El plan del Padre Llanos contra la guerra
La paz nace desde dentro
El plan del Padre Llanos contra la guerra
En estas horas amenazadas por la incertidumbre de una guerra gratuita, que tiene visos de convertirse en internacional, me han venido a la cabeza las palabras de un profeta de nuestro entorno que clamó toda su vida por la paz: José María de Llanos, SJ, el cura de El Pozo del Tío Raimundo. No era raro que José María, personalmente lacerado por la contienda en la que murieron asesinados sus dos hermanos, y él mismo, tras capellán de la Falange, hiciera una opción heroica por los maltratados por la injusticia del cinturón de Madrid, estuviera durante toda su vida obsesionado por la paz.
Por eso quizás tenía carnet de ciudadano del mundo; levantaba en sus escuelas cada día la bandera de un país distinto y, entre sus muchos libros, dedicó uno al tema: Un plan de paz (Colección Justicia y Paz, PPC, Madrid, 1972). Después de definir lo que no es paz, su escrito se centra sobre todo en la educación. La paz no es el orden público; la paz cristiana es contradicción, prueba, lucha y cruz.
«Se hace paz haciendo al hombre» gracias a una educación que no es información o adiestramiento para vivir mejor, sino «haciendo al hombre cada día más él mismo». «El hombre de paz —escribe— no es aquel que puede asemejarse a la bestia mansa que acepta porque no puede sino aceptar el estímulo del látigo, aquello que desde fuera se le impone; el hombre de paz es, en cambio, el que encuentra la paz y la valora desde dentro de sí, desde su luz y su dominio, desde su responsabilidad y convencimiento, desde su libérrima aceptación, desde su convencimiento nacido del autogobierno». Supone una labor educativa que sublima la agresividad, encaje la tendencia a la posesión, promueva la aceptación del otro y los otros, aleje de la miseria y la cobardía y conduzca hacia la justicia y libertad. El hombre nuevo solo se construye desde la profundidad de cada persona, en su interior, ampliándose por el conocimiento y con una religión que lo pacifique consigo mismo, con su entorno y con su misterio.
Después se centra en el problema educativo español, en la mentalidad guerrera que nos ha configurado en la historia, en nuestra proverbial mediocridad, en la búsqueda de un español nuevo «haciéndose camino» a lo Machado, gracias a la «transfiguración del maestro», que sepa educar ciudadanos del mundo. En fin, Llanos dedica la última parte de su libro al cambio de las estructuras y su personal visión del socialismo, con un epílogo acerca de cuanto el cristianismo aporta a ese dibujo de paz que define y traza.
Un plan de paz mereció el premio Memorial para la Paz Juan XXIII, de Barcelona, otorgado por Pax Christi en 1972, el único concedido a su pluma. En el acto dijo que a Juan XXIII debía su modo de pensar y de vivir, especialmente a la encíclica Pacem in terris, «un aldabonazo en la conciencia de todos los hombres de buena voluntad». Y añadió: «Tengo en mi habitación una vieja fotografía del papa Juan, que me acompaña y me dio ánimos para escribir mi libro. Fue un papa diferente, que supo dirigirse al pueblo de forma diferente, rompiendo las barreras que la rigidez jerárquica había mantenido y logrando comunicarse con todos quienes creen en la paz, luchan por ella y su conciencia no les permite conformarse con componendas ni soluciones incompletas que ya no pueden engañar a nadie».
Me pregunto qué diría hoy Llanos de Donald Trump. Los tiempos son muy distintos, pero la locura de la guerra siempre es la misma.
Reproduzco aquí una oración del padre Llanos, que en estos días de inquietantes noticias, puede ayudarnos a relativizar.
PLEGARIA ABRIENDO EL PERIÓDICO
¡Las noticias! ¡El mundo! Se agitan los hombres
y tientan de curiosidad cada mañana.
Me cogen de nuevas. Pero a Ti, no.
Tú lo sabías. Estas tintas, ¿qué van a decirte?
Lo sabías. Lo habías visto desde siempre,
tan callado, tan presente y ausente.
Somos nosotros los que metemos el ruido
peleando y riendo.
Somos nosotros quienes jugamos y volvemos a empezar.
El estruendo es totalmente nuestro.
Parece que esto no te importa a Ti.
Parece que esto no te atañe.
Sin embargo, es tuyo, tuya su presidencia,
tuya su cifra ignota, tuyo todo su sentido...
Así va la función. La leeré y asistiré
como espectador, como crítico y como cómplice.
Tú también lo lees, pero con bien distinta lectura.
Tú también lo juzgas, pero ¡salvando!
Tú también tomas parte, pero ¡limpiando!
¡Si pudiera yo leer tu periódico!
¡Si pudiera yo asistir a tu consejo, a tu juicio, a tu sonrisa!
¡Si pudiera yo callarme como te callas Tú!
Gracias. Voy a abrir el papel.
Quiero leer con tus ojos y sonreír con tu sonrisa.
También quiero bendecir, leer como quien besa,
leer diciéndote: «Sí».
¿Después? Partiré el periódico en trozos,
los quemaré y aventaré la ceniza
como haces Tú cada mañana después de que contemplas
este malo y torpe teatro de los hombres. Amén.
José María de Llanos, SJ
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