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"Está cumplido"

Ascensión del Señor
Ascensión del Señor

El misterio de la Ascensión del Señor tiene sabor de final de un recorrido: el de la Palabra de Dios que se hace carne, desciende hasta lo hondo de la condición humana, aprende sufriendo a obedecer, y es enaltecida hasta recibir, a la derecha de Dios en el cielo, un nombre sobre todo nombre. 

Estamos hablando del recorrido existencial de Jesús de Nazaret, desde la Encarnación a la Ascensión.

Estamos hablando de un recorrido humano, en la carne, por los caminos de todo ser humano, desde que la vida empieza en el seno de una mujer, hasta que la vida se pierde en el seno de la muerte. Y, sin embargo, estamos hablando de un recorrido espiritual, entiéndase, un recorrido que Jesús hace, desde el principio hasta el final, al aire del Espíritu de Dios.

El ángel de la anunciación lo dijo así a María de Nazaret: “El Espíritu Santo bajará sobre ti y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra”.

Anunciación
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El ángel del Señor se lo comunica así a José, esposo de María y padre de Jesús: “No tengas reparo en llevarte contigo a María tu mujer, porque la criatura que lleva en su seno viene del Espíritu Santo”.

La fe de la Iglesia lo confiesa así: “Por obra del Espíritu Santo se encarnó en el seno de la Virgen María”, “fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo”. 

Si te preguntas quién es Jesús de Nazaret, el evangelista te dirá lo que de él oyó y vio: “mientras oraba, se abrió el cielo, bajó sobre él el Espíritu Santo, en forma de paloma, y se oyó una voz del cielo que decía: «Tú eres mi Hijo, a quien yo quiero, mi predilecto»”.

Y, a los ojos de todos, ya nada veremos en la vida de Jesús que no sea realizado con la fuerza del Espíritu Santo: “Jesús volvió del Jordán, lleno de Espíritu Santo; durante cuarenta días el Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras el diablo lo ponía a prueba”. El desierto, cuarenta días, el enfrentamiento con el mal: eso es la vida entera de Jesús, la vida del “ungido por el Espíritu para que lleve la buena noticia a los pobres”, la vida del enviado por el Espíritu “para anunciar la libertad a los cautivos y la vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos, para proclamar el año de gracia del Señor”.

El Espíritu lleva a Jesús hasta el amor extremo, hasta la consumación de la obra para la que fue ungido y enviado, hasta la cruz, desde la que la gracia, la libertad, la luz, la vida, la salvación, el evangelio, el Espíritu de Dios, se ofrecen a la humanidad entera.

En la cruz ha vivido Jesús su glorificación, su Pascua, su ascensión de este mundo al Padre. En la Ascensión, en la Pascua, en la cruz, la obra del Jesús, la misión para la que fue ungido y enviado, queda cumplida

Jesús se va para que el Espíritu sea enviado sobre la Iglesia, sobre hombres y mujeres que, ungidos y enviados al modo de Jesús, continuarán en el mundo la misión del Maestro, la lucha de Jesús contra el espíritu del mal, la entrega de Jesús a Dios y a los pobres, la pasión de Jesús por llevar a todos gracia, libertad, luz, vida, salvación. Jesús asciende para que su Espíritu haga de nosotros su cuerpo, su Iglesia, un sacramento de su presencia en el mundo.

Iglesia
Iglesia

No sé si un día las iglesias se llenarán de creyentes en Cristo Jesús; pero podemos soñar, esperar, desear, pedir que los creyentes seamos evangelio vivo para los pobres, hasta que lleguemos con Jesús -ascendamos- a la entrega de la vida por amor, hasta que, también para nosotros, todo esté cumplido, porque todo lo hemos dado.

Feliz ascensión con Cristo Jesús.

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