El cierre de la USAID arroja los derechos humanos a un abismo
Manos Unidas asiste con preocupación a las consecuencias del desmantelamiento de la USAID; el parón en las ayudas a la cooperación por parte de la Administración de Estados Unidos que está tenido entre las poblaciones más empobrecidas
(Manos Unidas).-Poco después de comenzar su segundo mandato, Donald Trump firmó una orden ejecutiva para revisar toda la ayuda exterior estadounidense. Esa orden (Orden Ejecutiva 14169) pausó inicialmente casi todos los programas de asistencia internacional, salvo aquella destinada a ayuda humanitaria esencial como alimentos o medicación en caso de emergencia.
A partir ahí, la administración de Estados Unidos inició un desmantelamiento drástico de la conocida como USAID, la principal agencia estadounidense de cooperación internacional, con consecuencias muy amplias para cooperación global.
Tras un periodo de revisión, se decidió cancelar aproximadamente el 83 % de los programas de USAID. Esta medida implica la cancelación de aproximadamente 5.200 de los 6.200 programas que la agencia gestionaba, lo que afecta a áreas críticas como la ayuda al desarrollo, la respuesta a las emergencias y crisis humanitarias o la lucha contra enfermedades como el sida o la malaria.
Desde entonces, Manos Unidas como ONG que lleva más de 65 años trabajando contra el hambre, la pobreza y la desigualdad asiste con preocupación a las consecuencias que este parón en las ayudas a la cooperación por parte de la Administración de Estados Unidos está tenido entre las poblaciones más empobrecidas.
Aunque los proyectos que apoya Manos Unidas no tienen ningún componente que dependa de esa ayuda ahora cancelada, tenemos socios locales en África y América Latina que sí están sintiendo ya el impacto de esta medida de la administración Trump
Aunque no todas las entidades dependen directamente de fondos provenientes de esta agencia, el efecto dominó de la retirada se traduce en proyectos interrumpidos, pérdida de empleo y retrocesos en derechos y servicios básicos que quedan sin cobertura.
El tratamiento de enfermedades como la malaria y el VIH y el trabajo de lucha contra la desnutrición, además de los educativos, apoyo a las poblaciones migrantes y a campesinos e indígenas son los más afectados por esta discontinuidad de la ayuda cuyas consecuencias aún están por determinar.
América Latina, los derechos humanos en un brete
En El Salvador, el Movimiento Salvadoreño de Mujeres (MSM) tuvo que poner fin de forma anticipada a un proyecto valorado en 1,5 millones de dólares, previsto para cinco años. La iniciativa permitía financiar personal técnico, fortalecer la organización y ampliar el trabajo territorial en varios departamentos del país. El cierre abrupto de USAID no solo dejó a la entidad sin recursos clave, sino que frustró planes de coordinación con autoridades locales para avanzar en la prevención de la violencia de género y en políticas de igualdad.
De esta manera, el trabajo comunitario con mujeres y jóvenes ha quedado incompleto y, lo que es peor, las redes institucionales construidas corren ahora el riesgo de diluirse. Este caso ejemplifica cómo la retirada de fondos puede interrumpir proyectos de largo plazo y dejar sin apoyo a comunidades vulnerables.
En Honduras, el impacto ha sido especialmente severo. El Centro de Desarrollo Humano (CDH) vio interrumpidos proyectos dirigidos a mujeres, jóvenes y poblaciones indígenas lenca. La retirada de fondos paralizó procesos de liderazgo juvenil, de prevención de violencias y de defensa de derechos humanos, y redujo drásticamente la capacidad institucional de la organización. En regiones enteras, como el occidente del país, casi todas las iniciativas vinculadas a migraciones se vieron afectadas, dejando a comunidades sin acompañamiento ni servicios básicos.
Una situación similar vive el Organismo Cristiano de Desarrollo Integral de Honduras (OCDIH), que perdió más de un tercio de su presupuesto y tuvo que cerrar cuatro proyectos. La consecuencia directa fue la reducción de personal y el debilitamiento de procesos comunitarios con jóvenes, mujeres y pueblos indígenas. Más allá de lo económico, la organización señala una pérdida de confianza por parte de la población, que ve cómo iniciativas de paz, prevención de la violencia y fortalecimiento organizativo quedan inconclusas.
En Guatemala, la Asociación Paz y Bien no contaba en ese momento con financiación directa de USAID, pero el cierre de la agencia estadounidense de ayuda internacional truncó una alianza estratégica prevista con un socio de esta agencia. La oportunidad perdida limita la ampliación de proyectos en salud comunitaria y nutrición, justo cuando otras organizaciones abandonan el territorio y las comunidades demandan más apoyo. Esto demuestra que incluso los actores indirectamente vinculados a USAID se ven afectados por la retirada de fondos.
África: grave retroceso en salud y educación
La educación y la lucha contra la enfermedad, claves para el desarrollo en África, son, quizá, los dos sectores de cooperación más afectados por el cierre USAID. Así lo confirman desde las diócesis ugandesas de Hoima y Lugazi, y desde la organización Solidaridad con Sudán del Sur.
En la diócesis de Hoima, el cierre de organizaciones socias financiadas por USAID, como ICYD y Abantwana, ha afectado directamente a escuelas de primaria. El acceso a materiales de lectura, las actividades de formación del profesorado y los programas de prevención de la violencia de género en el ámbito escolar se han visto muy reducidos. Como consecuencia, han aumentado el abandono escolar y los embarazos adolescentes. Aunque la estructura institucional de la diócesis se mantiene y los proyectos apoyados por Manos Unidas continúan, la mayoría de las actividades financiadas anteriormente por USAID están paralizadas o avanzan con grandes limitaciones.
El impacto es aún más severo en la diócesis de Lugazi, donde la retirada de fondos obligó a suspender el programa DREAMS y el de Poblaciones Clave y Prioritarias, centrados en VIH, salud sexual y reproductiva y apoyo a adolescentes y mujeres jóvenes. Más de 60 personas perdieron su empleo y se desmantelaron redes de trabajadores comunitarios. Según la diócesis, cerraron clínicas y unidades móviles y se interrumpió la atención sanitaria en zonas rurales. Además, más de 700 menores vulnerables han dejado de recibir apoyo educativo.
Por su parte, Solidaridad con Sudán del Sur señala que, aunque no ha sufrido un impacto directo, la retirada de USAID tendrá consecuencias a medio y largo plazo en países con necesidades extremas, donde muchos servicios esenciales han dependido históricamente de esta financiación.
Todas las organizaciones coinciden en que la retirada de USAID no es solo una pérdida económica, sino un retroceso en derechos, salud y educación que deja a comunidades enteras sin alternativas inmediatas.