El presidente de la Conferencia Episcopal se ha referido al problema de Ceuta en términos estructurales, cosa que no suele hacer cuando se denuncia el pecado estructural, es decir, cuando se pone el dedo en la llaga de estructuras concretas de pecado; entonces suele referirse a lo real, a lo asistencial. Ahora que urgen medidas urgentes para personas concretas, él apunta el foco a la utilización de la demografía como un arma dentro de la estrategia de la biopolítica global. Sería bueno que monseñor Argüello se adhiera a las denuncias y a las soluciones que propone, por ejemplo, el Servicio Jesuita a los Refugiados (SJR).
Lo digo porque llama la atención que la institución que se ha referido al Evangelio para enmarcar lo esencial de esta crisis ha sido la ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, Elma Saiz, cuando citó el Evangelio para reprochar a PP y Vox su postura ante la crisis migratoria de Ceuta. En concreto, recordó el pasaje del Evangelio Mateo 25,35: “Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me acogisteis”, para denunciar lo que considera una estrategia de deshumanización y confrontación del PP y de Vox. Todo un reproche moral a la hipocresía política de quienes ni siquiera han acudido a la Conferencia Sectorial de Migración, teniendo competencias en el tema de menores, por ejemplo.
El problema en Ceuta es acuciante por la precariedad extrema de los menores y los refugiados por causas de asilo con obligación legal por parte del Estado de ser acogidas ya. Estamos ante una transgresión de la humanidad (“expulsión “a todos”) de legalidad (contraviniendo las propias leyes españolas y europeas) y de prácticas xenófobas (revestidas de hipocresía) que azuzan el miedo y promueven la estrategia de “odio. Cuando se llega a quemar alimentos y ocurren agresiones tras un mes de situación excepcional como la que vive Ceuta, no se puede apelar principalmente a la biopolítica. No es el momento de desviar la urgencia que reclaman los que para Jesús de Nazaret eran los prioritarios.
La llegada del Papa León ha clarificado la postura de la Iglesia en estos temas, alertando a la jerarquía católica española desde Roma sobre los peligros de que los discursos de Vox instrumentalicen la fe para captar votos desde la xenofobia.
Es muy de agradecer el rechazo a la "prioridad nacional" por parte de la CEE que preside Argüello contraponiéndola a la "prioridad del Evangelio": el amor al prójimo sin distinción de origen. Pero lo que hace falta ahora mismo es mantener el mensaje, repetirlo, insistir en ello, no quedarse en una declaración oficial, y ya está. Si el problema se enquista y se agrava con tantos inocentes maltratados en Ceuta, la Iglesia institución debe insistir y señalar el camino de las soluciones humanitarias concretas; y seguir denunciando las políticas deshumanizadoras y racistas en nombre de intereses revestidos de valores. Las denuncias y las soluciones estructurales, para cuando se reconduzca la situación de estos seres humanos.
Una cosa es la política partidista, necesaria para organizar el bien común, y otra, defender al perseguido por acciones injustas, a veces en nombre de Dios. A quienes hacen lo segundo, en la Iglesia les llamamos profetas. Al propio Jesús lo mataron porque llegó demasiado lejos con su ejemplo denunciando a las autoridades judías por sus graves inconsecuencias hasta convertirse en una molestia peligrosa para los dirigentes judíos (y romanos, en cuanto Jesús tuvo un amplio seguimiento social que perjudicaba a sus intereses).
El Papa Francisco lo dijo alto y claro, y su sucesor no deja de proclamarlo, sobre cuál es la mejor política cristiana: la cultura del encuentro como base para resolver los problemas de la injusticia, y que nadie se sienta un despojo sin presente ni futuro, comenzando cada uno con el ejemplo en lo cotidiano, claro. Pero esto acarrea muchos problemas porque hay que estar, insistir, mojarse y recibir leña, en línea con lo que el Evangelio llama benditos a quienes son perseguidos por causa de la justicia. Y nuestra Iglesia institución, a veces, mezcla la política como ciencia y la política entendida a la manera del Evangelio, sin mojarse lo suficiente con quienes promueven conductas políticas que animan a no cumplir la Ley y echar a todos los inmigrantes de esta última ola, al mar.