Corazonando la Cuaresma
#8MCuaresma
Hablar de Dios como Padre-Madre nos permite contemplar un corazón que abraza
La Cuaresma es un tiempo que invita a volver al corazón, a ese lugar íntimo donde Dios nos habla en el silencio y nos llama por nuestro nombre. Desde nuestra experiencia como mujeres en la Iglesia, este camino cuaresmal adquiere un matiz profundamente maternal y esperanzador: es el tiempo de gestar vida nueva en medio de las pruebas, de acompañar el dolor sin perder la fe y de sostener la esperanza aun cuando el horizonte parece oscuro.
Las mujeres, tantas veces silenciosas, pero siempre presentes en la historia de la salvación –como María de Nazaret al pie de la cruz-, encarnamos esa fidelidad perseverante que no huye del sufrimiento, sino que lo transforma en ofrenda. En la Iglesia, nuestro rol no es solo de servicio, sino de profecía viva: recordamos con nuestra sensibilidad, nuestra intuición y nuestra fortaleza que el amor es más fuerte que la muerte.
Hablar de Dios como Padre-Madre nos permite contemplar un corazón que abraza, que corrige con ternura y que nunca abandona. En este tiempo de conversión, las mujeres estamos llamadas a reflejar ese rostro amoroso de Dios, sanando, escuchando, acompañando; siendo puentes de reconciliación y sembradoras de esperanza.
La Cuaresma no es solo renuncia: es preparación para la vida nueva. Y en el corazón de la mujer –abierto, compasivo y resiliente- la Iglesia debiera encontrar un espacio fecundo donde la esperanza se hace carne y la fe se vuelve un abrazo.
Así, caminando hacia la Pascua, las mujeres recordamos y enseñamos que toda cruz, vivida desde el amor, es promesa de resurrección.
Ana María Sepúlveda Valladares
MPC - Chile