel Lamet
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