El trato que Europa está dando a los refugiados situados en la frontera de Grecia con Turquía, es vergonzoso. ¿Dónde está la humanidad que ha caracterizado al viejo continente durante tantos años?
¿No se nos cae la cara de vergüenza cuando vemos a hombres, mujeres y niños en campos de refugiados que no son sino meros estercoleros?
¿Qué hemos hecho de la dignidad humana de estas personas, tratadas por los gobiernos europeos peor que si fuesen animales?
Ante esta actitud de Europa, inmoral, insolidaria y antievangélica, hace falta reencontrar urgentemente unas relaciones más fraternas