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"En el nuevo año… espero"

El Jubileo, el sínodo y el Plan Pastoral Diocesano nos hablan de comunidades evangelizadoras, abiertas y tolerantes. Cuento contigo, con cada uno de vosotros, ¡Ponte en camino!

En la misma barca | 5

La paz esté con vosotros. Este es mi saludo y mi deseo en la primera carta del año 2026 a nuestra diócesis. Una paz, que dada la situación geopolítica de nuestro mundo, se ha convertido en un sueño, pero que necesitamos construirla, y restaurarla en nuestra realidad de cada día. Una paz que como nos dijo el papa León XIV el pasado 1 de enero, «Esta es la paz de Cristo resucitado, una paz desarmada y una paz desarmante, humilde y perseverante. Proviene de Dios, Dios que nos ama a todos incondicionalmente». Una paz que no depende solo de las circunstancias externas, pues algunas quedan muy lejos de nuestra realidad, sino que comienza en nosotros mismos, en nuestras actitudes, en nuestras palabras, en nuestras miradas que pueden ser de paz o de violencia que genera la guerra.

Deseo paz para nuestras familias, para nuestras parroquias y comunidades cristianas, grupos y movimientos. Paz para nuestra tierra navarra, tan necesitada de tender puentes, derribar muros, fomentar diálogo, sin conversaciones paralelas. Una paz que nos llama a construirla entre todos, no solo a pedirla o reclamarla, sino a sembrarla con gestos concretos de reconciliación, de diálogo, cercanía y perdón. Una paz que brota del corazón sensible a las necesidades de mis hermanos, nunca de mis rivales. La guerra provoca violencia, pobreza y exclusión, la paz genera solidaridad, especialmente en favor de las personas más pobres y necesitadas de nuestra iglesia y de nuestra comunidad foral.

Paz

En este inicio del nuevo año, es tiempo de mirar el futuro con esperanza. Esta esperanza ha marcado de manera especial el camino de nuestra diócesis en el Jubileo de la esperanza que hemos vivido juntos el pasado año 2025. Ha sido un tiempo de gracia, de conversión, de renovación interior y comunitaria. Un tiempo para volver a lo esencial, para redescubrir la misericordia de Dios. Esperanza que hemos vivido y experimentado el pasado año en el Jubileo de la esperanza. ¡Miles de personas, más de 20.000, han vivido la esperanza en las celebraciones jubilares y han experimentado que Dios los ama a través del perdón recibido en el Jubileo! Una gran riqueza de grupos de Iglesia diocesana ha ganado el Jubileo: catequistas, vida consagrada, monaguillos, scouts, sacerdotes, diáconos, seminaristas, profesores de religión, profesores de colegios diocesanos, teólogos, grupos de apostolado seglar, adoradores nocturnos, misioneros, jóvenes, familias, colegios diocesanos, enfermos.

Pero la sorpresa positiva ha sido cuando han llegado grupos que no acostumbran a participar en temas de Iglesia a nivel diocesano, lo pueden hacer a título individual: carpinteros, ingenieros, filósofos, humanistas, labradores, ganaderos, arquitectos, universitarios, fuerzas armadas, fuerzas y cuerpos de seguridad del estado, músicos, deportistas, estudiantes de filosofía, poetas, escritores, abogados y mundo de la justicia. Una vivencia jubilar que nos ha mostrado la pluralidad y la riqueza de nuestra Iglesia y Comunidad foral.

En el futuro de nuestra diócesis, cobra un significado especial nuestro Plan Pastoral Diocesano, que va a ser nuestra brújula, nuestro camino, como Iglesia para los próximos años. Este Plan es una oportunidad para vivir con mayor conciencia la comunión, necesaria en nuestra Iglesia entre los diversos grupos, movimientos y realidades eclesiales. Todavía tenemos alguna asignatura pendiente en comunión entre grupos y entre personas. Es también una oportunidad para vivir la participación. No podemos quejarnos, no tenemos derecho al pataleo de cómo va, de cómo funciona nuestra Iglesia, sino participo en ella. Es muy fácil y muy cómodo hablar, juzgar y criticar desde mi cómodo sillón, desde fuera, sin implicarme ni hacer nada.

El Plan es una oportunidad para participar y cambiar aquello que no funciona o no responde al evangelio. Y una oportunidad comprometernos en la misión. Que es salida, testimonio, que es anuncio. Nuestra sociedad necesita renovar el mensaje, llenar vacíos existenciales, esos que algunos dicen llenar con canciones, películas… y en eso consiste la misión de nuestra Plan Pastoral Diocesano, trasladar un mensaje a la sociedad de que Dios tiene una palabra, un mensaje para cada uno de nosotros. Como nos decía el papa Francisco, “prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrase a las propias seguridades”. (EG49)

Iglesia

El Jubileo que hemos terminado, el sínodo que hemos trabajado y el Plan Pastoral Diocesano nos hablan de comunidades evangelizadoras, abiertas y tolerantes. Es apostar por una Iglesia que escucha, acompaña y anuncia con humildad y valentía. Es dejarnos interpelar por la realidad concreta de las personas, especialmente de quienes sufren, de los jóvenes que no encuentran vivienda digna, de los mayores, de quienes viven la soledad o la precariedad, de los inmigrantes que buscan un sitio entre nosotros. Queremos ser una Iglesia que cumple, por eso os comunico que la semana que viene se bendecirá y abrirá sus puertas la casa para acoger a las primeras mujeres víctimas de trata, dando luz al proyecto social del Jubileo. Y en esta Iglesia cuento contigo, con cada uno de vosotros, ¡Ponte en camino!

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