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CUARESMA

#8MCuaresma

¿Cómo nos la presenta la Iglesia oficial?

#traslashuellasdesophía (6)

Cuaresma. ¿Cómo la vemos? ¿Cómo nos la presenta la Iglesia oficial? Y hablo de Iglesia oficial refiriéndome a aquellos miembros que definen, engrosan y afirman la ideología clásica oficial. Es una tendencia tan generalizada que hasta los sacerdotes considerados como progresistas, la siguen y apoyan con confianza y falta de rigor. ¿Qué se suele escuchar en estos Domingos de Cuaresma? Que es un tiempo durante el cual se debe intensificar la oración, el ayuno, la penitencia para no caer en las tentaciones, acogerse a María y hacer lo que nos diga Jesús. ¿Dónde queda el “amaos los unos a los otros como yo os he amado”? ¿Es que acaso se puede dejar de hablar (orar) con los seres queridos, como Jesús, si es que realmente los queremos? ¿De verdad que hay que hacerse violencia para que la relación con las personas que nos rodean sean más humanas? La idea es tan poco convincente que no queda otra actitud que el rechazo frente a una Cuaresma del esfuerzo. Cuando era pequeña, los templos se vestían de tristeza: paños morados tapando los altares, ausencia total de flores, de oraciones de alabanza y de cantos. Y lo más triste, había que sentirse profundamente pecador aunque no se entendiera a qué grado de humillación había que llegar. La noche de la Pascua era una explosión de júbilo y alegría que tampoco se entendía a qué venía tanto alboroto porque la Resurrección de Jesús se sobreentendía, pero que nadie explicaba. Menos mal que con el tiempo comenzaron a hablar de un encuentro personal con Jesús resucitado. Empezó un conato de luz, pero con miedo, con recelo, a medias tintas, por creer que se malinterpretaría la Cuaresma. Actualmente, muchos sacerdotes quieren darle notas de alegría a la cuaresma, pero no lo consiguen porque son incapaces de prescindir del aspecto penitencial de estos cuarenta días. Me pregunto si aumentar nuestra dedicación a los demás, conocerlos mejor, perder más tiempo con ellos, no contribuirá a amarlos con más intensidad. ¿No se podría hablar de ejercer la justicia divina tal y como la ejerció Jesús? Y, además, ¿no seríamos más felices? ¿No tendríamos más motivos para estar alegres, de sentir que la plenitud nos va invadiendo sin apenas esfuerzo? ¿No sería así una cuaresma llena de alegría por experimentar las consecuencias de la entrega? ¿No llegaríamos a la Pascua en armonía con el Espíritu de Jesús? Perderíamos parte de tanta comodidad y habría “válido la pena”. La pena de no seguir mirándonos el ombligo en tantos y tantos momentos del día. ¿No “valdría la pena”? Y, ciertamente, alejaríamos de nosotros las terribles palabras de tentaciones, de sacrificio, de renuncia, de exámenes de conciencia, de ayunos estériles, que solo contribuyen a mirarnos más y más a nosotros mismos.

¿“No será más bien este otro el ayuno que yo quiero: desatar los lazos de maldad, deshacer las coyundas del yugo, da la libertad a los quebrantados, y arrancar todo yugo?

¿No será partir al hambriento tu pan, y a los pobres sin hogar recibir en casa? ¿Que cuando veas a un desnudo le cubras, y de tu semejante no te apartes?

Entonces brotará tu luz como la aurora, y tu herida se curará rápidamente. Te precederá tu justicia, la gloria de Yahveh, te seguirá. Entonces clamarás, y Yahveh te responderá, pedirás socorro, y dirá: “Aquí estoy.” Si apartes de ti todo yugo, no apuntas con el dedo y no hablas maldad, repartes al hambriento tu pan, y al alma afligida dejas saciada, resplandecerá en las tinieblas tu luz, y lo oscuro de ti será como mediodía. Te guiará Yahveh de continuo, hartarás en los sequedales tu alma, dará vigor a tus huesos, y serás como huerto regado, o como manantial cuyas aguas nunca faltan.

Reedificarán, de ti, tus ruinas antiguas, levantarás los cimientos de pasadas generaciones, se te llamará Reparador de brechas y Restaurador de senderos frecuentados.” (Is 58, 6-12)

IMPRESIONANTE.

Parte de esta profecía fue la primera lectura del domingo 8 de febrero. Todavía faltaban 10 días para que comenzara la Cuaresma. Pero creo que eran idóneas para emprender una cuaresma con sentido pascual. Entonces sí que convertiríamos la Cuaresma en una época de gozo y alegría. Gozo y alegría porque nos encaminamos a un encuentro más vivo con Jesús, más sincero, profundamente sosegado pero de una intensidad inigualable. Y diríamos adiós a los sufrimientos sofocados con tiranía. Se inauguraría una Cuaresma nueva, más humana, más amable, más dando frutos de vida eterna, más cercana a los demás y, experimentando a Jesús a cada paso, demostrando en cada acción que el bien tiene más fuerza que el mal..

¿Valdría o no “la pena”?

 Amelia Hidalgo Jiménez

Lda. Ciencias Biológicas

Estudios de Teología Feminista (EFETA) 

Profesora Religión Católica en Secundaria 

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