Que nuestro “Hosanna” se haga fidelidad, incluso cuando llegue la cruz
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Que nuestro “Hosanna” se haga fidelidad, incluso cuando llegue la cruz
Hoy entramos con Jesús en Jerusalén llevando nuestras palmas: unas llenas de alegría, otras marcadas por la fragilidad y el cansancio.
El Domingo de Ramos nos recuerda que seguir a Jesús no es solo aclamarlo cuando todo brilla, sino acompañarlo cuando el camino se oscurece. La misma multitud que gritaba “¡Hosanna!” es la que, días después, guardó silencio o se volvió en su contra.
Jesús entra montado en un burro, sin fuerza ni poder, pero con una ternura que desarma, mostrándonos que en la debilidad Dios nos hace fuertes. Nos invita a entrar con esta misma humildad, sin máscaras, con el corazón dispuesto a servir.
Hoy, más que levantar ramos, estamos llamados a levantar nuestras vidas. Que nuestras palabras se conviertan en acción, y que nuestro “Hosanna” se haga fidelidad, incluso cuando llegue la cruz.
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