Hazte socio/a
Última hora
El abuso espiritual y el 'giro católico' de la generación Z

Vibrar de emoción con el sacerdocio

¡Cuantas veces, querido amigo, le doy vueltas a aquella frase de San Pablo a Timoteo: "Admoneo te ut resuscites gratiam Dei quae est in te per impositionem manuum mearum." Supongo que para ti también constituirá esta frase no sólo materia de meditación, sino también una emoción especial, al recordar aquellos momentos solemnes e inigualables de nuestro ordenación sacerdotal.

Me viene, siempre que medito en esto, como fuerza como una fuerza del Señor que me impulsa a entregarme más a la oración y al apostolado. Te lo digo con toda sencillez de alma. Pienso que con ésta u otras frases del Nuevo Testamento, que han sido en ti pura vivencia, te pasará lo mismo.

Me parece que merece la pena explotar todos estos recursos para nuestra santidad y el bien directo o indirecto de los hermanos confiados a nosotros.

Hemos de vibrar con la emoción del sacerdocio, como un recién ordenado. Recuerdo la primera vez que abrí el Sagrario. ¡Qué amor de corazón a corazón! Pues es el mismo Jesús el que baja a mis manos en el Altar, el que distribuyo en la comunión, el que permanece día y noche en el Sagrario. El mismo Jesús que teníamos en la capilla cuando éramos diáconos. Recuerdo a menudo la figura de un sacerdote, fallecido en los años setenta, es de nuestros días: Aita Patxi. Casi siempre iba con la Eucaristía en el pecho, pues marchaba de un pueblo a otro, de una clínica a un hospital siempre visitando enfermos y llevándoles al Señor.

Cuantos vivieron un día la vida religiosa (monjas o frailes no sacerdotes) no hemos renunciado a la santidad. Sigue influyendo en nuestras vidas la entrega generosa al Señor a la que jamás renunciaremos, aunque hayamos cambiado los hábitos por el traje seglar. Son formas distintas de ir a Dios, y hemos de vibrar de emoción por nuestra consagración a la vida cristiana a la que jamás renunciaremos. Por supuesto, si hemos dejado el convento ha sido para mejor vivir nuestra vida en Cristo. Que no solo quienes están entre los muros benditos son llamados a la santidad; y Jesús es el mismo ayer, hoy y siempre y para todos.

Ver página web http://personales.jet.es/mistica

También te puede interesar

Lo último