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Oasis de paz en peligro

Todos conocemos la situación insostenible por la que pasa Palestina y sus gentes. Incluso la resiliencia del ser humano, capaz de aguantar y adaptarse a lo que parece imposible, da muestras de quebrarse ante el acoso brutal de Israel contra la población civil. Ya no se puede hablar de guerra convencional, dado que el aplastamiento es unilateral a una escala infrahumana -en presente continuo- que pasará a la historia por el nivel de perversión que puede llegar el ser humano. Si bajamos al detalle, quedan brotes verdes que también corren el peligro de extinción, una amenaza que ni la escasa vida que germina en el desierto de Atacama, considerado de los más secos del mundo, tiene porqué preocuparse.

Uno de esos brotes verdes amenazados está en el corazón de Cisjordania. Se trata de la población de Taybeh (en árabe, “la agradable”) que ha sido colocada en la diana por los colonos israelíes. Se trata de un enclave especial porque es mayoritariamente cristiano y hasta ahora un oasis de paz. Lo cierto es que ya cuenta con el 25% de sus tierras ocupadas, a lo que hay que sumar el incendio provocado en el entorno de una iglesia del siglo V como medida de presión a los colonos que llevan días viendo como construyen un nuevo puesto avanzado israelí, a pocos metros de las casas; es lo que suele preceder a la construcción de un nuevo asentamiento ilegal, como lo que esto supondría en el día a día de este pequeño municipio que vive, literalmente, en cristiano. Y eso que se encuentra en la llamada Zona B de los Acuerdos de Oslo, confiada a la administración civil del gobierno palestino y a la seguridad conjunta entre la policía palestina y las autoridades militares israelíes. 

Taybeh se encuentra en un alto a unos 20 km de Jerusalén entre Samaría y Judea, siendo uno de los lugares más antiguos, mencionado en el Antiguo Testamento por el evangelista Juan como Efraín del desierto, la aldea solitaria que Jesús eligió quedarse con sus discípulos antes del prendimiento y la Pasión. Lo recuerda una estatua con su imagen en una de sus plazas, algo muy poco visto en Tierra Santa. El pueblo cuenta con 1.300 habitantes que viven con normalidad su herencia cristiana en medio de aldeas musulmanas y la presencia invasora, rodeados de asentamientos y destacamentos militares israelíes, con la libertad permanente amenazada.

Para el párroco de Taybeh, Bashar Fawadleh, este intento de presionar a la población para que emigre, genera un gran inseguridad y precariedad en la población local que ya tiene el antecedente de hace unos días de los colonos expulsando a los trabajadores de la fábrica de cemento. A pesar de todo, la vida continúa y las actividades pastorales siguen adelante, como el campamento de verano para niños, con más de 150 participantes, que comenzó el 6 de julio, coordinado por las tres comunidades cristianas presentes: ortodoxa griega, católica melquita y católica romana.

Hoy el peligro real es para Taybeh, pero mañana le puede tocar a Neve Shalom/Wahat al-Salam (que significa "Oasis de Paz" en hebreo y árabe). Se trata de una aldea cooperativa única en Israel, a mitad de camino entre Tel Aviv y Jerusalén, donde conviven pacíficamente ciudadanos judíos y palestinos con nacionalidad israelí), desde 1970. Es mucho más que una simple vecindad coincidente. Se trata de un proyecto de vida en común y que sirve como ejemplo y modelo de coexistencia, igualdad y respeto mutuo. Los niños estudian juntos y aprenden a dominar tanto el árabe como el hebreo. En igualdad de condiciones ciudadanos israelíes de origen judío y palestino, demuestran que la convivencia pacífica entre ambos pueblos, es posible.

Para cerrar el bucle, este proyecto fue impulsado por el religioso dominico Bruno Hussar, figura fundamental en el diálogo interreligioso y en la búsqueda de la paz en aquella zona. Y el lugar en el que se levantó Neve Shalom/Wahat al-Salam se encuentra en unos terrenos que tras la guerra de 1948 fueron clasificados como tierra de nadie. Como decía el escritor israelí Amos Oz, que tanto hizo por defender los derechos de todos los que habitan Palestina e Israel, "Creo que la esencia del fanatismo reside en el deseo de obligar a los demás a cambiar. En esa tendencia tan común de mejorar al vecino, de enmendar al prójimo, de salvar su alma”. Y también recordaba algo que lo tenemos bien cerca: que los fanáticos rara vez tienen sentido del humor. Laus Deo.

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