José Luis Calvo es el párroco español que, recién llegado a Perú, acudió a la llamada de auxilio de miles de personas desesperadas de un populoso barrio del distrito limeño de San Juan de Miraflores
Su consigna es clara: "Se puede morir de COVID-19, pero no de hambre"
Gracias a su experiencia en Cáritas en España, Calvo convirtió en un abrir y cerrar de ojos esta parroquia en un gran centro de reparto de ayuda para 150 asentamientos humanos
Ha establecido una gran red de donaciones para llenar cada día de pandemia 88 ollas comunes y alimentar a unas 8.000 personas desfavorecidas en uno de los rincones de mayor pobreza de Lima
Aunque la cuarentena terminó el 30 de junio, la precaria situación sigue igual, y más del 70 % de las 54 familias que forman el Asentamiento Humano Las Piedras continúan desempleadas
En este tiempo difícil, la respuesta de la gente que quiere colaborar ha sido grande, desde que salio en una televisión local
"Mi teléfono echa humo. Si quiero empezar bien el día, que es rezando, tengo que estar en la capilla a las 5:00, porque ya desde las 6:00 empiezo a recibir llamadas y no me da tiempo a nada hasta las 18:00 que tengo la misa"