Cárceles andantes
Sobre la prohibición del “niqab” y el "burka”
El “niqab” y el "burka” representan problema que cada Estado europeo se afana a su manera en resolver, pero también lo sería que que todas las cabezas fueran iguales, que se cubrieran de la misma forma. Cada quien con su paso y su pasado, con su cultura, hábitos y costumbres... estamos destinados a avanzar hacia un espacio común, hacia una plaza de todos
Tan importante como lo que nos ponemos sobre la cabeza, es lo que capaz de abrigar nuestro corazón. Ponderar sobre la prohibición del “niqab” y el "burka” que se discute en el Congreso de los diputados no es fácil. Confluyen en el debate factores de muy diverso orden. ¿Qué ha de hacer la Administración del Estado con esta patata tan caliente, ante esas cárceles andantes?
Cuando he visto, sobre todo en Francia, esos tristes atuendos, me ha asaltado la pregunta de si en verdad esas mujeres no desean una colección más amplia y colorida en su armario. En realidad, se trata de una cuestión de jerarquía de principios y no es fácil observar qué principio habrá de preceder a otro. Son cuestiones muy profundas que por supuesto habría que desnudar de ideología. No se puede politizar esta cuestión, no se debería hacer batalla política con la vestimenta de estas mujeres subyugadas por una tiránica tradición.
El “niqab” y el "burka” son lutos andantes, banderas trágicas, señulos de la más férrea postración femenina. ¿Deberán las autoridades llegar a prohibirlas en Europa? Las prohibiciones seguramente no resuelven nada, generan más rechazo, pero qué hacer ante tan flagrante y extendida opresión. ¿Cómo construir un mundo en el que nos podamos encontrar, en el que haya un sitio para topas las culturas, para todos vestidos y sus algodones y a la vez en el que se respeten los derechos de la mujer y su cabello al viento?
Sí, la libertad por encima de todo, pero también es cierto que la mujer no puede elegir encerrarse en una cárcel de negro algodón de por vida. ¿Una Ley en el Boletín Oficial del Estado será llamada a liberar a esa mujer del “burka” o más bien habrá de liberarla una creciente conciencia de libertad en su ámbito? ¿Una claúsula muy occidental será llamada a sacarla de tamaña opresión o más bien será ella misma la que deberá de dar los pasos de su propia emancipación?
Una mirada crítica se pueda también volcar sobre nosotros mismos. Un mundo hipersexualizado no crea puentes, no contribuye precisamente al encuentro entre civilizaciones. Un Occidente siquiera un pelín más recatado, menos libertino y promiscuo quizás ayudara a que mermaran estos atuendos que representan también una gran carga de rechazo a nuestra civilización.
La extensión de la “hiyad” y “el chador” que permiten que el rostro de la mujer respire y a la vez sea visible bien podría apuntar hacia una solución del problema. Las mujeres islámicas podrían mantener una cierta identidad cultural y religiosa, pero sin llegar al extremo de absoluta ofuscación que para ellas representan el “niqab” y el "burka”. Al fin y al cabo el Corán (C 33:59), únicamente recomienda a las creyentes que se cubran con su manto cuando salen a la calle.