Cuando la guerra roba la infancia
"Hoy apelamos a vuestra generosidad, pero también a vuestra imaginación. Hemos organizado unas vacaciones por la paz. Un espacio donde estos niños puedan, por unos días, dejar de sobrevivir… y empezar a vivir, donde puedan descubrir que existe otro mundo: sin bombas, sin miedo, sin odio. Un mundo donde reír no es un lujo, sino un derecho"
En todas las guerras hay víctimas. Pero no todas pierden lo mismo.
Los que más pierden son siempre los más vulnerables: Los ancianos, que ven cómo todo lo que construyeron se derrumba ante sus ojos y que cuando son atacados no tienen ni fuerzas ni un lugar para marchar; y sobre todo, los niños. Niños que no han conocido otra cosa que la guerra, que han crecido entre sirenas, refugios y despedidas. Niños que han aprendido demasiado pronto lo que es el miedo, y que cargan ya con un peso que no les corresponde: la pérdida de sus padres, de sus casas, de su escuela… de su infancia.
Mirarles a los ojos es algo que no se olvida. Porque en esos ojos no hay cuentos ni juegos: hay historia, hay dolor, hay heridas. Muchos han vivido incluso el cautiverio. Muchos han visto lo que ningún ser humano debería ver jamás.
Y entonces uno se pregunta: ¿qué futuro puede construirse desde ahí? Nosotros creemos que sí hay esperanza. Pero la esperanza también se construye.
Por eso hemos organizado unas vacaciones por la paz. Un espacio donde estos niños puedan, por unos días, dejar de sobrevivir… y empezar a vivir, donde puedan descubrir que existe otro mundo: sin bombas, sin miedo, sin odio. Un mundo donde reír no es un lujo, sino un derecho.
Es un reto enorme. Y no podemos hacerlo solos. No podemos engañarnos: esto también es una responsabilidad compartida. Es un problema que interpela a los gobiernos —como el gobierno de México y tantos otros—, pero también a las empresas y a toda la sociedad.
Porque la guerra no es solo un conflicto lejano: es una herida abierta que nos compromete a todos.
Y en este momento, en este año en el que estamos intentando ofrecer a estos niños unas vacaciones de paz, no basta con mirar desde fuera.
Las instituciones deben implicarse. Las empresas deben dar un paso al frente, y cada uno de nosotros tiene algo que puede aportar.
Hoy apelamos a vuestra generosidad, pero también a vuestra imaginación.
Porque ayudar es mucho más fácil de lo que parece: puedes becar desde una hora de estas vacaciones… hasta la estancia completa de un niño. Una hora puede parecer poco.
Pero para ellos puede ser la primera hora en paz de toda su vida.
Puedes hacerlo a través de la web de la Fundación del Convento de Santa Clara, sabiendo que no es solo una ayuda: es abrir una ventana, es sembrar futuro, es devolverles, aunque sea por unos días, lo que la guerra les robó. Y también es algo más: Es darles la oportunidad de volver a su país con algo distinto dentro: recuerdos buenos, vínculos, experiencias de vida, porque ellos serán quienes reconstruyan su tierra.
Y lo harán desde lo que hayan vivido.
La pregunta es: ¿queremos que reconstruyan desde el dolor… o también desde la esperanza?
No mirar ya no es una opción. Porque cuando uno ha visto sus ojos, entiende que quedarse al margen también es una forma de perder.
Hoy puedes elegir.
Ser espectador… o ser parte de la esperanza.
Gracias.