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"Ser para el otro" versus prioridad personal

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Nuestra alma no conoce fronteras. Nuestra nación era la humanidad entera. ¿De qué "prioridad" estamos hablando? Mi carnet no me da ninguna prioridad. Mañana cuando abandone esta urna de carne, “la prioridad”, el acceso a más luz, a más paz, a más gloria, me la concederá precisamente el olvido de mí, de mi eventual prioridad, si en algún momento la he podido gozar.

No presentaremos un DNI nacional, se revelará silente una luminosidad del aura. El privilegio al que aspiramos no es de esta esfera. Siempre en todo pasillo, en toda circunstancia y lugar, ceder el paso. Otro turno sin empujones nos aguarda. Quisiera acariciar en mi bolsillo el número de otra suerte de papel, meritar otra Sala de suspirada Espera. Un día preferiremos la dicha celeste al más privilegiado "servicio social" de la tierra. La "prioridad" en la Escalera de oro nos la proporcionará ese olvido propio, ese colocarnos al final de la cola. Nos la otorgarán cuando seamos más para el prójimo que para nosotros mismos.

Estamos saturados de esa tan popular "prioridad personal", como si hubiera algún momento en que pudiéramos olvidarnos de nuestros más elementales cuidados. Somos para dar cada vez más la espalda a nuestro ego insaciable. Estamos cansados, saturados de nuestro ombligo. Quisiéramos ser un día como los Grandes Seres que siempre antepusieron al prójimo, que se pusieron al final de la lista, que lo último en que se le ocurrió pensar fue en ellos mismos…

La “prioridad” nos la dará dejar de conjugar en primera persona, ser para el mundo, ganar espacios de pensamiento para los demás. Hollemos caminos de santidad y abandonemos toda tentación de prioridades y demás egos disfrazados. “Venga a mí el dolor del mundo...” dijo el más Santo.

Artaza 25 de abril de 2026

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