DESDE EL DOLOR
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¿Alguna vez has interpelado a Jesús desde el dolor?
Sal 6, 1-3
Jehová, no me reprendas en tu enojo,
Ni me castigues con tu ira.
Ten misericordia de mí, oh Jehová, porque estoy enfermo;
Sáname, oh Jehová, porque mis huesos se estremecen.
Mi alma también está muy turbada;
Y tú, Jehová, ¿hasta cuándo?
En la mayoría de las ocasiones se tiene la creencia que se le hace este cuestionamiento a Jesús solo desde el sufrimiento físico, y no es así. Hay otros tipos, como el emocional, o el psicológico o el espiritual. Indistintamente, cuál fuere, todos tienen una matriz, el dolor. Que viene acompañado en muchos casos de la desesperanza.
Pero el verso 3b “Y tú, Jehová, ¿hasta cuándo?”, va más allá del cuestionamiento, es la forma directa de reclamar, cuando se sabe que alguien tiene la capacidad de hacernos llegar una solución y aún no lo hace. Y puede que la persona esté en un grado de sufrimiento que está a punto de sucumbir.
Cuando Marta le reclama a Jesús en Jn 11, 21 “Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto.” Estaba abrumada por el dolor y puede también por la decepción por no haber obtenido la respuesta esperada de Jesús, por la amistad cercana que tenían ellos como familia con el Rabboni.
No obstante, la respuesta contundente que le da Jesús: Jn 11, 39-40 “Dijo Jesús: Quiten la piedra. Marta, la hermana del que había muerto, le dijo: Señor, hiede ya, porque es de cuatro días. Jesús le dijo: ¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios?”. En esta respuesta Jesús no solo ordena lo que se necesita hacer, sino que la interpela directamente en cuánto su capacidad de creer y confiar en que la voluntad de Dios es lo mejor, aunque no se la entienda y-o acepte.
En las circunstancias permeadas por el dolor, el ser humano puede estar o pasar de una a otra, en una o varias o todas las actitudes siguientes: frágil, asustado, cansado, molesto, inconforme, irritable, enojado, indefenso y-o desesperado. Y lo único que lo puede estabilizar es creer en que Jesús, el Rabí, conduce como buen pastor con sus ovejas a quienes ama y la Ruah divina sostiene para no perderse en el dolor mismo. Así que Marta, esta discípula del Señor, esta diaconisa que, con su testimonio de vida, motivó a otras y otros a seguir al Maestro, esta MUJER que entendió que, aunque era vital la organización y dirección de cualquier actividad centrada que condujera al encuentro con Jesús, reflexionó cuando éste le reconvino, diciéndole “Jesús le contestó: “Marta, Marta, te preocupas demasiado por muchas cosas. Pero solo una es necesaria. María ha escogido la mejor, y nadie se la va a quitar.” Lc 10, 41-42. Es decir, todo necesita de estar cercano y centrado en el Señor, y la forma es, a través de la oración para después planear, organizar, dirigir y controlar todas las actividades humanas de forma eficaz.
Así que este 29 de julio que celebramos la fiesta de Santa Marta en la Iglesia Católica, recordemos que fue una MUJER, perceptiva, intuitiva, inteligente, organizativa, que tuvo la capacidad de tener una cercanía muy importante con el Maestro y que aprendió que el binomio oración- acción, son necesarios en este orden.