#LectioDivinaFeminista
COSTURAR LA HERIDA ES DEJAR QUE LA VERDAD PLENIFIQUE
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Ambientación:
Hoy es un nuevo día. Me dispongo con ilusión y esperanza hacer silencio para poderte escuchar, Jesús de Nazaret. Tú eres quien me abraza, me sostiene y me cobija.Más allá de mis prisas, de los sonidos y los ruidos, quiero encontrarte, porque eres tú quien me anima a confiar.
En este momento de estar contigo, quiero dejar entrar a la Ruah Divina. Que con su brisa suave caliente mi corazón y me lance a vivir en un camino de conversión, amando y perdonando a mis hermanos y hermanas. Puedes escuchar la canción, “La mariposa y el tiempo” https://www.youtube.com/watch?v=T4-9AhPkfEk
Lectura ¿Qué el texto? Mt 5, 17-37
No crean que he venido a suprimir la Ley o los Profetas. He venido, no para deshacer, sino para traer lo definitivo. En verdad les digo: mientras dure el cielo y la tierra, no pasará una letra o una coma de la Ley hasta que todo se realice. Por tanto, el que ignore el último de esos mandamientos y enseñe a los demás a hacer lo mismo, será el más pequeño en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y los enseñe, será grande en el Reino de los Cielos. Yo se lo digo: si no se proponen algo más perfecto que lo de los fariseos, o de los maestros de la Ley, ustedes no pueden entrar en el Reino de los Cielos.
Ustedes han escuchado lo que se dijo a sus antepasados: «No matarás; el homicida tendrá que enfrentarse a un juicio.» Pero yo les digo: Si uno se enoja con su hermano, es cosa que merece juicio. El que ha insultado a su hermano, merece ser llevado ante el Tribunal Supremo; si lo ha tratado de renegado de la fe, merece ser arrojado al fuego del infierno. Por eso, si tú estás para presentar tu ofrenda en el altar, y te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí mismo tu ofrenda ante el altar, y vete antes a hacer las paces con tu hermano; después vuelve y presenta tu ofrenda. Trata de llegar a un acuerdo con tu adversario mientras van todavía de camino al juicio. ¿O prefieres que te entregue al juez, y el juez a los guardias, que te encerrarán en la cárcel? En verdad te digo: no saldrás de allí hasta que hayas pagado hasta el último centavo. Ustedes han oído que se dijo: «No cometerás adulterio.» Pero yo les digo: Quien mira a una mujer con malos deseos, ya cometió adulterio con ella en su corazón. Por eso, si tu ojo derecho te está haciendo caer, sácatelo y tíralo lejos; porque más te conviene perder una parte de tu cuerpo y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno. Y si tu mano derecha te lleva al pecado, córtala y aléjala de ti; porque es mejor que pierdas una parte de tu cuerpo y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno. También se dijo: «El que se divorcie de su mujer, debe darle un certificado de divorcio.» Pero yo les digo: Si un hombre se divorcia de su mujer, fuera del caso de unión ilegítima, es como mandarla a cometer adulterio: el hombre que se case con la mujer divorciada, cometerá adulterio. Ustedes han oído lo que se dijo a sus antepasados: «No jurarás en falso, y cumplirás lo que has jurado al Señor.» Pero yo les digo: ¡No juren! No juren por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, que es la tarima de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del Gran Rey. Tampoco jures por tu propia cabeza, pues no puedes hacer blanco o negro ni uno solo de tus cabellos. Digan sí cuando es sí, y no cuando es no; cualquier otra cosa que se le añada, viene del demonio.
Meditación: ¿Qué me dice el texto?
El evangelio nos puede despertar el temor, el miedo, la angustia y la inseguridad ante la exigencia que encierra, cuando nos dice “No crean que he venido a suprimir la Ley o los Profetas, sino a darles plenitud”. Jesús no ha venido a eliminar ninguna ley, sino a darle plenitud, hacer que la justicia se manifieste en actos concretos, en quienes nos adherimos a su Palabra hecha Carne en nuestras relaciones. Jesús de Nazaret fue una persona profundamente política denuncia las injusticias y desigualdades que corroían los vínculos de su comunidad. Esto nos interpela directamente ¿Qué injusticias callamos nosotros/as sus seguidores y seguidoras? ¿Por qué, con frecuencia, seguimos normalizando las relaciones abusivas, corruptas o que degradan la dignidad?
Jesús nos desafía a encarnar una justicia concreta y valiente, nos llama a no envolvernos en dinámicas que destruyen la dignidad humana, a poner límites saludables y, a veces a salir de relaciones que nos asfixian quitándonos la libertad. Nos exige a que nuestra vida hable de ese Dios padre y madre en quien creemos y anunciamos. Dejemos que Dios transforme y purifique nuestras acciones, para que el tiempo nos lleve a la Verdad y la justicia nos lleve a Dios. Quien se atreve a vivir desde la Verdad y la Justicia, es vivir en la periferia, haciendo que la Verdad prime en cualquier espacio y lugar ¿Cómo son las relaciones que tienes con tu pareja, tus hijos/as, hermanos y hermanas? ¿Nos ayudan a crecer en humanidad o poco a poco nos están quitando la dignidad?
Cuando escuchamos «No matarás”, quizás rápidamente nos declaramos inocentes. No obstante, esta palabra va más allá del acto físico, devela nuestra fragilidad más extrema. ¿Cuántas veces en nuestros grupos y comunidades alimentamos los chismes, las envidias; y los silencios cómplices que “matan” simbólicamente al hermano, ¿a la hermana? Nuestra misión es ser instrumentos de vida, capaces de sostener, abrazar y restaurar sin juicios destructivos.
Este camino de conversión requiere un acompañamiento compasivo para sanar nuestras heridas y traumas generacionales, que a menudo nos impiden ser libres y promotores de reconciliación, por eso Jesús insiste “Ve primero a reconciliarte con tu hermano”. Reconciliarse no es olvidar ni negar el dolor, sino resignificarlo, transformando la herida abierta en cicatriz que testifica una sanación posible. Es un proceso que da miedo, pero evadirlo sólo perpetúa el sufrimiento de nuestro cuerpo y de nuestra comunidad.
Jesús de Nazaret no condena el adulterio, sino la mirada lujuriosa, desmonta una ética basada en la mera apariencia. En toda su acción busca dignificar a la persona. Por ello, cuando señala la cuestión del divorcio busca restaurar la dignidad del vínculo conyugal frente a interpretaciones legalistas que vulneran a la mujer. «El que se divorcie de su mujer, debe darle un certificado de divorcio.» Jesús revela que la raíz del pecado está en el deseo egoísta, exigiendo una pureza integral que implica un juicio constante sobre las propias actitudes.
Este texto interpela directamente a nuestra cultura, donde la ética suele reducirse al cumplimiento formal de normas. Jesús nos llama a una coherencia absoluta entre interioridad y acción, entre fe y vida cotidiana. En una sociedad, donde prima las relaciones fracturadas, deseo mercantilizado y lenguaje banalizado, el Evangelio propone una revolución desde lo íntimo: sanar la ira antes de que destruya, custodiar la mirada como acto de respeto, honrar la palabra dada como sacramento de la verdad. La radicalidad de Jesús no es un rigorismo ascético, sino un camino de libertad auténtica, donde la ley se convierte en amor encarnado y la justicia del Reino se hace tangible en gestos concretos de integridad.
Oración: ¿Qué me hace decirle a Dios?
Vivir desde la confianza es el sendero más dulce y exigente del discipulado. Por ello, Jesús de Nazaret, aquí estoy, me pongo a tu disposición, ayúdame a discernir mi servicio en esta tierra. Me adhiero a tu proyecto, aunque los miedos me asechen y la inseguridad me visita. Solo en Ti encuentro fortaleza.
Contemplación: ¿Qué me da a conocer?
Te invito a buscar un espacio de quietud. Lee el Evangelio nuevamente, con calma. Deja que Jesús hable también a tu comunidad concreta, a tu grupo, a tu vida. Exprésale tus miedos, preocupaciones y anhelos. Pídele que te muestre el horizonte donde sea posible fomentar la verdad y la justicia. Atrévete a recoger las intuiciones nuevas que surjan en ti. Nómbralas. Y celebra, porque Él camina a tu lado.
Compromiso ¿Qué camino de vida me invita a tomar?
Jesús de Nazaret quiero arriesgarme a vivir desde la Verdad y la Justicia. Te confieso que a veces el miedo me paraliza y la inseguridad me habita. Pero con tu gracia y tu sabiduría, sé que es posible. Te pido que, a través de la Ruah Divina, me abraces y me cobijes para seguir siendo esa mujer humilde y transparente que Tú quieres que sea. Que mi vida hable, sin traicionar, mi confianza a Ti que eres mi padre y madre, en quien creo.
Yolanda Oliver Alberca, FMMDP
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