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En 2008 escribí la Carta Pastoral “Danos hoy el agua de cada día” en que, desde Aysén y desde el problema del agua se abre un profundo discernimiento sobre una estructura de poder y una cultura que va creando una creciente inequidad entre pequeños grupos cada vez más poderosos y sectores sociales cada vez más excluídos (no pobres, sino EXCLUÍDOS), en Aysén y en todo Chile.

Situación que va creando un marcado malestar y pone en serio peligro la paz social. En Chile hay significativas expresiones de ello (estudiantes, Mapuches, Aysén, Magallanes, Freirina, Pascua Lama, …).

Esta situación y varias más, como un determinado tipo de globalización, una excesiva centralidad de lo económico, el individualismo y la soledad, un malestar existencial, deficiencias en el rol del Estado, la desigualdad social, el problema medioambiental, indignidades en el trabajo humano, quiebres en la familia, … están muy bien planteadas en “Humanizar y compartir con equidad el desarrollo de Chile” (Carta Pastoral del Comité Permanente de la Conferencia Episcopal de Chile, septiembre de 2012), y tienen su raíz en un proyecto de persona y de sociedad plasmados en la Constitución Política del Estado, de 1980.

Estas dramáticas realidades “pueden poner en peligro la gobernabilidad si no existen adecuados canales de expresión, participación y pronta solución” y nos llaman a “realizar pronto y con cordura los cambios necesarios”. “La fe obliga a la Iglesia a tener una participación activa en asuntos de debate público que interesan a nuestra sociedad”, siendo “audaces y valientes”. Todo esto es a partir de la práctica de Jesús y su Evangelio, en lo que llamamos la “evangelización de la cultura”.

Estos muy discernidos planteamientos de los obispos de Chile los he planteado yo también, desde la fe y la ética, en varios foros, en medios de comunicación, en asambleas de socios de las transnacionales Colbún (en Santiago) y Enel (en Roma), en innumerables charlas en Chile, en otros países de América Latina, y en Europa.

Por lo tanto mi firma en este manifiesto es una consecuencia lógica, conciente y convencida, fruto de que otro Chile es posible, pues si hemos creado un país tan opresivo y excluyente (no fraterno ni solidario, inhumano, antiético e inmoral) Dios nos da la sabiduría, la fe y la capacidad para CREAR JUNTOS la sociedad de esta nueva época de la humanidad, con razón y corazón.

¿Puede un obispo, un obrero, un mapuche, un político, un comunicador social, un estudiante, una dueña de casa, un campesino, un futbolista, un artista, un intelectual, … restarse a esto?

+ Luis Infanti de la Mora, OSM

Obispo Vicariato Apostólico de Aysén

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