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Domingo de Ramos

El Domingo de Ramos recordamos la triunfal entrada de Jesús en Jerusalén, en medio de aclamaciones de la gente que salía al encuentro de las peregrinaciones que llegaban a la Ciudad Santa con ocasión de la Pascua.

Los congregados lanzaban gritos de júbilo y llamaban «bendito al que viene en nombre del Señor», al «Hijo de David», el «Mesías» y extendían sus mantos y cortaban a su paso ramas de árboles para hacer una alfombra de bienvenida.

Cuando las autoridades religiosas preguntaron entonces al recién llegado por qué aceptaba aquellas aclamaciones, y le instaban: «Maestro, reprende a tus discípulos», Jesús reacciona diciendo: «Os aseguro que si estos callan, gritarán las piedras.»

¿Cómo se explica esto? Jesucristo había hecho muchos milagros y se había ganado el favor del pueblo. A veces había tenido que huir de las masas que querían hacerlo rey, y en muchas ocasiones después de hacer una curación decía al sanado: no se lo digas a nadie, o regresa a casa sin entrar en la ciudad, peticiones que no siempre eran atendidas. La discreción y la repulsa a cualquier enaltecimiento personal eran su regla de conducta. Pero esta vez rompe su norma y se deja aclamar, como si fuera necesario que la discreción dejara paso a la verdad.

Jesús sabe que será la última vez que el pueblo le aclame. Pocos días después este mismo pueblo será manejado para que Pilato no le conceda la amnistía, escogiendo en su lugar a Barrabás, y aún será alentado para pedir la crucifixión para él. Por la salvación de este pueblo judío, representante de toda la humanidad, se entregará con una cruel muerte de cruz.

Estos vaivenes en el ánimo popular son un símbolo de nuestra vida. También a lo largo de ella, a veces aclamamos a Dios en nosotros y a veces, por debilidad generalmente, lo negamos si no de palabra sí con nuestros actos. En cambio Jesucristo nos ama siempre, «no se cansa de perdonar» en palabras del papa Francisco y en el perdón muestra el verdadero rostro de Dios que es misericordia.

Esta Semana Santa del Año Jubilar es un momento propicio para dejarse perdonar por quien tanto nos ama. El Papa confía en que los fieles acudan al sacramento de la penitencia. Personalmente deseo hacer una llamada a que vivamos la experiencia que se nos pidió el Miércoles de Ceniza: «Conviértete y cree en el Evangelio». Todos estamos llamados a esta conversión continuada para ser felices en esta vida y más aún en la otra.

† Jaume Pujol Balcells

Arzobispo metropolitano de Tarragona y primado

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