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El abuso espiritual y el 'giro católico' de la generación Z

Obispos: más empuje y oración

Confidencia de un obispo que ya murió

Para los Obispos

Obispos: más empuje y oración

Ideas de un compañero que ya falleció Me impresiona mucho que Dios se sirva de nosotros para su Reino. Somos sus instrumentos. Y El no hará nada sin nosotros. Si la gente se aleja es que no sabemos o no queremos atraerla. Los santos de todos los tiempos han sabido vencer dificultades. Algunos hasta dar su vida como mártires.

Hoy el martirio cruento no va a suceder. Estoy seguro de que, habiendo vivido en otros tiempos, quizás hubiéramos entregado nuestra vida. Hoy nos cuesta enormemente más dejar nuestra comodidad o nuestra pereza. Eso es más duro. Eso me parece a mí. Si hemos experimentado en España tal retroceso en vida cristiana, tal ignorancia religiosa, tal pérdida de la conciencia de pecado se debe al poco fervor de los sacerdotes y obispos, a la falta de oración. Y el fervor y el "gancho" en el apostolado se consigue con la oración personal sin prisa. Dos horas diarias nos aconsejan los hombres versados en la vida espiritual. Yo creo que dentro de esas dos horas podemos incluir el breviario bien rezado y la lectura espiritual. La Misa aparte. ¿No soy capaz? ¿Mis nervios no me sostienen en el banco? Pues tomo un libro de lectura espiritual enjundiosa y hago paradas. Así vuelvo a re acostúmbrame a la oración. Con aquel método que llamábamos -creo- "benedictino". Lo mejor es madrugar. Dejar programas nocturnos de televisión y dedicarle al Señor las primeras horas del día. A poder ser volver a Él un rato bueno a la tarde. Muchas veces me hago esta reflexión: Si no me centro cada vez más en Dios, estoy malgastando mi vida. Esto me llenó de alegría la última reunión de pastoral para seglares cualificados de Madrid. Creo que es la mejor noticia del año. Casi todos coincidían en lo mismo: inseparable la vida de oración y el trabajo apostólico. A muchos nos parece que el lugar mejor para la oración del sacerdote es junto al Sagrario. Sea en un lado o en otro, lo importante es practicar nuestra oración personal. Creo que la situación de bastantes sacerdotes y obispos puede ser ésta: Sí, hago oración personal, pero ocasionalmente y un poco a medias, lo estricto, sin mayor empeño, breve y con fe lánguida. En una palabra: muy aburrida. Celebro la Eucaristía, pero sin mayor compromiso interior; como haría su trabajo un digno funcionario. ¡Qué diferencia de los santos! Y hemos de ayudarnos mutuamente a vencer esa barrera absurda del respeto humano que nos suele acompañar. Todos nosotros dimos un día el "sí" a Cristo. Ninguno de nosotros nos hicimos sacerdotes para aburguesarnos. Nuestros ideales fueron muy altos. Tal vez, si alguno hubiera visto la languidez en que iba a transcurrir su vida sacerdotal, habría abandonado la carrera. Pero estamos a tiempo. Nos veremos dentro de unos días en plena alegría pascual. Podremos hablar de estos temas, si te parece. Me gustaría, dentro de la amistad, poder conversar precisamente de lo que ha sido a lo largo de nuestra vida el ideal principal. Me parecería bueno hablar algo sobre a) Los libros leídos de espiritualidad en este último año. El impacto que nos ha podido causar. b) Alguna gracia actual de Dios que haya influido en nosotros de una manera especial. Algo nos saldrá. Lo importante es que vayamos rompiendo el hielo en esta materia. Yo creo que el demonio, sabio de verdad, nos pone este falso pudor en estos temas, porque así nos encontramos más solos y nos puede envolver mejor en el ambiente malo del mundo. Con la alegría de la Resurrección, hasta pronto.

José María Lorenzo Amelibia

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