Tiene razón el admirado teólogo palentino, J.J.T., al afirmar que las “personas místicas” fueron incómodas al poder, “sospechosas de heterodoxia, rebeldía y de dudosa moralidad” y “sometidas a todo tipo de controles de ortodoxia”, y sobre todo -añado- si eran mujeres
Sor María de Jesús de Ágreda y Santa Teresa de Jesús (1515-1582) fueron mujeres de procedencia conversa y, para el control de ambas, la Iglesia Católica se sirvió de la Inquisición
Los confesores, también censores eclesiásticos, fueron instrumento muy utilizado y muy eficaz para el control de las místicas, todas “peligrosas”
Como dijo el Papa, Sor María de Jesús de Ágreda fue “mujer enamorada de la escritura”, pues a semejanza de Teresa de Jesús escribió mucho