Una oportunidad perdida, toda vez que Brambilla, y no Artime, es la prefecta del dicasterio, y que el Rosario no es una celebración sacramental, sino una oración mariana que, a diario, presiden mujeres en parroquias de todo el mundo
El momento, además, parecía propicio: por primera vez, una mujer preside un dicasterio vaticano, y son precisamente los jefes de los 'ministerios' de la Santa quienes dirigen, cada noche, los rezos del santo pueblo de Dios para rogar por el restablecimiento de la salud de Francisco
Impedir que Brambilla sea quien presida la ceremonia es, consciente o inconscientemente, una forma de perpetuar el patriarcado en la Iglesia, precisamente en temas que no debían estar en discusión: para rezar por el Papa no es precisa la púrpura. A veces, incluso, hasta sobra.