Una Conversación Con María Magdalena
#MaríaMagdalena2.0
Al Maestro lo conocí una hermosa tarde le vi rodeado de los pescadores, Oí lo que hablaba a todas las personas que estaban en las orillas de mar. Mi vida cambió me trasformo.
Es una dramatización de una entrevista con María Magdalena.
Personajes: Dos mujeres, una Periodista y María Magdalena.
Escenario: en una sala dos sillas una mesa con un florero,
Vestuario; la periodista traje formal moderno. María una túnica, sandalias de cuero,
Una solo escena.
P- Buenas tardes, María Magdalena, gracias por concedernos esta entrevista que es una ventana abierta con el pasado. Este encuentro es para conocer mejor a las actrices de la antigüedad y conocer de sus labios su historia. Para ver el reverso de lo que aconteció que se dieron en el movimiento de Jesús.
M- El placer es todo mío, no pensé que lo vivido con el maestro sería importante. Lo que viví y las mujeres que estuvimos con él fue porque él nos somos permito seguirle. Ningún grupo tenía mujeres, y a los hombres no les gustaba mucho como el Maestro nos trataba.
P- Es por eso que nos interesa conversar con Usted. En el desarrollo de la historia no se destaca lo que hemos hecho. Pero hoy sabemos que hemos estado presente de manera activa. Usted es un ejemplo de esa presencia como una mujer de valor y coraje que se han destacado desde sus espacios y han producido cambios. Revisando el pasado las vidas de las mujeres en la Biblia en los Evangelios usted se destaca como discípula de Jesús superando los prejuicios y las normas culturales de su tiempo. Y es sobre eso que deseo hablar con usted.
Lo primero es saber quién fue María Magdalena, en sus primeros años, como fue su vida.
M- No entiendo todo lo que me dice hay palabras que no sé de qué me habla. Pero puedo decirle como fue mi vida, como cambio cuando conocí al maestro, y como fue caminar con él. Cuando era niña puedo decir que fui muy feliz, mi padre fue un pescador y con el tiempo se convirtió en un comerciante de pescados se llamaba Tobías. Él me llevaba a las orillas del mar de Galilea, todos los pescadores me conocían. Tenía un lugar especial donde me gustaba sentarme y ver el mar y pensaba en lo que habría más allá. Era muy traviesa tenía amiguitos varones, con ellos jugaba. A mi Madre Ana no le gustaba que fuera con mi padre, siempre discutían porque yo tenía que aprender los oficios de la casa. Pero a mi padre le gustaba estar conmigo y él me complacía en todo. Me hacía regalos caros de túnicas y perfumes.
P- Cuéntenos ¿Cómo conoció a Jesús?
M- Al Maestro lo conocí una hermosa tarde le vi rodeado de los pescadores, Oí lo que hablaba a todas las personas que estaban en las orillas de mar. Mi vida cambió me trasformo. Desde aquel momento dejé lo que era mi vida, A mí no me gustaba hacer nada en la casa, le mentía a todo el mundo, era vanidosa, si alguna de mis amigas una túnica yo quería una igual o mejor. En fin, era una persona egoísta y no pensaba en el otro. Todo cambio cuando conocí al Raboni (Maestro). Me trasformé en otra persona y la gente de la aldea se dio cuenta.
P- Entonces María los demonios que te saco Jesús eran todo eso que me cuentas.
M- Si, se puede decir que eran demonios porque me alejaban de la gente y quizás más se puede decir que yo era una persona rebelde, y no se esperaba un comportamiento así de una mujer. Todos me conocían. Porque no me quedaba en la casa yo salía y hablaba con todas las personas en el mercado.
P- Sabes que se cree que eras prostituta.
M- No me sorprende, es que las mujeres no podíamos caminar sola ni hablar con hombre en público y yo lo hacía. Me gustaba, ninguna familia quería una joven que salía por las calles sola. Mi madre estaba a penada y me decía que no me iba a casar.
M- En una ocasión un Maestro de la ley llamado Simón convido al maestro a su casa yo fui con mi padre. Me preparé tome el perfume que mi padre me había regalado y lo lleve conmigo. Cuando estuvimos en el salón yo llena de amor y gratitud, tome el perfume y lo derrame en sus pies, de mis ojos salieron lágrimas que se mezclaron con el perfume. Al maestro le agrado porque nadie le había hecho un gesto de amor como el que le hice. Y es que era poco de lo mucho que me dio.
P- Que interesante todo lo que me cuentas. Doña María Magdalena ¿cómo se integró al movimiento de Jesús?
M- Yo conocía a casi todos los pescadores hable con Andrés, y él me llevo donde el Maestro le dije que le iba a seguir y así inicie el seguimiento. Después de ese día me dediqué por completo al ministerio. Ya eran partes algunas de las madres de los discípulos, sus esposas, mujeres que fueron sanadas. Se puede decir que yo me convertí en la líder de las mujeres que caminamos con Jesús. Raboni me decía los que iba a hacer. Como estuve siempre junto a mi padre supe como organizarnos para ser el sustento de la misión. Lo primero era juntar los denarios necesarios, comprar los alimentos cuando salíamos en peregrinación a Jerusalén.
P - Cuéntame un poco de la última peregrinación.
M- Para mí es muy doloroso recordar esa peregrinación; porque después de esta no tenemos a Jesús con nosotros. Pero lo que nos dijo se cumplió. El Vive
y yo lo puedo decir con fuerza porque yo lo vi.
P- Ya llegaremos a ese momento, me interesa saber qué hacía usted y las mujeres en la peregrinación.
M- Esta peregrinación fue distinta el Maestro nos dijo lo que iba a pasar. La mayoría iba con mucho entusiasmo, cada uno de los discípulos tenían sus propias expectativas. Pero a pesar de que en todo momento el maestro nos decía que iba preparando para ese momento no comprendíamos del todo a lo que nos enfrentábamos. El Maestro en cada descanso en cada parada una enseñanza, una exhortación. Mi corazón no dejaba de agitarse porque yo sentía que estábamos llegando a una situación muy difícil, él me lo dijo. Con el grupo de mujeres participábamos y podíamos preguntar. Raboni nos trataba con ternura y cariño. Tanto a Juan como a mí nos trató muy cerca nos preguntaba si nos faltaba algo, si estábamos bien.
P- Dígame María Magdalena como era el trato entre las mujeres.
M- Nos queríamos como una familia cada una teníamos un don especial y María la madre de Santiago y Juan se encargaba de los alimentos Junto a Salomé. Por otra parte, Susana y Juana y yo buscamos el dinero para los alimentos, y las yerbas para las dolencias en el camino; así nos organizábamos. Cuando hacíamos una parada y venían madres con sus hijos María la hermana de la madre de Jesús cuidaba de los niños para que ellas pudieran escuchar el mensaje. Nos juntábamos en las mañanas para ver que nos faltaba. Con Felipe y Judas ellos iban a las aldeas a comprar lo que nos faltaba. Los varones iban siempre delante y nosotras detrás felices por ser parte del movimiento de Jesús. Estoy segura de que el maestro nos dio un sentido a nuestras vidas conocimos un poco más nuestra región. Fuimos testigo de milagros que nunca pensamos ver, muchas vidas fueron transformadas. Cuando llegábamos a una aldea los niños eran los primeros en saltar de felicidad. Y Jesús los abrasaba con amor y ternura. Nos enseñó que debíamos ser como niños para ser parte de su reino.
P- María se nos acaba el tiempo de esta ventana con el pasado. Nos puede contar los momentos desde la crucifixión a la resurrección de la cual usted fue la primera testigo.
M- Fueron momentos intensos, de desesperación, angustia, miedo. Después de la celebración de las pascuas. Nosotras nos quedamos en la casa para limpiar y recoger todo lo que quedo en el Aposento Alto. Juan llegó agitado nos dijo que se habían llevado a Jesús. Todas salimos con Juan para ver donde estaba. Llegamos al patio del palacio los Soldados no nos permitían avanzar. Esa noche fuimos a las casas que nos dieron acogida; ninguna de nosotras durmió. A la mañana siguiente nos dijeron que estaba en el palacio fuimos hasta allá, muchas personas estaban frente al balcón. Vimos al Maestro siendo tratado como un delincuente. Me duele recordar todo lo que paso. Era todo tan confuso los gritos de las personas, Por un momento pensé que lo iban a soltar. Pilato dijo que no encontraba ningún mal, y se lavó las manos. Luego trajeron a Barrabás. Pusieron al pueblo a elegir entre Barrabás y Jesús gritamos con todas nuestras fuerzas, desde las entrañas gritamos por Jesús. Pero fue en vano, nos quedamos solas. Cuando salió para el Gólgota estaba ensangrentado golpeado cargando el madero que colgaría su cuerpo. El camino al Gólgota o Calvario fue nuestro propio camino a la muerte, porque poco a poco moríamos nosotras también. Solo Juan permaneció con nosotras, no decíamos nada. Por momentos estaba tan enojada que no lloraba, buscaba entre la multitud algún rostro conocido, no veía a ninguno de los varones. María la madre de Jesús su hermana y yo no nos sosteníamos las una a las otra. En un momento un fariseo se acercó a nosotras y no dijo unas palabras de consuelo. Nosotras nos quedamos hasta el último suspiro. El fariseo que nos habló era Nicodemo, tenía permiso de sepultar a Jesús. Como las cosas pasaban tan rápido lo envolvimos en una túnica que llevo Nicodemo. Salomé yo fuimos hasta el sepulcro guiadas por Nicodemo y tres hombres.
Al día siguiente en el sabbat nos juntamos las mujeres y preparamos el aceite, perfumes para ungir el cuerpo de mi maestro. Fue un día tranquilo silencioso hicimos las oraciones, no cantamos. Los discípulos se quedaron en el aposento alto lleno de miedo. Comentaban sobre la traición de Judas, y la negación de Pedro.
P- Waoo!! María Magdalena escuchar este relato desde su posición nos habré más a la comprensión de los que fue ese trance amargo de la crucifixión, perdone continúe.
M- Si fueron momento de mucha tensión, desorientación pasaron muchos días para que el movimiento retomara la misión.
P- Querida para terminar de verdad. Como fue el momento de la resurrección.
M- Fue el domingo muy temprano habíamos quedado las María ir al sepulcro para realizar la celebración de ungir al muerto.
P- Dime de que Marías, estás hablando
M- De María la madre de Jacobo y Juan, María la hermana de La madre de Jesús y yo. Yo era la que sabía dónde habían colocado su cuerpo. En el camino nos preocupaba la grande la piedra, que tapaba la tumba. Recuerdo como María la hermana de la madre de Jesús me preguntaban ¿quién nos removerá la piedra? mi respuesta fue Dios proveerá. Cuando llegamos de nuevo el susto, la sorpresa, la angustia. Nosotras lloramos, gritamos, entramos a la tumba, miramos no estaba su cuerpo. Vi a un hombre y pregunté donde lo han llevado. Oí su voz como tantas veces antes, lo quise tocar y no me lo permitió.
Nos dijo vallan a los míos y díganle que regresen a Galilea que allá le veré. Y eso hicimos.
P- Muchas gracias María Magdalena por este testimonio que has compartido con nosotras sé que será de bendición para nuestras vidas. Le gustaría agregar algo más.
M- Quiero que sepan que el Maestro pensaba en la gente que iba a creer en él y oró por ustedes. Su afán era que pudiéramos conocer al Dios verdadero al Padre que lo envió. Y esa fue nuestra misión. Hacer el bien amarnos todos.