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Así se titula en español el esperado libro del cardenal Martini, arzobispo emérito de Milán y eminencia no sólo por la púrpura. Lectura indispensable y agradecida. La grandeza del Martino rosso está en que, señero entre sus colegas, sabe hablar de Dios en serio con palabras convencidas y convincentes. Porque conoce bien todo lo que pasa en este valle de lágrimas y recuerda más el futuro que el pasado, analiza con lucidez, propone con dulzura y avisa como profeta.

Se lo permiten su impar preparación intelectual y el empuje de una fe bregada en los dos frentes donde más flaquea su Iglesia: el de la cultura y la juventud. Lo hace con la libertad y el juicio propios de un creyente que no espera rezando la segunda venida de Jesús, sino que quiere anticiparla incorporando la provocación ética del Evangelio a la tarea de roturar la tierra para que pueda prender la semilla de la justicia. Alma de montañero, prefiere el riesgo a la inacción y la incertidumbre a las seguridades asustadizas.

De ahí su confianza total en los jóvenes, porque sin ellos ni la Iglesia ni la sociedad tienen mejor futuro. Pero sin paternalismo: "No podemos enseñar nada a los jóvenes: podemos, sí, ayudarles a escuchar al maestro interior" (p. 91).

El cristianismo nació de la rebeldía, que es virtud juvenil. Y de viejos sabios como el jesuita turinés, gala de la Iglesia y flor de la Compañía.

Ramón Baltar (Correo Gallego)

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