Vigilia de la Iglesia de Madrid para que "nadie tenga que dejar de ser persona para poder cruzar una fronter"
El texto leído denuncia que los CIE «continúan siendo espacios de vulneración sistemática de derechos», y que, a nuestro país, como ha dicho el papa León XIV, «llegan vidas heridas, despojadas de casi todo, pero nunca de su dignidad»
La 112ªJornada Mundial del Migrante y del Refugiado ha reunido este 26 de septiembre de 2026 en las inmediaciones del Metro de Aluche a la Iglesia de Madrid y diversas organizaciones sociales para una Vigilia en Apoyo a las Personas internadas en los CIE. Un acto en el que se ha querido «Sostener la Esperanza ante fronteras que encierran», como rezaba el lema del encuentro.
Una jornada que tiene como lema «Incluso uno solo de estos pequeños», que centra su foco en los menores afectados por la inmigración y la huida. Aunque los menores no sean internados en los CIE, sí que algunos de ellos se ven separados de sus padres y madres, que sí son internados, lo que quiebra vínculos y afecta a la vida familiar.
Una jornada que este año tiene como tela de fondo la situación que se está viviendo en Ceuta, donde muchos viven, «un infierno de rechazo y condiciones indignas», como reconocía una de las voluntarias que han acompañado allí a los migrantes. Son personas que, como también sucede en los CIE, se encuentran sometidas a la incertidumbre, la violencia, la espera, la falta de información y de derechos básicos.
Piezas prescindibles
La falta de acogida de los que no cuentan, de quienes son vulnerables, siempre produjo indignación en Jesús, afirmaba el Vicario de Pastoral de la Archidiócesis de Madrid, José Luis Segovia. Son situaciones que continúan presentes dos mil años después, con personas que buscando sobrevivir se ven forzados a abandonar sus hogares. Como hacía ver Josito, «huyen de la guerra, de la persecución, de la pobreza o del cambio climático», y lo hacen muchas veces en condiciones precarias y siendo víctimas de las mafias, o «les reducen a piezas prescindibles de un tablero geopolítico».
«La dignidad no se pierde en las fronteras», subrayó el Vicario de Pastoral, que considera que «cada vida en su singularidad irrepetible tiene un valor infinito y debe ser respetada siempre», como ha recordado el papa León XIV en diversas ocasiones. A partir de esa premisa, la vigilia la ve como un clamor para que «alcance a los políticos de todos los colores el sufrimiento de las personas desplazadas, para hacer visible lo invisible y para que nuestra ciudadanía cambie la mirada sobre una realidad que ciertamente nos problematiza, pero que, bien administrada nos enriquece».
José Luis Segovia llamó a presentar al Altísimo a las personas internadas en el CIE, muchas de ellas gente con fe, que «a pesar de lo vivido, mantienen intacta su confianza en el género humano». También llamó, en un momento histórico en que los avances en materia de Derechos Humanos están en el alero, a promover como Iglesia el diálogo y el encuentro, ante la radicalización de los discursos, las respuestas simplistas, la apelación al miedo al diferente, la polarización política y social, la falta de atención pronta, cuidadosa y diligente a todos los que padecen.
Una oportunidad para sentir la necesidad de ser responsables de nuestros silencios y acciones. También para pedir que «el Altísimo, Compasivo y Misericordioso nos ayude a no naturalizar la injusticia y a evitar normalizar el dolor evitable», y que trabajemos para que «absolutamente nadie tenga que dejar de ser persona para poder cruzar una frontera».
Somos seres humanos
Los participantes han tenido la oportunidad de escuchar el testimonio de algunos migrantes, que han puesto de manifiesto lo difícil que es dejar el propio país en busca de seguridad, trabajo o la posibilidad de construir un futuro digno. Al llegar, son muchos los que pasan miedo ante la incertidumbre administrativa que sufren. Son migrantes que reclaman que aquellos que han superado una frontera vean respetados sus derechos, pues, como afirmaba uno de ellos: «no somos solo extranjeros, somos seres humanos», que pedía que las fronteras no ignoren la humanidad común, ni priven a nadie de ser tratado como un ser humano. Y es que no es fácil hacer una maleta en la que pesa el miedo, pero también está cargada de esperanza.
Un encuentro para preguntarse y compartir lo que ayuda a sostener la esperanza, al final del cual se ha leído un manifiesto con el que han querido alzar la voz y velar en solidaridad con las personas privadas de libertad en los Centros de Internamiento de Extranjeros, uno de los cuales se encuentra a pocos metros del lugar donde se ha llevado a cabo la Vigilia. El texto ha denunciado que los CIE «continúan siendo espacios de vulneración sistemática de derechos», y que, a nuestro país, como ha dicho el papa León XIV, «llegan vidas heridas, despojadas de casi todo, pero nunca de su dignidad».
Convocados por una Esperanza que surge de lo profundo y del trabajo cotidiano de muchas personas y organizaciones, es necesario el encuentro y por ello, la Vigilia ha querido ser «oración, denuncia, silencio, testimonio y presencia», en la que se ha pedido el fin de los CIE y que, como dice León XIV, «se puedan encontrar soluciones de paz, de estabilidad y de justicia».