Piramidal, jerárquica, patriarcal, encubridora, homófoba… ¿Es Iglesia la Santa Madre Iglesia?
"Estos son los principales hechos de la Iglesia jerárquica que han supuesto comportamientos, creencias y estatus alejados del Evangelio, siendo infiel al mandato de Jesús de 'id por todo el mundo y predicar a toda criatura lo que yo os he enseñado' (Mc. 16.15 )"
La palabra Iglesia viene del término griego ekklesia, que significa la comunidad de personas unidas por la fe y el bautismo en la religión cristiana.
Una comunidad unida por la fe hace referencia a todos aquellos creyentes cristianos que siguen el Evangelio proclamado por Jesús. La jerarquía formada por el papa, los obispos, los sacerdotes y los diáconos (siempre “los” y ausentes “las”) son los encargados de administrar los sacramentos y de proclamar el Evangelio, no solo con la palabra, sino sobre todo con los hechos tal como dijo Jesús “por sus hechos los conoceréis” (Mt. 7:16)
Estos son los principales hechos de la Iglesia jerárquica que han supuesto comportamientos, creencias y estatus alejados del Evangelio, siendo infiel al mandato de Jesús de “id por todo el mundo y predicar a toda criatura lo que yo os he enseñado” (Mc. 16.15 )
1. La Iglesia es piramidal, jerárquica y patriarcal. Así lo afirma el teólogo Juan José Tamayo: "La mayor herejía del catolicismo ha sido sustituir al Evangelio por el código del derecho canónico. En la Iglesia tenemos que caber todos y ser el movimiento igualitario entre hombres y mujeres como dijo Jesús y no una institución piramidal, jerarquizada y patriarcal. Es necesaria una democratización interna de la Iglesia”.
2. La Iglesia ha excluido a las mujeres del estamento clerical. Así lo afirma el teólogo Juan José Tamayo: “ En los últimos treinta años, movimientos cristianos, incluso obispos y cardenales de la Iglesia católica piden el acceso de las mujeres al sacerdocio, afirmando que la exclusión femenina del ministerio sacerdotal es una discriminación de género, contraria al cristianismo primitivo y que va en dirección opuesta a los movimientos de emancipación de la mujer y a las tendencias igualitarias entre mujeres y hombres en la sociedad, en la política y en la actividad laboral. El alto magisterio eclesiástico responde negativamente a esta reivindicación, apoyándose en dos argumentos: “Cristo no llamó a ninguna mujer a formar parte del grupo de los apóstoles, y la tradición de la Iglesia ha sido fiel a esta exclusión, no ordenando curas a las mujeres”.
Sin embargo, varias mujeres, entre las que se encontraban Mª Magdalena y María madre de Santiago, fueron las primeras en acudir a la tumba donde había sido enterrado Jesús. La encontraron vacía y se convirtieron en las primeras apóstoles en proclamar la resurrección de Jesús y en comunicárselo a los apóstoles, que se mostraron incrédulos.
Tamayo continúa afirmando: “Que hay estudios que demuestran mediante inscripciones en tumbas y mosaicos que las mujeres ejercieron el sacerdocio durante los tres primeros siglos de la historia de la Iglesia. En el siglo pasado se descubrieron inscripciones que hablan a favor del ejercicio del sacerdocio de las mujeres en el cristianismo primitivo. En una tumba de Tropea (Italia) aparece la siguiente dedicatoria a “Lecha Presbytera”, que data del siglo V”.
La verdadera razón del rechazo a las mujeres, explica Tamayo: “Son los planteamientos teológicos patriarcales. La jerarquía prefiere ejercer el poder autoritariamente y en solitario encerrados en la torre de su “patriarquía”, en vez de ejercerlo con las mujeres creyentes, que hoy son mayoría en la Iglesia católica y, sin embargo, no tienen presencia en los órganos directivos y se ven reducidas a la invisibilidad y al silencio”.
3. La Iglesia mantiene una moral sexual trasnochada: Prohíbe el uso del preservativo, anulando la libertad de los cónyuges de tener los hijos que ellos deseen. El papa Francisco fue un gran defensor de las familias numerosas, incluso aconsejando que la cantidad ideal de hijos era tres, sin tener en cuenta las posibilidades de cada pareja. Así se expresó: “Toda familia es célula de la sociedad, pero la familia numerosa es una célula más rica, más vital, y el Estado debe tener todo el interés en invertir en ella".
4. También prohíbe el divorcio, aunque haya maltrato y excesivas discusiones que impiden una relación basada en el amor. Ante esa situación, los hijos sufren serios problemas psicológicos muy difíciles de erradicar. Jesús predicó el amor, no el desamor. “Misericordia quiero y no sacrificio”. (Mt.12:7)
5. Se niega a administrar el sacramento del matrimonio y del orden sagrado a los homosexuales, a pesar de que el 17 de mayo de 1990 la Asamblea General de la OMS eliminó la homosexualidad de su lista de enfermedades psiquiátricas, que se consideró durante mucho tiempo no solo como una conducta reprobable sino como una enfermedad mental curable a través de las terapias de conversión, que tanto daño psicológico han causado. Esas terapias han sido prohibidas por la ley trans. El papa Francisco afirmó que los "actos homosexuales" son un pecado como lo es toda relación sexual "fuera del matrimonio".
Jesús nunca condenó la homosexualidad. Su mandato fundamental fue el de “amaros los unos a los otros” ( Juan 13:34) sin hacer distinciones de tendencia sexual, de etnia, de origen, ni de ninguna otra diversidad, porque todos los seres humanos son hijos de Dios.
6. El gran escándalo que cometió la Iglesia en el siglo XX fue la connivencia con dictadores sanguinarios, con los que firmó concordatos, legalizando esos regímenes. Un concordato es un tratado entre el Vaticano y un Estado para regular las normas sobre asuntos religiosos y jurídicos de interés mutuo. Los principales concordatos con regímenes dictatoriales fueron estos:
1. Concordato con Benito Mussolini, firmado con el Papa Pío XI en 1929.
2. Concordato en 1933 entre el Pío XII y la Alemania nazi firmada con Paul von Hindenburg, siendo canciller Adolf Hitler. La Iglesia legitimó el gobierno de Adolf Hitler, mostrando una connivencia de la jerarquía católica con nacionalsocialismo.
3. Concordato con Antonio de Oliveira Salazar (Portugal) en 1940 con Pío XII.
4. Concordato con Francisco Franco en 1953 con Pío XII. Cabe asimismo recordar que la relación entre Francisco Franco en todo el período de su dictadura (1939-1975) y la Iglesia católica, fue tan estrecha que incluso los obispos permitían que Franco fuese bajo palio al entrar en la catedrales como si de un santo se tratara.
5. Concordato de 1954 , firmado en el Vaticano con el dictador Rafael Leónidas Trujillo (República Dominicana) con el papa Pío XII.
7. El otro gran escándalo fue la pederastia clerical que salpicó a los países con presencia católica. La pederastia clerical es la mayor atrocidad cometida por curas y religiosos en la Iglesia. La Iglesia ha pedido perdón y disponibilidad para reparar económicamente ese crimen, aunque con reticencias. Es de una gravedad tal que el daño causado a un niño o a una niña, especialmente cuando se abusa de ellos sexualmente, es el pecado que más dolió y enfureció a Jesús, hasta el punto de afirmar estas durísimas palabras: “Al que haga tropezar a uno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le sería que le colgaran al cuello una piedra de molino de las que mueve un asno, y que se ahogara en lo profundo del mar. (Mateo 18,6).
El crimen de la pederastia clerical ha salpicado gravísimamente a la Iglesia por su papel encubridor de los casos conocidos, dando carta blanca a que clérigos y religiosos continuaran con los abusos, en vez de sacarlos a la luz inmediatamente y retirar a los pederastas clericales del estado clerical y ponerlos en manos de la justicia. Pero para la Iglesia ha sido sumamente más importante mantener el prestigio de la institución, aunque no lo ha conseguido, ya que una vez han salido a la luz esos abusos por las denuncias, el desprestigio de la Iglesia ha sido de grandes proporciones.
Los protagonistas del encubrimiento ha sido la alta jerarquía: obispos, cardenales y papas que han mantenido cerrados a cal y canto los archivos de los casos de pederastia clerical. El “secreto pontificio” del 4 de febrero de 1974, siendo papa Pablo VI, fue concebido como un “código de silencio” para proteger la información confidencial sobre el gobierno de la iglesia.
Pero en 2001, el entonces cardenal Ratzinger -el futuro papa Benedicto XVI- respaldó extender este código de silencio a los casos de abuso sexual clerical. Al estar la violación del secreto papal castigada con la excomunión, la medida fue criticada por facilitar los abusos clericales y desalentar su denuncia.
Ese secreto fue anulado por el papa Francisco en el 2019, seis años después de ser proclamado Papa. Lo hizo demasiado tarde, facilitando el encubrimiento y el mantenimiento de los abusos.
Conclusión
Por todo lo expuesto, considero que la Iglesia actual mantiene unos principios más arraigados a la Tradición que al Evangelio. Por tal motivo, la Iglesia no es lo que debería ser. Para transformarla, es necesario que la jerarquía, dirigida por el Papa, se plantee realizar una profunda autocrítica, que es imprescindible para la conversión. Esa autocrítica debe ir acompañada de una disponibilidad para escuchar y atender a los teólogos de la liberación, a los sínodos y a los signos de los tiempos. Aferrarse a la Tradición, sin cuestionarla, es una grave ofensa a Jesús, que desmanteló muchas tradiciones judías que iban en contra de su mensaje liberador hacia los pobres, las mujeres, los niños, o el despotismo político. Se opuso a la pena de muerte y sobre todo secundó la conversión a favor de su mensaje.
