"Con el corazón ardiente por la fuerza de tu Palabra de Vida Eterna, acudimos ante Ti, Santo Cristo de los Milagros de la Grita, desde los montes y valles andinos, desde nuestras ciudades y aldeas"
"Tus brazos abiertos abrazan a tantos hombres y mujeres de todos los tiempos para brindarles seguridad, fortaleza, salud espiritual y corporal, liberación del mal y del pecado"
"Tú nos ha dado a conocer el amor salvífico del Padre y nos ha regalado la fuerza del Espíritu Santo"
"En tus brazos amorosos colocamos a nuestra gente, los hombres y mujeres que caminan sabedores de tu compañía. A nuestros sacerdotes, seminaristas y religiosas; nuestras familias que son esa pequeña Iglesia Doméstica"
"Nos consagramos todos a Ti. Y, al hacerlo, recordamos que somos “ofrendas vivas” como lo fuiste Tú ante Papá Dios"
"¡Quédate con nosotros!". "Así te sabremos reconocer en el partir del pan en todo tiempo y lugar"