El último secreto del papa Prevost

Claves de una visita a España

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Durante años, en los que he tenido el oficio y el privilegio de seguir como periodista a varios papas, en todos ellos he encontrado su peculiar carisma y una especial aportación como sucesor de Pedro. ¿Qué está impactando más en León XIV durante esta visita a España? Sin duda, algo casi imperceptible, la transmisión misteriosa de un trasfondo que oculta su rostro, sus gestos y sus palabras. Hay una profundidad detrás: un gran silencio, la contención de un tesoro escondido, donde el ego del destacado líder que actualmente es Prevost se esfuma para dejar pasar su interioridad. Me recuerda las palabras de San Agustín: intimior intimo meo. Dios es más íntimo que lo más íntimo de mi intimidad.

Creo que es el último secreto de la vibración humana y el grito profético que ha supuesto este viaje a España, que se puede resumir en esta frase suya: “En el silencio comprendemos que las ideologías pasan, mientras la verdad permanece”.  

La dignidad precede a la política

En mi anterior artículo intenté trazar los desafíos a los que se enfrentaba el papa en su visita a nuestro país. Adelanté que el principal de todos ellos iba a ser el político: “Intuyo que no van a estar ausentes recomendaciones sobre la honestidad política, la justicia social, la inmigración y la moral cristiana, también en materia de aborto y eutanasia. Quizás no falte un tirón de oreja a una ultraderecha, que presume de católica y machaca a los inmigrantes con una xenofobia claramente antievangélica. En todo caso será sin duda un testimonio valiente, nada partidista, pero contundente.”              

 Y así ha sido. La ridícula motivación de Podemos, de que sus parlamentarios no asistían al acto porque era tanto como “convertir el Parlamento en una iglesia”, no necesita comentarios. Equivale a ridiculizar a todos los grandes parlamentos, como el italiano (2002), el polaco (1999), el del Reino Unido (2010), el Bundestag alemán (2011), el Parlamento Europeo (2014) y hasta la ONU y el Congreso de Estados Unidos (2015), cuyos diputados escucharon a pontífices como Juan Pablo II, Benedicto XV y Francisco con respeto, atención e incluso entusiasmo.               

León XIV ha tocado en la llaga cuando ha dicho en el hemiciclo español que “la pluralidad política no debería degenerar en descalificación permanente del adversario" y que el conflicto democrático solo resulta útil cuando está orientado al entendimiento: "Incluso el conflicto puede convertirse en camino hacia la paz". Ya conocemos su postura contra la guerra, a partir del desarme, desde su valiente visión de la geopolítica internacional. “Preocupa que, en diversos lugares del mundo, y también en Europa, vuelva a presentarse el rearme como respuesta casi inevitable". Frente a ello, defendió otro modelo de seguridad: "La verdadera seguridad, en cambio, nace de la justicia, del diálogo paciente, del respeto al derecho internacional".               

En su cosmovisión reapareció, como era de esperar, su doctrina de la Magnifica humanitas sobre la tecnología, cuyo eje es la dignidad: "La tecnología en sí misma no es neutral porque toma el rostro de quien la concibe, la financia, la regula y la utiliza”. La IA debe someterse siempre al criterio de la dignidad humana. Por eso alertó especialmente sobre su uso militar: "Las decisiones sobre la vida y la muerte nunca sean descargadas sobre automatismos".               

León XIV piensa que hay valores supremos que no pueden estar sometidos a las mayorías parlamentarias, porque la dignidad humana no “precede a toda concesión del Estado” y no puede hacerse depender de los “consensos sociales mudables”. 

Los gritos del silencio

Carlos Alsina, un comentarista radiofónico que aprecio, no entendía el aplauso cerrado y prácticamente unánime de los parlamentarios. Este aplauso duró siete minutos y cuatro segundos mientras el papa exponía la doctrina católica tradicional sobre la familia, el aborto y la eutanasia a representantes de la ciudadanía que han aprobado leyes contrarias a esa moral católica. ¿Qué esperaba en esta temática de labios del sucesor de Pedro? Aparte de afirmar que "la familia es realidad humana primera y fundamento natural de la comunidad", ¿cómo no iba a pronunciarse sobre la defensa integral de la vida y su cuidado desde su origen hasta la muerte? Basta con conocer la doctrina moral de la Iglesia sobre la vida o simplemente leer el catecismo. 

Creo que en esta visita todos, por encima de creencias e ideologías, esperábamos una voz, un testimonio ante la crispación y saturación de los políticos, víctimas ellos mismos de sus continuas actitudes frentistas, insultantes y en ocasiones barriobajeras. La asamblea estalló en un aplauso no por una u otra idea concreta, sino por el conjunto de un discurso que ha sido un referente muy bien conceptualizado en medio de la degradada situación del mundo.

Esta situación es llamada optimista, positiva y esperanzadora. Este discurso viene a ser un compendio del grito de su encíclica: la dignidad humana debe actuar como límite ético de la ley, de la tecnología y del poder político. Además, hay una clara apuesta al multilateralismo, la paz y la concordia. En este sentido, una de sus frases en su discurso lo dice todo: “Desarmar el lenguaje”.               

 Pero más que en el Parlamento, el refrendo se lo ha dado la calle. Estos días sobrenadaba en la gente una pregunta: ¿Por qué el pueblo se ha volcado en las plazas de Cibeles y Lima, en el Bernabéu, el Olímpic, la Sagrada Familia y Canarias; y sobre todo en el paso del papamóvil por Madrid y Barcelona? Entre los que vitoreaban al papa, es evidente que no todos eran católicos, y menos practicantes. Había de todo, una nutridísima representación de la España anónima.

¿Cuál es la causa de fondo de esta respuesta masiva? El pueblo se mueve por sentimientos. En primer lugar, por la situación en que vive, porque esta venida ha sido como un remanso, un respiro a una sociedad saturada de guerra, corrupción, insultos, choques, dictaduras de los poderosos y economía incierta, en un mundo donde las noticias son cada vez más desesperanzadoras. Una multitud de manos alzadas mostraba hambre en la mirada. Algo inédito en muchos viajes papales es que mucha gente tiene los ojos cerrados, como en meditación, e incluso llora. Parecen estar diciéndonos algo. En una sociedad estremecida, que vive momentos de generalizado desencanto, con falta de ilusiones y ausencia de futuro en cuestiones como el trabajo, la vivienda y la estabilidad, “Alzad la mirada”, resumía un eslogan que conectaba con la mayoría.

¿Y cómo un papa como Francis Prevost, que según todos los que lo conocen, siempre ha sido calificado como tímido y “para dentro”, ha conectado tan eficazmente con el pueblo y, según todos los observadores, se ha desencorsetado? Mi respuesta es que, aparte de que todo papa hereda un carisma universal por la gracia de su ministerio, León XIV transmite, solo estando, su trasfondo especial: algo que oculta su rostro, sus gestos y sus palabras. Un plus más hondo que emana de él: un gran silencio, la contención de un tesoro escondido, donde el ego del influyente líder se esfuma para dejar pasar a una saboreada interioridad que llega a la gente. Me recuerda las palabras de San Agustín: intimior intimo meo. Dios es lo más íntimo de mi intimidad.

 Pisar la realidad

Esa paz, su quietud interior, llega incluso de forma consciente o inconsciente al pueblo, sea creyente o no. Autenticidad, realidad y cercanía. Aunque parezca increíble, la gente de la calle sabe muy bien si alguien “es de verdad” o representa un papel. El papa Prevost tiene su propia personalidad y, seguramente, sus limitaciones, como las que tendrían sus predecesores y cualquier ser humano. Pero se intuye en él un profundo silencio, mucho tiempo de oración y reflexión. Suena a auténtico y eso la gente lo capta. Además, en este viaje y en muchos actos se ha cultivado ese callar, más necesario hoy que nunca, como en los ratos de meditación con los jóvenes en la plaza de Lima. Y la escucha de testimonios, como las preguntas escalofriantes de personas heridas por la vida.

A uno de ellos le señaló esa interiorización necesaria: “Cuando las personas aprenden a detenerse, a dar valor a las cosas importantes, a apreciar el tiempo de modo nuevo y a pensar en la propia vida dejándose iluminar por el Evangelio, desarrollan también un pensamiento crítico respecto a un sistema social que no pone a la persona en el centro y provoca situaciones de injusticia y de pobreza existenciales a diversos niveles”. “Es por eso que la inquietud da miedo, así como el descubrimiento de la interioridad, de la espiritualidad y aún más del Evangelio”.

Otro factor es su interés por poner pie en tierra y tocar la realidad para encontrar a Dios en ella. “A pesar de las dificultades, el lugar en el que Dios se hace presente y donde debemos encontrar sus huellas es siempre en la realidad donde nos encontramos”. No solo a través del encaje en piedra de Gaudí y la explosión de arte, luz y color que supuso la bendición de la cruz de la Sagrada Familia, sin precedentes. Sino también con todas las expresiones de la cultura, el arte, la literatura, el deporte, la empresa y el trabajo. Todo ello redunda en afrontar otro de los desafíos que señalábamos para este viaje, el de la supercialidad tecnológica que nos ha convertido en “miopes empantallados”. El papa nos urge a que no permitamos que esos algoritmos escriban nuestras personales historias. 

“Todos somos emigrantes”

Como se esperaba, los descartados, emigrantes y encarcelados han protagonizado los encuentros más significativos. Esto ha sido especialmente evidente en Canarias, en la estela de Francisco, quien quería venir y a quien ha citado con frecuencia durante todo el viaje. La defensa de la dignidad e igualdad del emigrante ha sido un insistente leitmotiv durante su estancia entre nosotros: "Todos, de algún modo, somos migrantes".

"Allí donde una persona es discriminada por su origen nacional, étnico, religioso o lingüístico, se vulnera el principio universal de la igual dignidad. Se trata de una realidad que rebasa cualquier lectura puramente democrática o económica". Es más, los descartados son nuestros maestros: "La gracia más grande es que nos dejemos evangelizar por aquellos a quienes socorremos, que reconozcamos la misteriosa sabiduría de Dios escrita en su misma carne", destacando la "fuente de sabiduría que constituye la experiencia de los pobres".  "Ningún ser humano es una isla", dijo en fin antes de despedirse en Tenerife, al subrayar que "hemos nacido para el encuentro y que no hay obstáculo, distancia, peligro o amenaza que pueda impedir a cada uno su viaje".

Ha señalado también claramente a Europa, que precisamente estos días ha aprobado una normativa que quebranta el derecho de asilo, la protección frente a devoluciones, el acceso a defensa jurídica efectiva, a la información y la atención específica a personas en situación de mayor vulnerabilidad, y la protección y a la salud integral de las personas.

“Europa no puede proclamar la dignidad humana y acostumbrarse a que el Mediterráneo y el Atlántico sean cementerios sin lápidas”, nos ha recordado. Eso sí, ha pedido a los migrantes: "Que se integren, aprendan la lengua y respeten las leyes". Sin dejar de denunciar a las mafias que trafican con ellos. Ha llegado a llamar a los canarios “cirineos”. 

Pero quizás la frase mejor troquelada de todas fue la que pronunció en Cibeles: “Nadie puede arrodillarse ante el Señor y despreciar al hermano”. Porque, sin duda, este tema del dolor, el consuelo y el perdón, además de su postura de continua escucha, han marcado el mensaje de esta visita, pronunciada siempre con una sonrisa y esperanza.

En el Olímpic de Montjuïc sentenció: “Si existe la violencia, si triunfa el egoísmo, si incluso el amor entre familiares se transforma en odio, debemos hacernos algunas preguntas a nosotros mismos, a las dinámicas de nuestra sociedad, a la cultura del individualismo, a la tentación de la violencia, y no a Dios”.

O cuando llega la disminución: “No tengan miedo de los 'tiempos de descuento' de la vida, esos difíciles momentos donde parece que el partido está perdido”. O la necesidad de mirar a los ojos: El Señor nos invita “a mirar a los que sufren a los ojos y a hacer de la ayuda ante todo un encuentro de hermanos unidos en el único abrazo del Padre”.

Dignidad, concordia y escucha

Detrás de todas estas frases tan cuidadosamente troqueladas de un papa muy detallista hay una evidente constatación: nuestra sociedad se ha deshumanizado. “Quiero confiar a todos vosotros una misión: que seáis humanos. Sí, ¡sed humanos! Hombres y mujeres de carne y hueso. No apariencias, sino rostros fiables”.

En resumen, para concluir este viaje ha sido una bendición y una brisa fresca en medio del calor del enfrentamiento y la crispación. La fragilidad — en los presos, la mujer maltratada, las víctimas de feminicidio, las personas con problemas de salud mental, los emigrantes, los desesperanzados— ha sido protagonista de este viaje, junto a los bebés que abrazó incansablemente durante su recorrido, siguiendo a quien dijo: “Dejad que los niños se acerquen a mí”.  

 En síntesis, todo un símbolo: el papa entró en España por los descartados del barrio del Lucero y se marchó abrazando a los inmigrantes en Tenerife. Y tres palabras programáticas: dignidad, concordia y escucha.

La organización, tanto por parte de la Conferencia Episcopal como por el Estado, ha sido impecable, por no decir en algunos casos espectacular y brillante, como en el despliegue espectacular de la Sagrada Familia. El papa se ha adaptado a todo, incluso en aumentar los párrafos en catalán y en esforzarse en pronunciarlos, pese a que los independentistas nunca estarán satisfechos. Menos mal que la policía abortó un brote de manifestación nacionalista, que habría empañado seriamente el acto más significativo en Barcelona. Es posible que el gobierno de Sánchez se haya servido del deslumbramiento que ha ocasionado esta visita para cegar en parte la compleja actualidad política. Pero al final, el resultado nos ha servido de unos días de cohesión, silencio y sinfonía.

¿Alguna tacha? Sí, por parte de los obispos, no haber previsto mejor el encuentro con las víctimas de la pederastia. Reconozco que es una cuestión vidriosa y molesta para la Iglesia española, pero estoy convencido de que era imprescindible haber permitido la asistencia de una selección más representativa de todos los grupos de víctimas, incluidos los más radicales y opuestos. Se ha prometido otro encuentro en Roma, pero no deja de ser un parche. Eso sí, las palabras del papa en la Conferencia Episcopal, el sitio adecuado para pronunciarlas, han sido contundentes en continuidad con la postura firme en este tema del añorado papa Francisco.

Al día siguiente, en el Parlamento han vuelto a insultarse sus señorías como perros rabiosos. Este domingo a misa seguirán yendo los de siempre y habrá ateos o anticlericales que continuarán vociferando contra Dios y los curas. Sobre todo, el españolito de a pie tendrá que luchar para pagar su piso y llegar a fin de mes, a duras penas, a pagar su cesta de la compra. Pero algo es cierto: Nos quedan unos días de esperanza, de “alzar la mirada”, de saborear la frase consoladora de León XVI: "No os dejéis vencer por la tristeza. Dios camina con nosotros y nos sostiene en cada momento”.                                                    

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