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El abuso espiritual y el 'giro católico' de la generación Z

La dignidad de la mujer NO se negocia

#8MCuaresma

No somos objetos de nadie. SOMOS SUJETOS DE DERECHOS, con voz propia, con historia y con dignidad.

#traslashuellasdesophía (1)

Al oír estas palabras, se fueron retirando uno tras otro, comenzando por los más viejos, hasta que se quedó Jesús solo con la mujer, que seguía de pie ante él. Entonces se enderezó y le dijo: «Mujer, ¿dónde están? ¿Ninguno te ha condenado?»  Ella contestó: «Ninguno, señor.» Y Jesús le dijo: «Tampoco yo te condeno. Vete y en adelante no vuelvas a pecar.» (Jn 8,10)

En este texto evangélico, encontramos a un Jesús de Nazaret que se atreve a confrontar los esquemas patriarcales de su tiempo. No solo desactiva la violencia lapidadora, sino que coloca a la mujer en el centro, devolviéndola su dignidad y su condición de sujeto, más allá de su fragilidad y su falta. Pero ante esta escena, una pregunta nos interpela y nos duele ¿Dónde están los hombres que también deberían ser juzgados? Porque el adulterio no se comete en solitario. Ellos, los acusadores, los que levantaban la piedra, también estaban implicados en esa misma lógica hipócrita y condenatoria. Jesús lo visibiliza, diciendo que el pecado es compartido, la humanidad es frágil y necesita de misericordia.

Hoy, lamentablemente, seguimos inmersas en lógicas misóginas que impregnan nuestras relaciones y estructuras sociales. Seguimos siendo testigos de cómo las mujeres son convertidas en botines de guerra, obligadas a realizar actividades en contra de su voluntad, torturadas, violentadas, abusas sexualmente, desaparecidas, obligadas a participar en redes de trata, muchas veces, por aquellos que forman parte de sus vínculos más cercanos.

Esta realidad nos confronta y nos exige a preguntarnos con honestidad ¿Qué significa realmente celebrar el Día Internacional de la mujer?, ¿Es acaso una fecha para regalar flores y objetos vacíos de sentido, o una oportunidad para allanar el camino hacia la libertad y la justicia que tanto anhelamos?, ¿Por qué seguimos sosteniendo actitudes negligentes y cómplices que perpetúan y refuerzan el maltrato hacia las mujeres?

Deconstruir actitudes misóginas heredadas de la era patriarcal implica mucho más que buenas intenciones. Exige un cambio de paradigma profundo que promueva relaciones de igualdad y equidad en todos los espacios y rincones de la vida. Implica arriesgarnos a mirarnos como iguales, a reconocernos mutuamente en que las voces de todos y todas tengan valor, visibilidad y capacidad de transformación.

Historias actuales de violencia hacia las mujeres que escucho, me desafían. Me exigen a seguir construyendo desde una creatividad genuina. Una creatividad inspirada en la mirada de Jesús de Nazaret, que no vino a condenar, sino a dignificar. Él visibilizó a la mujer, la puso en el centro y le mostró que su pecado, como el nuestro, es compartido por los hombres y por toda la humanidad. No hay purezas absolutas, hay necesidad de encontrarnos desde la verdad y la compasión.

Por eso, en este ocho de marzo, me atrevo a decir que las mujeres no necesitamos flores, ni regalos, ni adornos. Necesitamos y queremos igualdad, libertad, justicia y protección real. Queremos que ninguna compañera más sea violentada, olvidada o silenciada. Queremos que los hombres se conviertan en aliados activos en esta lucha, que nos ayuden a desterrar la normalización de relaciones abusivas donde tantas seguimos muriendo. Que nos ayuden a erradicar frases tan dañinas como “ellas lo buscan”, “ellas lo provocan”, que culpabilizan a la víctima y eximen al agresor.

No somos objetos de nadie. SOMOS SUJETOS DE DERECHOS, con voz propia, con historia y con dignidad. Queremos vivir en paz en cualquier parte del mundo, libres de violencia y de miedos que nos paralizan.

Somos mujeres y queremos que el colonialismo del poder, del que nos habla Segato (2003) sea erradicado de una vez por todas. Porque las mujeres juntas somos capaces de construir, tejer, hilvanar, liberar, sanar, y cicatrizar. Como hizo Jesús de Nazaret, que nunca buscó condenar, sino liberar. Su servicio y su misión fueron dignificar y romper cualquier atadura física y psíquica que oprimiera a las personas.

Te desafío hoy a pensar ¿Qué gesto o símbolo concreto te gustaría hacer este ocho de marzo en bien de las mujeres del mundo?, ¿Qué acción nacerá de ti para que el día no sea solo una fecha en el calendario, sino un paso real hacia la justicia?

Finalmente, quiero honrar a todas aquellas mujeres que están en lugares de riesgo, salvando vidas, protegiendo a niños, niñas y adolescentes, luchando por políticas públicas con coraje e incidiendo para que se escriban leyes en bien de sus compañeras. Mujeres que cada día trabajan para construir una sociedad donde las relaciones estén marcadas por la paz, la equidad y la igualdad, en una sociedad que tanto necesitamos.

Referencias bibliográficas:

Segato, R. L. (2003). Género y colonialidad: Las mujeres y la modernidad macronarrativa del progreso. Serie Antropología, 312. Universidad de Brasilia, Departamento de Antropología.

Yolanda Olivera Alberca, FMMDP

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