El fraile recuerda, por primera vez, la tragedia que vivió, en primera persona, el pasado sábado, cuando un perturbado entró en el monasterio franciscano de Gilet, atacando a palos y botellazos a los siete frailes, matando a uno de ellos e hiriendo a otros tres, entre ellos el mismo
"En España tenemos un problema grave con la salud mental. No hay recursos, no hay centros. Esta gente está como está, y en un momento en que se les cruzan los cables, pues ya está. Coincidió que pasaría por aquí, que estaba la iglesia abierta, se escondió y pudo acceder, no hay más. Esta persona era un perturbado. No era un asesino, ni un yihadista... Estaría drogado, o lo que fuese"
"¿Yo?, pues me siento con Dios, en manos de Dios. Estoy vivo, pues porque Dios ha querido, porque la intención de ese chico era que estuviese muerto. Dios sabrá"
"Esto no puede cambiar nuestra vida. Esto en todo caso la tiene que mejorar o profundizar. Pero nuestra vida tiene que ser, con nuestras luces y con nuestras sombras, intentar vivir el Evangelio con sencillez, en acogida, en serenidad. Nosotros procuramos ser una casa acogedora. Una casa con los brazos abiertos"