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Manos Unidas: "Magnifica humanitas ilumina nuestro trabajo con una DSI viva, dinámica, insertada en lo concreto"

Como Magnifica Humanitas será durante mucho tiempo objeto de debates y análisis desde distintos ámbitos, queremos apuntar los aspectos que nos han parecido más relevantes para el trabajo de Manos Unidas

León XIV

(Manos Undias).- El pasado 25 de mayo, León XIV publicó su primera encíclica, Magnifica humanitas, un texto que nos mantenía expectantesn. Dedicada a la Doctrina Social de la Iglesia (DSI) aclara la elección de su propio nombre, en honor a León XIII, el papa que reinó hace 135 años y que se interesó por la situación de explotación de los trabajadores en tiempos de la segunda Revolución Industrial que dejó una huella imborrable en la vida de las personas.

Igual que su Rerum Novarum abordó las terribles condiciones laborales de los obreros durante la Revolución Industrial del siglo XIX, Magnifica Humanitas [MH] plantea «las cosas nuevas» del siglo XXI, centrándose en el reto de proteger la dignidad humana frente al auge de las nuevas tecnologías digitales. Ante los profundos desafíos que para la dignidad humana supone hoy el avance de la inteligencia artificial (IA), el papa ofrece ya en las primeras líneas de su escrito la gran disyuntiva que resume su reflexión:

La magnífica humanidad que Dios ha creado se encuentra hoy ante una elección decisiva: levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos. Cada generación recibe como herencia la tarea de dar forma a su propio tiempo: hacer madurar la historia como un lugar donde se proteja la dignidad de cada persona, se promueva la justicia y se haga posible la fraternidad. Pero en cada época se cierne el riesgo de construir un mundo inhumano y más injusto. Allí donde la humanidad corre el peligro de perder su rostro, nosotros, los cristianos, alzamos los ojos hacia el Dios que se hizo carne, sabiendo que «el misterio del hombre solo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado [MH 1]
@Vatican Media

Como Magnifica Humanitas será durante mucho tiempo objeto de debates y análisis, desde distintos ámbitos, nos limitamos aquí a apuntar —sin pretensión de exhaustividad— algunos aspectos que nos han parecido especialmente relevantes para el trabajo de Manos Unidas.

En primer lugar, aunque la intención de León XIV sea probablemente recordar la historia de la DSI y sus principales principios como marco previo que determina el discernimiento ante la IA, para Manos Unidas, este proceder ilumina nuestro trabajo dirigido a construir un mundo más justo. Pues el papa nos presenta una DSI viva, dinámica, insertada en lo concreto de la historia. Nos plantea el doble reto —fijándonos sobre las res novae de personas, comunidades y países donde trabajamos— de «no permanecer distante de los sufrimientos concretos de los hombres y mujeres de nuestro tiempo» y de «adaptar la enseñanza del Evangelio al servicio de la dignidad de cada persona y del bien de los pueblos». [MH 21 y 22].

Asimismo, la encíclica hace una amplia referencia ala igual dignidad de los seres humanos; al valor de los derechos humanos; al significado del desarrollo humano integral; a principios como: el bien común, el destino universal de los bienes, la subsidiariedad, la solidaridad, la opción por los pobres, el cuidado de la Casa común, la paz o la justicia social. Como son criterios válidos no sólo para discernir sobre la IA, sino sobre cualquier realidad que pueda poner en riesgo la dignidad del ser humano, resultan de enorme trascendencia para Manos Unidas que se enfrenta con la pobreza, el hambre y la desigualdad. Nos ayudan a hacer un “examen de conciencia” antes de tomar decisiones y de ejercer la responsabilidad, como concreta el propio Papa:

… hablar de bien común significa desenmascarar esta nueva asimetría epistémica, económica y política, nombrando los nuevos monopolios de la IA. Hablar de destino universal de los bienes significa encontrar modos de asegurar el acceso universal a las tecnologías y a la formación. Hablar de subsidiariedad exige proteger la capacidad de las comunidades de decidir y corregir, sin relegar su intervención a una vigilancia posterior, una vez que los estándares hayan sido establecidos en otro sitio. Hablar de solidaridad obliga a reconocer el trabajo invisible, a menudo explotado, que alimenta los modelos algorítmicos. Hablar de justicia pide cuestionar las geografías del poder que definen quién puede programar los modelos y quién es sólo objeto de esa programación, y reconocer que la justicia social no es sólo un objetivo que hay que tutelar después de la adopción de las tecnologías, sino una condición que se debe poner en práctica desde su diseño [MH 109]

Aunque no sea el único, el tema central de la encíclica es, sin duda, la honda preocupación por el avance acelerado de la inteligencia artificial [MH 97-111] que plantea profundos desafíos para la dignidad humana. Su implementación actual va peligrosamente en la línea de “considerar a la persona como un objeto manipulable o un recurso para optimizar, eliminando todo lo que pone límites a la maximización del beneficio: lo que importa es la eficiencia, no el respeto a la libertad y a la dignidad humana. [MH 172]. Evidentemente, Manos Unidas no vive ajena a esta inquietante realidad. 

Riesgos de la IA

Magnifica Humanitas nos da entonces la oportunidad - tanto por su marco antropológico como por su referencia a situaciones concretas - de situarnos ante el creciente riesgo de un desarrollo distorsionado que provoca nuevas dependencias, exclusiones, manipulaciones y desigualdades. [MH 95]. El Papa no da respuestas, ni siquiera a la IA. Apuesta más bien por ofrecer claves para un discernimiento compartido desde una antropología humana y cristiana. Frente a las falsas promesas del transhumanismo y posthumanismo de una superación siempre creciente de nuestros límites, León XIV reivindica el valor de la humanidad herida, de piel y corazón doliente, consciente de su límite y abierta, sobre todo, al rostro y a la limitación ajena, como afirma en este apartado:

“… hablar de bien común significa desenmascarar esta nueva asimetría epistémica, económica y política, nombrando los nuevos monopolios de la IA. Hablar de destino universal de los bienes significa encontrar modos de asegurar el acceso universal a las tecnologías y a la formación. Hablar de subsidiariedad exige proteger la capacidad de las comunidades de decidir y corregir, sin relegar su intervención a una vigilancia posterior, una vez que los estándares hayan sido establecidos en otro sitio. Hablar de solidaridad obliga a reconocer el trabajo invisible, a menudo explotado, que alimenta los modelos algorítmicos. Hablar de justicia pide cuestionar las geografías del poder que definen quién puede programar los modelos y quién es sólo objeto de esa programación, y reconocer que la justicia social no es sólo un objetivo que hay que tutelar después de la adopción de las tecnologías, sino una condición que se debe poner en práctica desde su diseño”. [MH 109].

Pero Magnifica Humanitas va más allá de consideraciones teóricas y nos recuerda situaciones - muchas de ellas bien conocidas en Manos Unidas - donde la existencia del ser humano está atrapada en unas crisis exacerbadas por la IA: jóvenes, en su mayoría mujeres, que trabajan duro a cambio de remuneraciones mínimas; brutales tareas de extracción de los recursos necesarios para la producción de los dispositivos; adolescentes que trabajan en condiciones peligrosas para obtener tierras raras; cuerpos marcados, mutilados, consumidos para que el flujo de los cálculos no se interrumpa; redes criminales que utilizan plataformas en internet para la trata, etc. “Esta realidad - como dice el Papa - interpela profundamente la conciencia moral de nuestro tiempo. No basta con invocar la eficiencia ni con alabar los beneficios de la innovación, si estos se basan en una cadena de explotación que se mantiene deliberadamente oculta. Si una tecnología promete emancipación, pero produce nuevas formas de subordinación global, contradice el principio fundamental de la dignidad de la persona”. [MH 173].

Desarmar la IA significa sustraerla a la lógica de la competencia armamentística, que hoy ya no es sólo militar sino económica y cognitiva. Es la carrera por el algoritmo más eficaz y por el banco de datos más amplio, para consolidar una ventaja geopolítica o comercial sobre todos los demás. Desarmar quiere decir romper esta equivalencia entre poder tecnológico y derecho a gobernar. Desarmar no significa renunciar a la tecnología, sino impedirle el dominio sobre lo humano. Significa sustraerla a los monopolios, hacerla discutible, refutable, y por tanto habitable, restableciendo en ella la pluralidad de las culturas humanas y de las formas de vida. […]. La IA es ya un ambiente en el que estamos inmersos y un poder que debemos afrontar. Por eso, no basta regularla; es necesario desarmarla y hacerla acogedora [MH 110]

Finalmente, celebramos las valientes palabras del Papa ante un modelo económico y unas guerras exacerbadas por la IA que empobrecen todavía más a los pobres. En efecto, no ignora que, en las crisis económicas y financieras, son siempre los pobres quienes pagan el precio más alto, mientras que las teorías que prometen un bienestar general automático suelen resultar ilusorias”. [MH 158]. Tampoco olvida los enormes intereses económicos que están detrás de las guerras. [MH 193]. De allí la importancia que da a la palabra “desarmar”:

Encíclica

Estamos, sin duda, ante una gran encíclica tanto por su objeto como su enseñanza resumida en la siguiente reflexión de John Ronald Reuel Tolkien que recoge el propio Papa:

No nos atañe a nosotros dominar todas las mareas del mundo, sino hacer lo que está en nuestras manos por el bien de los días que nos ha tocado vivir, extirpando el mal en los campos que conocemos, y dejando a los que vendrán después una tierra limpia para la labranza [MH 213]

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