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Los conflictos del agua, un desafío global con rostro de mujer

En Etiopía, más de mil millones de mujeres y niñas carecen de acceso al agua potable segura y ellas son las responsables de recolectar el agua. Pero cuando el acceso al agua deja de ser un obstáculo, la vida empieza a cambiar. En el año 2025 en Manos Unidas aprobamos 24 nuevos proyectos de agua y saneamiento

Agua, desafío global

(Manos Unidas).- Abeba recorre un largo camino hasta la única fuente de agua limpia cercana a su casa, cada mañana, antes de ir a la escuela. Hay días —sobre todo en la época de lluvias— en los que avanzar por la ladera que desciende hasta el pozo se vuelve agotador. Cuando va acompañada de sus amigas, el trayecto se hace más llevadero. Entre risas y conversaciones, el tiempo pasa casi sin que se dé cuenta.

La vuelta, sin embargo, es otra historia. Subir la cuesta empinada con el gran bidón amarillo lleno de agua sobre la espalda deja de parecer un juego. El peso es enorme y la responsabilidad, mayor. Abeba procura no derramar ni una gota para evitar regresar a la fuente antes de que anochezca. Los días en que su hermano Kubrom la ayuda con el borrico se convierten para ella en casi una celebración.

En esas ocasiones, Abeba logra asistir a todas las clases que tanto disfruta. Sueña con convertirse en maestra y sabe que, para lograrlo, necesita estudiar. Su madre nunca tuvo esa oportunidad; ni siquiera llegó a aprender a escribir. Abeba quiere un futuro distinto, uno mejor.

La historia de Abeba transcurre en Etiopía, pero ella es solo una de los más de 1.000 millones de mujeres y niñas, que carecen de acceso al agua potable segura. En dos de cada tres hogares, ellas son las responsables de recolectar el agua y destinan a esta labor 250 millones de horas cada día. Un tiempo que podrían dedicar a estudiar, a trabajar o a participar en la vida de sus comunidades.

Abeba tiene que recorrer un largo camino hasta la única fuente de agua. Cuando su hermano Kubrom la ayuda con el borrico, es casi una celebración. | Marta Carreño

Casi 1500 conflictos por el agua desde 2020

Pero, la falta de agua puede, también, ser causa de conflictos entre comunidades, desplazamientos y tensiones políticas, especialmente en regiones donde la escasez es algo crónico. De esta manera, desde el año 2020, y según la Cronología de Conflictos del Agua del Instituto del Pacífico, en el mundo ha habido 1428 conflictos de diversa índole relacionados con el agua.

Mapa de los 1428 conflictos ocurridos desde el año 2020 relacionados con agua. Water Conflict Chronology. Ver aquí.

Y, como en cualquier conflicto, a pesar de ser ellas las más afectadas por estas carencias, son las que menos participan en la gestión de los recursos lo que dificulta encontrar soluciones sostenibles e inclusivas. Esto aumenta el riesgo de conflictos prolongados.

Garantizar acceso seguro al agua y la participación activa de mujeres y comunidades en su gestión es trabajar por los derechos humanos y el desarrollo, además de una estrategia clave para prevenir conflictos y construir sociedades más justas y resilientes.

El Instituto del Pacífico señala también que existen distintas formas de conflicto relacionadas con el agua: en algunos casos, los recursos, las infraestructuras o las personas resultan dañados de manera intencional o accidental; en otros, la falta de acceso o las disputas por el control del agua desencadenan tensiones o violencia; y, en los casos más extremos, el agua misma puede ser utilizada como arma o herramienta de conflicto.

Estos datos muestran que la escasez de agua no es un problema distante: impacta directamente en la vida de millones de personas, genera desigualdad y puede convertirse en un factor de conflictos locales o internacionales. Garantizar el acceso al agua y gestionar los recursos de manera equitativa y sostenible es clave para prevenir crisis, proteger la salud y reducir tensiones sociales.

En Burundi, agua que cambia vidas

En Burundi, el apoyo de Manos Unidas y la labor de su socio local ha contribuido a mejorar la salud, favorecer la educación y abrir nuevas oportunidades de desarrollo. | ODAG - Cáritas

La región de Gitega, en Burundi, es uno de esos lugares en los que el acceso al agua potable sigue siendo un reto diario para miles de personas.

Abbe Longin Bivugire, secretario ejecutivo de la Organización para el Desarrollo de la Archidiócesis de Gitega y Cáritas, y socio local de Manos Unidas en el país africano, conoce de primera mano esta realidad. Desde el Departamento de Desarrollo, trabajan acompañando a las comunidades en ámbitos clave como la agricultura, la educación, la salud y el acceso a recursos básicos. Y, entre todos ellos, el agua ocupa un lugar central.

“No todo el mundo tiene agua potable, ni tampoco todo el mundo puede ir a la escuela”, explica. La falta de infraestructuras obliga a muchas personas, incluidos niños, a recorrer largas distancias para conseguir agua, a menudo desde pozos no seguros.

Esta situación tiene consecuencias directas en la vida de las comunidades. La falta de agua potable está vinculada a enfermedades, limita la asistencia escolar y dificulta el desarrollo de actividades agrícolas y ganaderas.

En algunos casos, escuelas, que pueden tener hasta 1.000 alumnos no cuentan con acceso cercano al agua.

Ante esta realidad, el trabajo conjunto con organizaciones como Manos Unidas está marcando una gran diferencia. Por ejemplo, se han instalado sistemas de abastecimiento de agua alimentados por energía solar. Esto no solo facilita el acceso al agua potable, sino que también contribuye a la protección del medio ambiente.

Gracias a eso, muchas comunidades de Gitega cuentan con ese recurso esencial que antes no tenían: agua limpia y cercana. Este avance ha contribuido a mejorar la salud, favorecer la educación y abrir nuevas oportunidades de desarrollo.

Porque cuando el acceso al agua deja de ser un obstáculo, la vida empieza a cambiar. En el año 2025 en Manos Unidas aprobamos 24 nuevos proyectos de agua y saneamiento, por importe de 1,6 millones de euros

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