El cardenal Ouellet bendice ahora a los laicos en la Curia, cuando el Papa prepara relevos decisivos
El cardenal Marc Ouellet, viejo guardián del modelo clerical conservador, se ha convertido de la noche a la mañana en uno de los teólogos que con más fuerza reivindican la presencia de laicos -incluidas mujeres- en puestos de autoridad en la Curia romana. En un artículo publicado en Vatican News, que se supone ha pasado el filtro de la Secretaría de Estado, el prefecto emérito de Obispos bendice como “prometedor para el futuro” el gesto de Francisco de nombrar laicos y religiosas al frente de dicasterios, y, de paso, empuja a León XIV a ir más lejos justo cuando se abren siete vacantes clave en el gobierno vaticano.
Un artículo con cuño del sistema
El texto de Ouellet -“Laicos en puestos de autoridad en la Curia”- no es una columna cualquiera ni un artículo más. Vatican News lo presenta como un “comentario” del prefecto emérito de Obispos, lo que implica, en la práctica, el nihil obstat doctrinal y la bendición política de la Secretaría de Estado. ¿Y, quizás, del propio León XIV?
En el consabido artículo, el cardenal canadiense reconoce que el nombramiento de laicos y religiosas para cargos tradicionalmente reservados a obispos y cardenales es una de las “decisiones audaces” de Francisco, fruto del principio sinodal y de la exigencia de una mayor participación de los fieles en la misión de la Iglesia.
Ouellet admite incluso el “malestar” que esta innovación generó y sigue generando en quienes quieren volver al vínculo exclusivo entre orden sagrado y gobierno, pero se desmarca claramente de esa nostalgia. “No se trata de cuestionar el avance doctrinal decisivo del Concilio”, escribe, para añadir que “eso no significa que el sacramento del Orden sea la fuente exclusiva de todo gobierno en la Iglesia”.
En la práctica, el purpurado curial asume el marco de Praedicate Evangelium y lo relee desde una teología del Espíritu. Por ejemplo, recuerda el canon 129 §2, que ya prevé la cooperación de laicos en el ejercicio de la potestad, y pide “reanudar el diálogo entre canonistas y teólogos a la luz de la pneumatología”, hasta hacer florecer un “derecho de la gracia” que permita integrar sin complejos a personas carismáticas -laicos o religiosas- en puestos de autoridad en la Curia y en administraciones diocesanas.
“¿Concesión provisional que hay que revisar o avance eclesiológico? No tengo ninguna duda de que el gesto del papa Francisco es prometedor para el futuro”, concluye, subrayando que inaugura un reconocimiento real de “la autoridad de los carismas” por parte de la jerarquía.
Del Ouellet clerical al Ouellet pneumatológico
El giro no es menor si se mira la trayectoria reciente del cardenal. Durante el pontificado de Francisco, Ouellet se alineó con quienes miraban con recelo el proceso sinodal y la denuncia sistémica del clericalismo, y se convirtió en referencia de sectores que temían que la apertura a los laicos diluyera la identidad del ministerio ordenado.
Ahora, sin renunciar al “avance doctrinal” del Vaticano II sobre el episcopado, acepta que la autoridad no se agota en la ordenación y desplaza el foco: del esquema jurídico de la “delegación” hacia abajo al reconocimiento de la “autoridad del Espíritu Santo en acción” en la vida de los bautizados.
En este punto, Ouellet se acerca sorprendentemente a la línea de Alberto Melloni y de muchos teólogos contemporáneos, que subrayan que la eclesiología católica sigue siendo demasiado “cristológica” y poco “pneumatológica”.
La autoridad confiada a los laicos, viene a decir, no nace solo de un acto de poder que les presta jurisdicción, sino del “ascenso” desde el bautismo y de la participación de todos los carismas en el dinamismo de la comunión, que los obispos están llamados a discernir y articular.
Para un cardenal que ha defendido con firmeza la imposibilidad de ordenar mujeres, colocar ahora la cuestión de los cargos curiales en el terreno del Espíritu -y no en el de la ontología sacramental- es un movimiento significativo: le permite sostener la presencia de laicas al frente de dicasterios sin traicionar su rechazo a la ordenación femenina.
Siete sillas vacías y un mensaje a León XIV
El contexto hace el resto. Mientras Ouellet escribe sobre laicos en la Curia, Roma tiene sobre la mesa siete nombramientos clave: los prefectos de Culto Divino (Arthur Roche, 75 años), Unidad de los Cristianos (Kurt Koch, 75), Causas de los Santos (Marcello Semeraro, 77), Laicos, Familia y Vida (Kevin Farrell, 78) y Desarrollo Humano Integral (Michael Czerny, 79) han superado ya la edad de jubilación, y siguen vacantes la jefatura del Dicasterio para los Textos Legislativos y la Prefectura de la Casa Pontificia.
Son siete sillas de enorme peso en las que muchos conservadores -dentro y fuera del Vaticano- esperaban que León XIV empezara a deshacer, poco a poco, la “osadía” de Francisco con los laicos.
El artículo de Ouellet, lejos de pedir marcha atrás, legitima teológicamente la continuidad e incluso una posible intensificación de esa línea. De hecho, insiste en que el Papa no “delegó caprichosamente” su autoridad en laicos cualquiera, sino que confió responsabilidades a personas “competentes” y “reconocidas por un carisma”, dentro de una jurisdicción que sigue residiendo globalmente en el Romano Pontífice.
En otras palabras, si León XIV decide nombrar a una mujer al frente de Laicos, Familia y Vida, o a un laico con experiencia jurídica en Textos Legislativos, tendrá ahora un marco doctrinal firmado por uno de los cardenales más identificados con el sector “institucional” del colegio cardenalicio.
Que este texto aparece en Vatican News, y no en una revista académica, sugiere algo más que un ejercicio privado de reflexión: anticipa el terreno y testa reacciones antes de que el Papa comience a mover fichas.
Al presentar el gesto de Francisco como “prometedor para el futuro”, Ouellet está, de facto, señalando a León XIV que la vía de los laicos en la Curia no debe verse como un paréntesis, sino como un “avance eclesiológico” a consolidar.
Una batalla de escuelas… que Ouellet supera
En el fondo, el cardenal entra en una batalla de escuelas canónicas que llevaba años bloqueando el debate, según explica brillantemente Hendro Munsterman en Substack. Por un lado, la llamada “escuela alemana”, que liga estrictamente el ejercicio de autoridad al sacramento del Orden y concluye que las mujeres -imposibilitadas para ser ordenadas- no pueden ocupar puestos de verdadero gobierno.
Por otro, la “escuela italiana”, representada por el cardenal Gianfranco Ghirlanda, que defendió en Praedicate Evangelium la posibilidad de confiar dicasterios a laicos mediante delegación de potestad.
Ouellet, que no puede seguir la vía alemana sin cerrar la puerta a las mujeres, ni abrazar sin matices la solución italiana que tantos recelos produjo, opta por otra cosa: desplazar el eje del debate desde la técnica jurídica al discernimiento espiritual de los carismas.
Es decir, el purpurado pide que se supere la lectura de la reforma como truco de escuela y que se entienda la presencia de laicos y religiosas en la Curia como fruto de la acción del Espíritu en el pueblo de Dios, reconocida por la autoridad jerárquica.
El resultado es paradójico, porque el cardenal que muchos vieron como freno al giro sinodal de Francisco acaba firmando un texto que abre espacios para que León XIV profundice en la participación de los laicos en el gobierno de la Iglesia.
La pregunta, ahora, ya no es si el Papa puede o no nombrar a laicos y laicas al frente de dicasterios. Ouellet da por descontado que sí, y que además es “prometedor”.
La cuestión es cuántos de esos siete sillones vacíos ocuparán rostros que no lleven solideo. Y hasta qué punto este nuevo Ouellet, más pneumatológico que corporativo, es un signo claro de que incluso en el corazón del viejo clericalismo se ha entendido que el futuro de la Curia pasa por abrir la puerta -de verdad- al “santo pueblo de Dios”, que decía Bergoglio.