#8MCuaresma
COSTURAR LAS HERIDAS DESDE LA HOSPITALIDAD
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Ellas seguían llorando, hasta que al fin Orfa, dándole un beso, se fue a su casa. Rut, en cambio, se quedó con ella. Noemí le dijo entonces: «¿Por qué no te vas también tú con tu cuñada, y así regresas a tu casa y a tus dioses?» Rut le replicó: «No me obligues a dejarte yéndome lejos de ti, pues a donde tú vayas, iré yo; y donde tú vivas, viviré yo; tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios. Donde tú mueras, allí también quiero morir y ser enterrada yo. Que el Señor me castigue como es debido si no es la muerte la que nos separe.» (Rut 1, 14-17).
Al aproximarme a la personalidad de Rut percibo su capacidad de resistencia y resiliencia que traspasa todo su Ser. Esta forma de actuar me hace pensar y recordar historias concretas de algunas mujeres que acompañó en sus procesos personales que se arriesgan a resignificar experiencias traumáticas de relaciones abusivas por parte de su pareja o esposo.
La personalidad de Rut desafía las normas patriarcales de la época. Ella se quedó viuda y se convirtió en una mujer vulnerable. No obstante, ante esta adversidad, se lanzó a vivir en la periferia abrazando una nueva cultura, quedarse con su suegra fue un acto de lealtad y amor incondicional. Estas dos mujeres nos alientan y nos recuerdan que es posible costurar nuestras heridas desde el respeto, el reconocimiento, la acogida incondicional y la hospitalidad. Mirarnos y reconocernos como personas necesitadas de cuidado y protección nos lleva a tejer e hilar las fibras más frágiles de nuestra humanidad desde la ternura, la humildad y la compasión.
Rut resistió y cuidó la felicidad de ella y de su suegra, veló por sus sueños, dejó que la ternura se convierta en una forma de resistencia y sanación compartida, en su forma de ser, se percibe la audacia y la sabiduría, actitudes que le llevan a proclamar “(…) pues a donde tú vayas, iré yo; y donde tú vivas, viviré yo; tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios”. Esta elección me conecta con tantas mujeres de América Latina y del Caribe que, con una valentía similar renuncian a su propia identidad o se enfrentan a grandes riesgos para defender sus territorios y denunciar todo tipo de violencia en sus contextos.
Hoy Rut sigue estando presente, en tantas mujeres que exigimos justicia, soñamos y luchamos por un espacio más equitativo e igualitario, mujeres que alzamos nuestra voz cuando la vida de nuestras compañeras sigue estando en riesgo. Somos mujeres que nos descalzamos para costurar y cicatrizar nuestras propias heridas con el bálsamo de la acogida y la resistencia. Nuestra vulnerabilidad se transforma en fortaleza a través de la solidaridad y el apoyo mutuo. Rut nos alienta a extender nuestros brazos para cobijar a quien esté necesitando de una escucha liberadora.
Finalmente, la figura de Rut nos incentiva a reconocernos mujeres resilientes con capacidad de agencia para construir humanidad ahí donde la indiferencia persiste y el patriarcado lo refuerza. Nos recuerda que en la aridez tenemos que mantener la esperanza y que ante las actitudes abusivas es posible generar espacios de fecundidad. ¿Cómo incentivar relaciones más inclusivas e equitativas desde una mirada de género?, ¿Cuántas Rut hoy siguen resistiendo y luchando por visibilizar la violencia que viven otras mujeres?, ¿Qué nos falta como sociedad para entender que un mundo sin violencia es posible?, ¿Cuándo los hombres nos acompañarán en este periplo?
Yolanda Olivera Alberca, FMMDP
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