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En el desierto de mi vida, ya no quiero estar

#PascuaFeminista

Mi cuerpo está cansado, mi alma está cansada, ya no quiero seguir peregrinando en este desierto sin ningún sitio dónde acampar, dónde descansar.

#traslashuellasdesophía (54)

Desde pequeña viví en un desierto, de vez en cuando el cansancio y la falta de agua me hacían alucinar, podía ver castillos, mesas llenas de comida, una abuela o madre amorosa, unas hermanas que cuidaban de mí, pero cuando quería tomar aquella comida, lo que tenía entre mis manos era arena, cuando corría a los brazos amorosos de mi abuela o mamá, todo se desplomaba en arena, cuando busqué a mis protectoras, también se desintegraban en polvo, y volvía a mi desierto, ese que me mantenía con los pies sobre mi realidad. Estaba sola, en un inmenso desierto que sólo invitaba a las alucinaciones que por momentos me hacían feliz.

En ocasiones, veía una casa maravillosa, llena de mucha luz, de risas, de música que me invitaban a cantar, a bailar, en otras ocasiones montaba escenarios donde jugaba hasta el cansancio, reía hasta que doliera la panza, pero cuando la noche caía y el viento soplaba fuerte, todo se iba, todo desaparecía en un suspiro, el lugar se volvía oscuro, denso, sentía miedo, mucho miedo, pero no había dónde correr, dónde refugiarse, gritaba, pero no había quien escuchara mis gritos.

De repente un monstruo salía de su escondite, y me asechaba, en mis momentos de alucinación, parecía una persona, una persona buena, amable, pero por las noches era un monstruo grande, con garras y colmillos grandes, muchas veces me hizo mucho daño, me provocó una herida que, hasta hoy cargo, me provocó un dolor permanente, profundo que hasta hoy me acompaña.

 Llevo años caminando en el desierto, buscando un lugar seguro, donde cubrirme del sol, de los animales y los monstruos, sí, así, en plural, monstruos, del hambre, de la sed, de los fuertes vientos que me recuerdan la miseria de mi vida.

Mi cuerpo está cansado, mi alma está cansada, ya no quiero seguir peregrinando en este desierto sin ningún sitio dónde acampar, dónde descansar. Donde vaya los fantasmas me persiguen. Ya no quiero más. Mi cuerpo está lleno de cicatrices permanentes, esas que de vez en cuando se abren y sangran, sin darme tregua a olvidar, a sanar. Y esto, esto ya no quiero más. 

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